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20 de Junio del 2001

LA FILOSOFÍA HELENÍSTICA. (Una moral para la cubanidad en fuga). Por Emilio Ichikawa.

Amigo Granados:
Mi texto (ponencia, "papers") titulado Cuba Helenística, aparecido en la página que UD. dirige, ha exigido conversaciones con amigos e intercambios con los lectores. Ellos han solicitado un desarrollo de los puntos de vista en cuestión, que no son mas que hipótesis. Aqui le envío unas notas que se relacionan con el tema de partida, el cual temo me esté conduciendo a la concepción de un cuaderno de historia de las ideas. Espero que sea útil.
Una vez mas le desea mucha suerte en sus proyectos, su amigo,
Emilio Ichikawa Morin.

I.
Fue Leibniz, retomando el aristotelismo en el contexto espiritual del individualismo ilustrado y el orden moderno, quien mostró la posibilidad de que cada quien se pueda autocerciorar como una substancia individual. Es decir, una entidad única, irrepetible y sola. Algo limitado e infinito a la vez, que incluye al error y el extravío como parte de su mas legitima constitución.

En el plano metodológico esto contiene un mensaje muy claro: aun después de la meditación mas serena y el resultado mas sólido, debemos considerar la posibilidad de que, en tanto sujetos dispuestos de racionalidad, el ejercicio de la misma ha podido ser errado, insuficiente, parcial. Nada garantiza que reflexionemos fuera del error. Por supuesto que lo anterior también posee una implicación moral. Leibniz aprueba la consigna de la soberanía individual y sugiere una interesante dupla: -solo es, quien es distinto; -y solo es distinto, quien es distinto en si.

Otra recomendación intelectual, que califica en el rango de la humildad, es considerar la historia de las ideas como un archivo con el que se puede sostener un intercambio en tiempo presente. La historia de la filosofía puede reducirse a una arcada referencial de la que puedo tomar o dejar según las necesidades de legitimidad que muestre mi discursividad actual; que no es mas que un subproducto de mis apetencias individuales. Y entre ellas, las relativas al gozo, las primeras.

Igual que ha demostrado el postmodernismo en el arte, en filosofía tampoco existen posibilidades infinitas de crear, y la categoría de lo "nuevo" es sumamente precaria. En el universo filosófico también es legitima la destrucción parcial de las creencias y conceptos para después reinventar un movimiento genético, o reciclar lo consabido en nuevos contextos prácticos. Esto se corresponde plenamente con una aguda consideración filosófica y pedagógica de Hegel, de raíz socrática por demás: conocer es reconocer.

No existen raseros infalibles para discernir entre el bien y el mal; como tampoco, en el caso de la micro-ética intelectual, comportarse ante una dictadura. Frente a esta, y a pesar de los afanes individuales de excepcionalidad, disponemos de una docena (cuando mas) de reacciones tipo estructuradas entre la colaboración servil y la contestación abierta. Lo demás, son apenas variaciones sobre esos temas centrales.

Lo mismo sucede con las variables éticas. No se ha ido mucho mas allá de considerar a la moralidad como una operación de distinción entre el bien y el mal y, a la inteligencia ética, como un esfuerzo por concientizar ese proceso. La historia de la filosofía es también una reserva moral; y el archivo, por las constantes demandas practicas que se le hacen, esta mas vigente de lo que a primera vista parece.

En el caso cubano, por la crisis de ideal trascendental que ha dejado medio siglo de propaganda explícitamente atea, por el descrédito de la ideología a nivel cotidiano y los dolorosos desnudos del comunismo este-europeo, la exaltación del individuo como ámbito creíble de realidad es un elemento visible de una rearticulación de la sensibilidad popular.

Tratamiento aparte merece el grupo intelectual que se declara explícitamente marxista o "revolucionario", pues las motivaciones para emitir tal confesión obstruyen el sentido del gesto. De ahí que la moralidad cubana este apelando, de manera inconsciente, a las "fugas" éticas trabajadas en la época helenística, periodo de descomposición de la polis, de quiebre del ideal holistico de la ciudad-estado y de franco refugio en la individualidad.

