Desde Dentro de Cuba.

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06 de Marzo del 2002

BALANCE DE UNA INTERVENCION(Cuba bajo la ocupación norteamericana,1899-1902) - I Parte. Manuel Antonio Brito López del BPI, para Cuba Free Press.

La Habana.-El próximo 20 de mayo se cumplirán 100 años del acceso de la nación cubana a una vida independiente. La historiografía oficial, en Cuba, ha sostenido a lo largo de cuatro décadas, la tesis de que la fecha del 20 de mayo no califica como fecha patriótica y por tanto no se justifica su celebración. Más aún, en su afán por reducir todo el proceso histórico cubano a una confrontación entre la nación cubana y el gobierno norteamericano se ha pretendido ver, en la intervención de este último en la guerra que se venía librando en Cuba, a partir de 1895, la causa de todos los males existentes en los años posteriores al conflicto como si los cuatro siglos de coloniaje español no hubieran condicionado el proceso ulterior que vivió la nación en el período republicano (1902-1958).

La serie de artículos -de la cual éste es el primero- no pretende demostrar lo irracional de estas tesis. Esto ha sido demostrado desde hace mucho tiempo por lo mejor del pensamiento historiográfico cubano; basta consultar la monumental obra del desaparecido Levy Marrero, por sólo citar uno entre los grandes, para percatarnos de ello.

Su objetivo es mucho más modesto y consiste en presentar el estado en que se encontraba el país en el momento en que se inicia la ocupación norteamericana (1ro de enero de 1899) y los niveles alcanzados en algunos de los principales indicadores del desarrollo, en el momento del traspaso de poderes al primer presidente democráticamente elegido: Don Tomás Estrada Palma el 20 de mayo de 1902.

Es cierto que el nacimiento de la República no se produjo en el marco de una independencia plena (cabría aquí una digresión para apuntar que la independencia plena es un fenómeno muy raro a partir de los tiempos modernos, pero eso sería tema para otro artículo) pues la Enmienda Platt limitaba la soberanía del Estado cubano; pero, de ahí a ver cuanta medida tomada por el gobierno de ocupación como una acción lesiva a los intereses de la nación cubana hay un gran trecho.

Otro de los grandes historiadores de la nación, el señor Ramiro Guerra apuntaba en una obra publicada con motivo del vigésimo quinto aniversario del advenimiento de la República:

¨En 1899, al cesar la dominación española después de la más devastadora guerra de independencia americana, éramos un pueblo en ruinas; pequeño, miserable, famélico. Nuestra única fuerza era la esperanza, unida a una firme y enérgica determinación de durar y vivir¨

Ciento tres años después seguimos aferrados a la esperanza y a una decisión de vivir a toda costa aunque cada día sea más difícil la existencia; pero, volvamos al tema que nos ocupa.

Al iniciarse la ocupación de la Isla por parte de las fuerzas norteamericanas que combatieron al régimen colonial español, fue designado como Gobernador militar de la Isla el Gral.John R. Brooke, quien desde su primera alocución al pueblo cubano expresó sus deseos de continuar con el propósito humanitario que había llevado al gobierno de su país a intervenir en la guerra que los cubanos libraban.

Ardua era la tarea que tenía ante sí el gobierno de ocupación. A la reconstrucción de la destruida base económica de la nación, venía a sumársele la reorganización del corrupto sistema administrativo heredado de la colonia, la creación de un amplio sistema de instrucción que sacara al pueblo de la ignorancia en que había sido sumido por siglos de vasallaje y la necesidad de emprender un ambicioso programa de obras públicas en que las tareas de higienización ocuparan un lugar prioritario.

Durante las últimas cuatro décadas, la ”historia oficial” ha pretendido ver en estos esfuerzos del gobierno de ocupación por reanimar la vida económica, política y social de la nación cubana, un tremebundo plan, diseñado con mucho tiempo de antelación, para garantizar la futura explotación de nuestro pueblo.

Según esta aberrante concepción de la historia, el imperialismo norteamericano necesitaba una mano de obra culta y saludable para trabajar en las fábricas que habrían de ser abiertas; carreteras y vías férreas para transportar los productos que ellos -los norteamericanos- se encargarían de importar y exportar; un programa de higiene que garantizase la salud tanto de su ejército de ocupación como de sus empresarios y funcionarios radicados en la Isla y un sistema jurídico que preservase la integridad de las medidas tomadas por el gobierno de ocupación.

A los historiadores ingleses del siglo XIX les gustaba decir que: ¨los hechos son sagrados... la opinión es libre¨. Veamos los hechos... (Continuará).

Reportó, Manuel Antonio Brito del BPI, para Cuba Free Press.


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