Desde Dentro de Cuba.

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15 de Marzo del 2002

BALANCE DE UNA INTERVENCIÓN. (La obra social del gobierno de ocupación, 1899-1902) - V Parte. Manuel Antonio Brito, de Cuba Free Press.

Un análisis del periodo de ocupación no estaría completo si no se hiciese, aunque fuese de pasada, una referencia a la labor desplegada por las autoridades norteamericanas en materia de salud pública.

Uno de los trabajos más abarcadores que se han publicado al respecto, a pesar de ser un artículo de sólo unas veinticuatro páginas, es el del Dr. José A. Martínez-Fortún y que aparece en una obra ya citada: Facetas de la vida de Cuba republicana, 1902-1952¨

En dicho trabajo, el Dr. Martínez-Fortún brinda una detallada información de los logros alcanzados en materia de salud en aquellos años, en los que jugaron un papel decisivo, no sólo la política sanitaria del gobierno de ocupación sino también los mejores representantes de la medicina cubana. Veamos como se mostró el panorama sanitario en la encrucijada del siglo que terminaba y el siglo que empezaba.

El fin de la guerra significó el regreso a la Patria de decenas de médicos que se habían visto obligados a marchar al exilio –de forma voluntaria o involuntaria- y que, .de inmediato, se incorporaron a las labores de saneamiento iniciada por el gobierno militar desde el mismo 1ro de enero de 1899.

Paralelo a la quema o desinfección de barracones y hospitales utilizados por el ejército colonialista, se comenzó la construcción de nuevas quintas encaminadas a brindar servicios de salud como fueron la ¨Cuba¨ y la ¨Habana¨ En el Hospital ¨Mercedes¨ se creó la primera escuela de enfermeras. La Facultad de medicina, así como el anfiteatro anatómico, fueron trasladados del viejo hospicio de San Isidro al caserón que servía como cuartel a la Guardia Civil española en Belascoaín y Zanja.

En Carlos III, fueron inaugurados unos modernos laboratorios, bautizados con el nombre de Gral. Wood y una Escuela Dental anexa a la Escuela de Medicina. Con la puesta en práctica del Plan Varona, los estudios de medicina se redujeron a cinco años. La prensa médica se enriqueció con la aparición de numerosas publicaciones como fueron Progreso Médico dirigida por el Dr. G. Casuso; la Revista de la Asociación Médico-Farmacéutica, dirigida por E. Barnet y la Revista de Medicina Tropical, dirigida por J. Guiteras, entre otras. Por esa época se comenzaron a realizar numerosas operaciones de alta cirugía en los hospitales Mercedes y No 1.

Entre aquellas operaciones exitosas se destacan las realizadas por los doctores Julio Ortiz (primera apendicetomía); Jorge LeRoy y Ernesto Aragón (operación de Porro) y Enrique Fortún (primera cesárea en una embarazada con feto vivo, por cáncer uterino).

Guiteras y Moreno de la Torre, crearon, también en esos años, la Cátedra de medicina Tropical, primera de su tipo en América, mientras que se dictaban regulaciones en materia de cuarentena, servicios de vacuna y de desinfección de letrinas.

La actividad encaminada a superar el personal médico y paramédico era incesante. Se celebraron tres congresos: el Tercer Congreso Panamericano que fue presidido por Wood; el Sanitario Internacional, celebrado en la vieja Universidad; y la Primera Conferencia de Sanidad de Beneficencia y Corrección, también inaugurada por Wood. Al primero de ellos -el congreso panamericano- asistieron más de 200 congresistas cubanos y unos 100 extranjeros. Pero, sin duda alguna, el gran acontecimiento, en materia de salud, ocurrido en estos años, fue el reconocimiento internacional de la teoría del Dr. Carlos J. Finlay acerca del agente trasmisor de la fiebre amarilla.

Mucho se ha escrito en estos últimos años acerca de un supuesto intento por arrebatar la gloria de este descubrimiento al médico cubano para otorgársela a un norteamericano. Es posible que algún periodista trasnochado haya adjudicado - de buena o de mala fe- en un diario norteamericano, la paternidad de este descubrimiento al Dr. Walter Reed; pero lo que es incuestionable, es que la comisión presidida por este honorable médico y formada además por Lazear, Carrol y Agramonte, reconoció, públicamente, que el honor de dicho descubrimiento le correspondía al cubano.

Dígase de pasada, que durante 20 años Finlay estuvo tocando a las puertas de las autoridades sanitarias coloniales sin ser escuchado y que fue sólo, con la llegada del gobierno de ocupación, que su teoría fue puesta en práctica para su comprobación y puesta en práctica.

La erradicación de aquel flagelo que provocaba decenas de miles de muerte cada año fue posible gracias a la acción combinada del descubrimiento de Finlay y la decidida acción del gobierno interventor en la aplicación de la vacuna y las obras de saneamiento que la acompañaron.

Reportó, Manuel Antonio Brito, de Cuba Free Press.


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