El proceso de identificación moral es, de frente a este hecho y siguiendo la sentencia hegeliana, un reconocimiento de la eticidad helenística. También, una auto verificación y apropiación de la misma como momento legitimo de la historia intelectual de Occidente y de la reserva espiritual de la cubanidad. Cuba es "la mas blanca de las islas de las antillas". Es helénica y helenística, y a falta de Helesponto y Mediterráneo adereza todas estas cualidades en el singular contexto de la subcivilización caribeña.

II.
La postulación de la Substancia como principio filosófico, ha motivado a algunos historiadores de la filosofía a inclinar a Aristóteles hacia el llamado "materialismo". Como señala el profesor Alexis Jardines, este materialismo "partidista" puede ser comprendido como una opción filosófica que señala alguna entidad de naturaleza corpórea como fundamento real de lo existente.

Con la Substancia Aristóteles busca imprimir a su filosofía un carácter universal ya que en ella misma coinciden ser-pensar, materia-forma, potencia-acto. La Substancia lleva en si, como nosotros mismos cuando nos entendemos y asumimos de esa manera, la contraposición. Lo de menos es, como ha dicho un gran escritor, que en mi habiten multitudes; el problema esta en identificar las zonas autodestructivas de esa presencia desbordante. El desafío del pensamiento egológico es mantener la admiración propia mas allá del descubrimiento que decepciona.

Aristóteles se atreve a sus conclusiones con la libertad que ofrece el saber pensar especulativamente. Por la otra parte se encuentra el estilo de pensar sensualista, que conduce al atomismo; pues reconocer como único mundo legitimo el mundo de las cosas sensibles, induce a tratar a las partículas corpóreas básicas como elementos constitutivos de todas las demás cosas, incluyendo al alma, que es para esta perspectiva algo así como una cosa leve. Esta concepción de la realidad como sensoriedad, como mundo formado por congregación y disgregación de partículas, se encuentra en la base de la cosmovisión espontánea de los científicos naturalistas, algo que muestran la mayoría de sus biografías; y también en el fundamento de una antigua posición filosófica "materialista", cuya formulación mas diáfana es el atomismo.

Fue Democrito de Abdera el mas reconocido pionero del atomismo, su postulación inequívoca la podemos corroborar hoy en algunos fragmentos de su obra que han sobrevivido el tiempo. Su posición fue posteriormente retomada por varios filósofos, incluyendo a algunos modernos como Pierre Gassendi; pero fue Epicuro, en la época helenística, quien mas interesante uso le confirió al atomismo democriteano: lo empleo para dar cobertura física, y con ello credibilidad, a una ética del placer.

Una ética sustentada en una física , debió creer Epicuro, es mas convincente. Ya no se trata solamente de una disquisición arbitraria acerca del bien y el mal sino de un desprendimiento necesario, de una disposición de la naturaleza. Los filósofos posteriores intentaran dar poder persuasivo a la arista moral de su pensamiento recurriendo a otros elementos: la autoridad de la religión, el prestigio de la ciencia, el hermetismo lógico de la exposición teórica coherente o, en el peor de los casos, la coacción de una posición política ventajosa. Epicuro, al igual que otros filósofos helenísticos, tiene la decencia de proponer una ética que no cuenta con otro crédito que el aval físico, y por momentos lógico.

Pero el epicureismo no representa otra cosa que la expresión mas coherente, desde el nivel físico al nivel moral, de un atomismo político que caracteriza a toda la época helenística y que será reflejado también en otras dos escuelas filosóficas del periodo: el estoicismo y el escepticismo. Si para Democrito de Abdera el secreto del cuerpo y el alma estaba en las partes indivisibles que le formaban, para estos filósofos la clave de la moralidad de la ciudad radica en el propio individuo, por lo que no hay mas felicidad política que aquella que cada cual logra al sanar el cuerpo y tranquilizar el alma.

III.
La filosofía helenística utiliza el naturalismo como pretexto para tratar problemas específicamente morales; de ahí que en ella se perciba un "renacimiento" de las concepciones de físicos como Democrito y Heraclito, pero con recaídas constantes en lo que podemos llamar "ciclo socrático": sofistas, Sócrates y escuelas derivadas: cínicos, cirenaicos y megaricos.

