Desde Dentro de Cuba.

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08 de Agosto del 2001

LOS NÁUFRAGOS DEL SUBMARINO AMARILLO. Por Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Alfredo pensaba y recordaba muchas cosas cuando la vieja llegó. Hacía bastante rato que nadie llegaba al sitio donde él estaba vendiendo las frutas. La vieja le preguntó el precio de las naranjas.

Estuvieron regateando unos minutos. Entonces Alfredo decidió advertir a la mujer:

— Si va a comprar acabe de hacerlo, señora. Si pasa un policía por aquí me lo quitan todo.

La vieja revisó por última vez las naranjas que tenía en la mano y las devolvió a la tabla donde Alfredo las tenía puestas con las demás frutas. Se fue sin decir nada y sin comprar.

Alfredo sintió una sensación de alivio cuando la vio alejarse. Hoy no le interesaban mucho las ventas. Hoy quería recordar.

Entonces los recuerdos regresaron rápidos.

Estaban todos en el patio de la escuela secundaria. Algunos de los del grupo se habían sentado dejabo de la ceiba del patio. Alfredo vio que El Gordo Palacios le hacía señas y caminó hacia él. El Gordo lo esperaba contento, y riendo le dio la noticia.

— Oye, Flaco, le llegó otro disco de los Beatles al Chino. Nos invitó a ir esta tarde a su casa para oirlo.

Aceptó la invitación del Gordo y esa misma tarde oyeron por primera vez una canción que sería la favorita de los dos: El Submarino Amarillo, de Lennon y McCartney.

Al rato de estar tarareando la canción llegó una mulata al lugar de las ventas. Tampoco compró nada. De vez en cuando Alfredo miraba hacia la esquina. Sus ventas eran clandestinas y no sería bueno dejarse sorprender por un inspector o un policía.

Cuando escuchó por primera vez el Submarino Amarillo, no sospechaba siquiera lo difícil que sería todo después. Los Beatles habían cambiado las cosas en casi todo el mundo. Cuba no era parte del mundo ya. Las autoridades en la isla habían prohibido todo tipo de música de habla inglesa. Era delito escucharla, se castigaba a quién bailara con ella.

Una tarde reunieron a los del grupo, entre ellos estaban El Gordo Palacios y Alfredo. Los habían sorprendido en un aula oyendo música de los Beatles. Tenían a todos los alumnos de la escuela reunidos en aquel patio inmenso. A los del grupo les hicieron una especie de juicio público. El director los acusó y allí mismo les puso la frase de moda en el lenguaje oficialista “Desviados Idealógicos.”

Alfredo recordaba y sonreía en silencio. La risa se le fue perdiendo poco a poco. Le vinieron a la memoria, y sin permiso, los recuerdos de Angola; aquella guerra de locos en que los metieron a él, al Gordo y a toda una generación condenada.

Aquel lugar de Africa era como una tumba infinita que no saciaba sus ganas de tragar vidas. A esa tumba los entraron de un empujón. Alfredo logró salir; El Gordo Palacios se quedó cerrado en ella para siempre.

Recordaba lo de Angola con toda la claridad del mundo. Aquella última noche del combate grande era como un ruido. No podía olvidar que aquella noche, unos minutos antes, El Gordo Palacios cantaba la canción de Lennon y McCartney: El Submarino Amarillo.

Al otro día todo fue distinto. Vio como se llevaban el cuerpo destrozado del Gordo. Un mortero había metido la muerte allí mismo donde el Gordo había estado cantando.

Alfredo también recuerda que aquella noche había notado algo extraño en la voz del Gordo cuando estaba cantando. Pensó decírselo cuando acabara el combate pero, la muerte tampoco le dio tiempo para eso.

No quería recordar más. Tampoco el día estaba bueno para las ventas. Decidió recoger el puñado de frutas que estaba vendiendo. Las echó en la mochila-era la misma mochila que había llevado a la guerra- caminó un rato por la acera. Entonces le pareció oir la voz del Gordo Palacios cantando Submarino Amarillo. Alfredo la tarareó un poco. Se dio cuenta que seguía escuchando algo rara la voz del Gordo mientras cantaba la canción que los había marcado más allá de la vida y la misma muerte. Cierto, El Gordo seguía cantando con voz de náufrago.

La voz del Gordo seguía como el grito de una generación ahogada, perdida sin remedio; sin haber tenido la oportunidad de haber salido a flote y ser recogidos por un Submarino Amarillo que hizo el intento por salvarlos.

Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press


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