Cuba Free Press
Columna del Lector Jose Martí
Artículos selectos de los participantes del foro    

Esteban Casañas Lostal
 
  ¤ Si un día el Norte fuera el Sur
  ¤ Alina, la hija rebelde de Fidel Castro
  ¤ La permuta
  ¤ Retrato de una comunista cubana
  ¤ Retrato de un comunista cubano
  ¤ Los Vendepatrias
  ¤ Basta de medallitas, escuelitas y hospitales
  ¤ El dólar, la familia y la libertad
  ¤ Oh bloqueo cuánto te amo
  ¤ Hambre y miedo
 
   

"""HAMBRE Y MIEDO"""

Yo pensé que al salir de Corea del Norte acabarían todos los problemas de ese viaje fatal, allí permanecimos más de un mes de duro invierno, con la calefacción del barco rota y casi sin comida, podía asegurarse que pasamos hambre y podía negarse también que esto no era cierto, si comer era considerarlo hacerlo como lo hacen los animales.

Nueve días después de nuestra salida estábamos en Singapur con 40 grados sobre cero y con el aire acondicionado del barco roto, aquella nave de acero se había convertido en un infierno, donde sufríamos el violento cambio de 58 grados de temperatura. Una vez que recalamos fondeamos en espera de instrucciones, habíamos recibido la orden de dirigirnos al puerto de Shitagoon en Bangladesh para completar la carga pero antes debíamos tomar combustible y avituallamiento para darle la vuelta al mundo.

En esa espera nos sorprendió una semana, la agencia que nos atendía estaba dirigida por un búlgaro pero ya nada del Campo Socialista existía, por muchas llamadas que el Capitán le hiciera por la radio, el hombre se negaba a suministrarnos comida ni el pago de la tripulación, hasta tanto Cuba no hiciera los depósitos bancarios para aquella operación, llegó el momento esperado por toda la tripulación, se nos acabó el agua y el Capitán declaró arribada forzosa, motivo por el cual las autoridades nos pasaron a un fondeadero interior y nos suministraron agua, solo que en estas condiciones nosotros no podíamos abandonar el puerto, nuestro Capitán solicitó los servicios de una lancha para presentar una Acta de Protesta ante la Capitanía del Puerto, siendo ésta la única oportunidad en la cual parte de la tripulación pudo bajar a tierra, eran finales del mes de Febrero y nosotros habíamos salido de Cuba en Octubre.

Después de oír millones de súplicas, el agente búlgaro que había sido también Capitán en la marina de su país, se conmovió y le adelantó al nuestro unos $2000 US dólares para la compra de víveres, eso en un barco con una tripulación de 36 hombres es casi nada, pero al menos pudimos mitigar en algo nuestra hambre. Allí pasamos más de dos semanas esperando el dinero para avituallarnos y al final de este tiempo, solo llegó el del pago del agua y el combustible más la orden de partir en esas condiciones, desoyendo los informes de que nuestra gambuza estaba en casi cero de víveres, tampoco llegó el dinero de la tripulación.

Partimos para Bangladesh con la promesa de que allí recibiríamos el dinero prometido, pero a nuestra arribada comprobamos que habíamos sido engañados una vez más, al telegrafista le dio un infarto y fue trasladado a una clínica llevándose de acompañante al político de a bordo. Yo tenía experiencia de esa zona y sabía que era una costumbre de algunos de sus habitantes en llegar con canoas llenas de comida y animales, para cambiarlas por los cabos (sogas) viejos del barco y por los cables usados de las gruas.

Cuando le hablo del tema al Capitán, éste me contesta que la orden que tenían todos los barcos era la de vender esos artículos y llevar el dinero íntegro para La Habana, además, que él no se metía en esos problemas sabiendo que la misma gente por la que podías hacer eso, eran capaz de delatarte a nuestro arribo. La situación no nos permitía salir desde ese puerto hasta Luanda en Angola, porque sencillamente no había comida y en altamar ésta es imposible de adquirir, llamé al Secretario del Partido y le hablé de la situación, pero éste también tenía miedo meterse en estos negocios, entonces les propuse al Capitán y a él que me dejaran actuar, yo no era militante del Partido y no tenía nada que perder, ellos accedieron, entonces realicé una labor proselitista con la gente de a bordo y finalmente todos me apoyaron, aunque debo aclarar que esto no me servía para mucho, porque al final de la jornada esos mismos a los que les llenaría el estómago, serían los mismos que levantarían las manos en una asamblea para que me condenaran.

De todas formas hice aquellos cambios y llené la gambuza de comida, al menos la suficiente para llegar hasta Luanda, en la popa del barco armamos una jaula que se llenó de gallinas vivas, patos, pavos, por la cubierta andaban más de ocho chivas (cabras) caminando y que sacrificamos a nuestra partida, las neveras estaban abarrotadas de frutas, viandas y vegetales, gracias a las gestiones del sin partido, porque increiblemente no sé donde se metieron los hombres en la marina mercante. Parece que no habían sido suficiente más de dos meses pasando hambre y sin paga, para que la gente reclamara sus derechos, el miedo con el que se vive no tiene límites ni explicaciones, todavía hoy no comprendo que ha sucedido con mi pueblo. Allá se quedó ingresado el telegrafista con su compañero, nosotros llegamos a Cuba un mes y medio después, quizás dos y todavía no les había llegado el dinero que cubrieran sus gastos y pasaje de regreso, vivían de la caridad del agente que los atendía que solo podía pagarles desayuno, almuerzo y comida.

Han pasado ocho años desde mi deserción y nada ha cambiado, más bien las cosas han empeorado para los marinos, los veo por Montreal escurridizos, con un miedo que les cala hasta los huesos, mal vestidos, haciendo interminables caminatas durante el invierno para ahorrarse el dinero del pasaje, no tienen buenos abrigos, no son pocas las oportunidades en las que no les pagan, el contrabando para poder vivir continúa y en ellos se han visto envueltas personas que siempre fueron honradas, pero desgraciadamente ser honrado en esa isla es de idiotas, más bien de cobardes, también, por el miedo que siempre ha existido por reclamar lo más mínimo, lo que te pertenece, lo que es tuyo y trabajaste bien duro.

Hoy los veo y a veces me preguntan si conozco a alguien para venderles sus tabacos, no sé si me dan pena, no sé si les tengo lástima, no sé si los detesto y no quisiera saber de ellos, no sé si se merezcan vivir como lo hacen, lo cierto es que no se puede vivir con tanto miedo.

Esteban Casañas Lostal.
Montreal.. Canada.

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