El pensamiento postaristotelico es deudor de la idea de Sócrates acerca de la "virtud". Sus discípulos Antistenes (cínico) y Aristipo (cirenaico) habían rechazado la doctrina de la idea (platónica) y se dedicaron al tratamiento de las cuestiones morales. Hicieron recaer el fundamento de la moral en diversas variantes del "esfuerzo" y el "placer"; por tal motivo podemos entender de alguna manera al epicureismo como una continuación de la doctrina cirenaica y al estoicismo como una prolongación del cinismo. El escepticismo muy bien pudiera ser una suerte de especialización de las actitudes lógicas de la escuela megarica y del propio filosofar platónico.

El individualismo helenístico esta justificado por la desintegración de la polis. Atenas ha perdido su soberanía política y es integrada al imperio de Alejandro Magno; en estas condiciones se acentúa el carácter contemplativo de la filosofía griega o, cuando menos, se reduce la inquietud por sus implicaciones a nivel político. No es la ciudad-estado sino el propio individuo el centro de la indagación intelectual.

IV.
Epicuro de Samos (341-270 ane) es quizás el primer filosofo de la individualidad. Sus ideas son deudoras en primer lugar del atomismo del gran abderita, Democrito, a quien conoció por un maestro llamado Nausifones; pero se nutrió también de la filosofía platónica a través de su maestro Pánfilo. Utilizo para enseñar una de las plazas mas sobresalientes en la civilización Occidental, el jardín; famoso lo mismo por la leyenda cristiana que por el paseo esquizoide de Felix Guattari y Giles Deleuze.

Se cree que Epicuro compuso mas de trescientas obras, de las que nos han llegado solo fragmentos. Una fuente importante es el Libro X de Diógenes Laercio; particularmente por las tres cartas de Epicuro que alli se contienen. Una de ellas, dirigida a Herodoto, es una especie de resumen de física. La tercera, dirigida a Meneceo, constituye una suerte de compendio de moral.

En sentido general puede decirse que para Epicuro la filosofía es ante todo una doctrina acerca del comportamiento que conduce a la "felicidad"; siendo la definición de esta "felicidad" un asunto que concierne mas bien a la individualidad, ya sea al discípulo, ya al simple hombre de la calle. En su filosofía hay ciertamente una dogmática, es decir, un conjunto de reglas fijas que establecen la calidad de aquello que debe ser considerado como ámbito feliz, pero es también un estilo, un estudio del comportamiento sin necesidad de vincularlo a un contenido fijo.

De cualquier modo, no se consigue mucho siguiendo el contenido doctrinal de Epicuro en tanto establece que "felicidad" es "satisfacción", y esta es a su vez capaz de aceptar las mas disímiles definiciones. La satisfacción se asemeja bastante al "gozo", resarcimiento que se encuentra mas allá del principio del placer y del principio del dolor (Freud dixit). A la manera socrática, Epicuro considera que es el bien lo que satisface; lo contrario, el mal, es lo que engendra padecimiento.

Sin embargo, a diferencia de las versiones romanas o algunas de las interpretaciones vulgares de su pensamiento, Epicuro considera (y en esto se acerca al estoicismo) que a la salvación (o consolación) se llega a través de la filosofía.

La filosofía permite, en primer lugar, liberar al hombre del temor a los dioses, demostrando que por su naturaleza feliz están al margen de los asuntos humanos, marcados siempre por el desasosiego. Por la filosofía pueden también los hombres liberarse del temor a la muerte; para lo que recomienda un sencillo ejercicio silogístico: mientras nosotros existimos no existe la muerte; cuando esta existe, no existimos nosotros.

El sentido de esta argucia fue captado por Hegel en un fragmento reflexivo incluido en sus Lecciones: "De aquí que el pensamiento certero de que nuestra muerte no nos afecta haga del carácter mortal de la vida una fuente de goce, ya que este pensamiento nos aparta de la infinitud y del ansia de inmortalidad... La muerte no debe, pues, preocuparnos en lo mas mínimo. Mientras existimos, la muerte no existe, y cuando la muerte existe ya no existimos nosotros. Por tanto, la muerte no puede ser objeto de preocupación ni para vivos ni para muertos." (Lecciones de historia de la filosofía. t.II, Fondo de Cultura Económica, México, 1959, p.401).

