Desde Dentro de Cuba.

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05 de Agosto del 2001

CAUTIVOS (III) Por Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Alfonso recordaba aquella tarde cuando llegaron los hombres a su casa. Llovía bastante. Todo el fango del camimo se le había metido en las ropas mojadas a los hombres que llegaron. Venían armados y olian a monte.

Al frente de los hombres venía el teniente Rondón. Alfonso recuerda que el teniente Rondón se paró en el portal de la casita de Alfonso; recostó el cuerpo al tronco que servía de columna a la entrada de la casa y habló.

— Alfonso, necesitamos tu ayuda. Un grupo de gente cogió la loma. Tienen hasta armas. Tenemos que bajarlos. Tu te sabes toda esta zona mejor que cualquiera. Te necesito de guía.

Alfonso dejó que el teniente Rondón terminara de hablar. La gente de campo la decencia de hablar justo en su momento, y como gente de campo Alfonso sabe hablar cuando le toca, y lo hace bien.

— No va a poder contar conmigo, teniente. Sucede que yo no cazo cristianos. Búsque usted otro guía.

El teniente Rondón se fue separando del madero al que estaba recostado. Miró un rato al camino mojado por la lluvia. Luego miró al techo del bohío y asimismo, mirando al techo, sin atreverse a buscar los ojos de Alfonso, dijo la amenaza.

— Esto te va a pesar, Alfonso. Te estás negando a colaborar con las autoridades y te va a pesar.

Alfonso recuerda que el teniente Rondó salió rápido, como un viento malo que deja el monte. Los hombres apenas podían alcanzarlo. Se alejaron salpicando fango tras sus pasos.

Alfonso me cuenta que a los quince días exactamente se cumplió la maldición del teniente Rondón. Ya todas las lomas del Escambray se habían llenado de gente alzada contra el gobierno.

Fue entonces que se dio la órden de sacar a los campesinos de la zona. Así se impidió que ayudaran a los alzados enviándoles lo necesario para que permanecieran peleando en las lomas contra la milicia de Castro.

Alfonso se dio cuenta que al sacarlo del lugar dónde había nacido lo estaban matando. Ese mismo día montaron a las familias en unos camiones tapados con lonas verdes y los sacaron del lugar. El viaje duró todo el día y parte de la noche. Llegaron finalmente, sin saber adónde habían llegado. Todos estaban asustados, desorientados; los niños gritaban hasta la locura, tal vez por hambre, quizás por miedo a lo desconocido.

Al día siguiente los reunieron a todos en una gran plaza de tierra y les dijeron el nombre del lugar, “La Guanaja”. También les dijeron que ellos mismos tendrían que levantar sus casas, y que jamás volverían al Escambray, vivirían en ese lugar al que habían llegado el resto de sus vidas de reconcentrados.

Alfonso deja de recordar un rato y me dice:

— Más nunca pude volver al Escambray, amigo. Es como si me hubieran sacado de abajo de los pies la raíz.

Entonces comprendo la tristeza de Alfonso. Pienso que debe ser duro para un hombre llevar esa pena encima. Alfonso fue sacado de su tierra por negarse llevar a los matadores de su hermano al lugar dónde se escondía alzado. Finalmente el hermano de Alfonso fue matado por la milicia, pero Alfonso no fue el guía de la traición.

Alfonso fue traído a la fuerza a una provincia lejana de la suya, fue reconcentrado. Llegó con su hermanito pequeño, sin más familia que ese pequeño hermanito y el otro que había dejado muerto en el Escambray.

Alfonso se queda pensando un rato. Está bien serio. Yo sé que también está triste. Piensa a lo mejor en su lejano Escambray arrancado para siempre de su memoria, quizás piense en su hermano muerto en medio de aquellos montes donde juntos crecieron, son muchos cosas las que tiene para pensar un hombre como Alfonso.

Ayer era domingo y era el cumpleaños de Alfonso. No pudo ir a ver a su hermano menor al penal provincial. Ya el hermano menor es todo un hombre. Lo tienen preso por disidente. Ayer no hubo visita en el penal. Los presos estaban de huelga. Ayer fue un día duro para Alfonso, no lo merecía, era el día de su cumpleaños.

Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press


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