La filosofía de Epicuro trata además de mostrar al hombre singular que el limite en el que se alcanza el placer es accesible, que es fácil de lograr; el dolor, en cambio, es breve y su existencia provisoria.

El filosofo que comprenda estas verdades elementales se liberara de todos los temores que estorban a la felicidad. Formalmente, Epicuro dividió su filosofía en tres partes: canónica, física y ética; aunque son las dos ultimas las mas importantes.

Su física es básicamente una repetición de los argumentos básicos del atomismo de Democrito. Trata de eliminar de la explicación del mundo a cualquier fuerza sobrenatural y liberar a los hombres del temor injustificado a lo ignoto. Según Epicuro, el mundo esta compuesto por cuerpos y el espacio vacío en función de continente de los mismos. Vacío y cuerpos formados por átomos son la única realidad a considerar; incluyendo a los mismos dioses.

Las consideraciones específicamente atomísticas de Epicuro no son muy originales. Afirma para los átomos cualidades ordinarias como forma, tamaño y peso, que es quien determina su movimiento principal; básicamente hacia abajo, es decir, una suerte de caída.

Las formas de los átomos son finitas en cantidad, aunque de cualquier modo resultan tan numerosas que no las podemos siquiera contar. El numero de los átomos es infinito, pero no así el de sus formas básicas. En cuanto al tamaño, lo único que se puede decir es que comparativamente resulta menor que cualquier otra magnitud conocida.

Los átomos están en movimiento eterno en el vacío y con la misma "velocidad". Esta resulta tan grande que en la distancia que alcanzan nuestros sentidos se mueven con una velocidad instantánea. Dice Epicuro que los átomos se mueven tan de prisa como el pensamiento. Lucrecio Caro, que expuso el epicureismo en su obra De rerum natura, dice que la velocidad de los átomos es mucho mayor que la de la luz.

El movimiento principal es pues el de caída y esta producido por el peso atómico. Sin embargo, existen otros movimientos secundarios propios de los átomos; por ejemplo, el de choque. Este es producido por el encuentro entre ellos, fuente de sus diversas combinaciones y origen de las cosas.

Pero aquí se presenta una dificultad desde el punto de vista de la coherencia lógica. Resulta que algo tiene que suceder en el movimiento de caída que obligue a los átomos a encontrarse entre si, es decir, a chocar. Es decir, algún elemento tiene que violentar la perfecta verticalidad del desplazamiento de arriba hacia abajo. Aquí es precisamente donde aparece la idea mas original de Epicuro pues admite una desviación, una "declinación" en el movimiento de caída de los átomos.

Es entonces cuando la física deja el camino abierto al interés ético; cuando el atomismo se muestra como mero pretexto del cuerpo moral de la filosofía. En este limite de la exposición es forzoso preguntar: ¿cuál es, en fin de cuentas, la fuente de ese movimiento de desviación; por que declinan los átomos al caer?. Epicuro niega cualquier intervención divina en ese evento; afirma que la declinación obedece a una fuerza interna de los propios átomos, a su voluntad libre, a su arbitrio. De este modo su física lo apoya en la elaboración de un discurso moral emancipatorio con orientación centrípeta, donde se reivindican para el individuo mismo los motivos mas sagrados que habían sido sacrificados a la (macro) lógica de la polis.

Hay que reconocer entonces en los átomos la disposición sobre sus propios movimientos; es una espontaneidad que existe en los átomos y por derivación en nuestra alma, también compuesta por ellos.

El alma es un compuesto sutil con átomos mas lisos y redondos. Respecto al cuerpo, el alma es el principio de la sensibilidad. Precisamente por ser ella misma un "cuerpo" muy especial, el alma puede experimentar la influencia de los cuerpos exteriores, de lo que resulta la sensación.

Esta es también una recurrencia Democrito, quien en sus fragmentos filosóficos nos lega una gnoseología eminentemente sensualista, para exponer la cual se vale de la clásica imagen de la huella dejada en la cera como equivalente de la impresión del objeto que produce la sensación.

Apoyado en su principio filosófico, Epicuro afirma que la formación de los mundos se basa en la combinación de los átomos; por tanto, el mundo no resulta de ningún Dios ni esta gobernado por alguna de sus variantes. Los dioses no habitan aquí entre nosotros; ellos están en los espacios ínter mundos donde nada perturba su paz. Los dioses pueden existir, pero nada tienen que ver con la vida de los hombres.

La ética epicúrea es la doctrina acerca de los caminos que conducen a la felicidad; es eso, mas que la definición de la felicidad misma. El criterio de felicidad es el placer, la satisfacción. Es ese el principio de la vida feliz. Según Epicuro hay dos clases de placeres: el estático, que es la evitacion del dolor hasta el limite optimo de la privación; y el dinámico, que es la búsqueda positiva de la alegría. La felicidad esta mas asegurada en el placer estático, en el no sufrir y no agitarse, y se define como ausencia de turbación en el alma (ataraxia) y de dolor en el cuerpo (aponia).

El placer epicúreo, no obstante, es de una notable sobriedad intelectual; se da prioritariamente en los filósofos, especialmente en el trato con los discípulos. No es desenfreno sino satisfacción controlada de los deseos, de los que existen algunos tipos básicos: naturales y no-naturales. Los primeros se subdividen a su vez en necesarios y no-necesarios. Debe ser objetivo prioritario de una vida feliz la atención de los deseos naturales y necesarios, que son los que garantizan la virtud.

Aunque Epicuro postula el placer como principio ético, a la hora de proponer un control sobre el mismo esta moviéndose a la frontera de la filosofía estoica, donde el esfuerzo y la renuncia se elevan a fundamentos del sentido moral de una conducta. Cuando habla, por ejemplo, del "calculo de placeres", se esta poniendo casi en el reverso de una interpretación consecuente de su filosofía.

Ese "calculo de placeres" puede conseguir que el hombre se baste a si mismo y no se convierta en un esclavo de sus necesidades expansivas, en un objeto de la preocupación. Este calculo solo es posible si el hombre posee la virtud de la prudencia. A ella se debe la correcta elección y limitación de las necesidades; por consiguiente, el logro de la ataraxia y la aponia.

El propio Epicuro pudo decir al final de su vida, mientras sufría atrozmente, que había sido y de hecho era feliz, puesto que sus dolores eran acompañados por el goce que le proporcionaba el recuerdo de los diálogos que sostuvo con sus discípulos.

Tal es el objeto de la vida del sabio, quien debe mostrar una gran responsabilidad a la hora de morir. Habiéndose forjado opiniones justas y piadosas sobre los dioses, sin miedo frente a la muerte, burlándose de la fatalidad, es indiferente a todo aquello que perturba la tranquilidad.

Conociendo ya cual es el fin de la naturaleza, y que esta no reclama de nosotros nada mas que la tranquilidad del alma y la salud del cuerpo, el filosofo sabe que el bien es fácil de realizar en su integridad. Incluso el dolor físico, al que nadie escapa enteramente, no puede abatirlo ya que halla en su interior alguna fuerza intelectual capaz de equilibrarlo. El sabio, pues, se ha librado de los dioses para posar el como su propia (¿y falsa?) divinidad.

V.
La filosofía de Epicuro muestra entonces la misma selectividad clasista que la polis en descomposición; su propuesta, para decirlo en una terminología conocida, es demasiado elitista si tenemos en cuenta que trata de dar respuesta rigurosamente intelectual a un proceso que afecta a toda la comunidad. Solo algunos filósofos romanos, y particularmente la gente común en el contexto de su vida efectiva, son quienes se atreverán a llevar el principio del placer hasta consecuencias mayores.

En el mundo de hoy la postmodernidad parece decidida a recuperar esa senda; pero en verdad, ha sido mas critica del deber que una gestora positiva de vías de satisfacción del universo deseante del hombre. Cada carga liberada, cada "misión" soslayada genera una lastre de responsabilidades adyacentes bajo el que es imposible el disfrute pleno de una opción placentera.

Epicuro no lo hace, pero da los primeros pasos para fundar la moral sobre determinaciones particulares; es decir, para la búsqueda de una moralidad en contra de toda norma. Un pensador como Hegel no aprueba esa metástasis de la individualidad; la tradición alemana ha legado una comprensión de la libertad como fidelidad y servicio, ya sea al estado, al ejercito, la revolución o cualquier otra elaboración abstracta de lo general. Hegel, por supuesto, estaría mas a gusto con el ideal ordenador de la polis que con el elemento de subversión individual que introduce Epicuro; aun cuando el pensador de Samos no haya sido consecuente con el.

Este rebajamiento del individuo ante fuerzas que lo rebasan esta muy bien recogido en una conocida frase atribuida a Goethe, pero que puede suscribir cualquier pensador alemán, desde Fichte hasta Schelling, desde Marx hasta Schmitt: "Prefiero la injusticia al desorden".

Desde la perspectiva de la libertad es pues perfectamente comprensible la negativa de José de la Luz y Caballero a enseñar filosofía alemana a la juventud cubana (propósito en la antípoda del de Montoro, quien se empeñó en introducir el racionalismo en la Habana); y aunque es comprensible dado el afán esclavizador del totalitarismo castrista, es cuestionable el adocenamiento espiritual que ha cundido en la isla en las ultimas cuatro décadas bajo el pretexto de la enseñanza de la filosofía marxista.

Filosofía inglesa mas que alemana requiere el camino de recuperación del espíritu cubano; sentimiento mas que razón, sentido común en lugar de misionerismo grosero y violento. El epicureismo constituye entonces una de las fuentes imprevistas de la moralidad con que el pueblo cubano trata de sortear casi medio siglo de una solemnidad política hoy en franca descomposición.

El ejercicio del placer no es tampoco irresponsabilidad; el disfrute requiere calculo (como decía Epicuro) y hasta esfuerzo. Es esta exigencia múltiple la que condiciona que las escuelas filosóficas helenísticas se superpongan entre si mas allá de sus diferentes puntos de partida. Lo confirma Hegel al hacer el balance del epicureismo en sus Lecciones de historia de la filosofía (Fondo de Cultura Económica, México, 1959, p. 403): "...a pesar de todos los malos auspicios con que se presenta ante nosotros el principio de la moral de Epicuro, he aquí que con este giro según el cual lo que debe guiar al hombre es el pensamiento racional, se trueca en estoicismo".

VI.
La escuela estoica fue fundada a comienzos del siglo III ane. por Zenón de Citium, en Chipre. Nació en 336/35 ane. y muere voluntariamente, como otros sucesores que se entregaban consecuentemente al ciclo natural, hacia el ano 264/63 ane.

Después de Zenón de Citium el representante mas conocido de la escuela estoica fue Crisipo, considerado prácticamente como un segundo fundador. A tal punto llego su influencia en esta tendencia de pensamiento que se rumoraba en ella que de Crisipo dependía la existencia misma de la "stoa"; antesala o puerta donde solían reunirse los estoicos a reflexionar.

Se dice que Crisipo fue un escritor muy fecundo. Todos los días escribía unas quinientas líneas lo que al final redundo, aproximadamente, en unos setecientos cinco libros. Debido a la disciplina intelectual y a la sencillez con que se tomaban la vida, se supone que la producción intelectual de los estoicos debió ser inmensa; pero en su mayor parte se ha perdido. Solo quedan algunos fragmentos de ella, cuestión que dificulta mucho el conocimiento detallado de los representantes de esta escuela.

El estoicismo se puede presentar como una continuación de la escuela cínica. Al igual que los cínicos, los estoicos no buscan ya la ciencia, o lo "general" naturalista, sino la felicidad por medio de la virtud. Pero a diferencia de ellos, consideran que el rigor filosófico, la ciencia misma, es necesaria para el logro de la felicidad y la vida virtuosa. Los cínicos, como tendencia, convirtieron a la filosofía en una forma de conducta aleccionadora.

De forma semejante a Epicuro, los estoicos dividieron la filosofía en tres cuerpos básicos: lógica, física y moral. Al intentar reconstruir de manera coherente lo que podemos llamar "pensamiento estoicista", nos queda en primer termino la lógica. De ella procede la inquietud por la búsqueda del criterio de la verdad, que es el valor epistémico capaz de dar a la ciencia una base segura. Y como Epicuro, también fundamentan el conocimiento en la evidencia sensible.

Mediante el termino "lógica", probablemente adoptado por primera vez por Zenón de Citium, los estoicos expresaban la doctrina que tiene por objeto "los logos", que pueden ser discursos internos (pensamientos) o externos (expresiones verbales). En cuento ciencia de los discursos internos, la lógica es dialéctica; en cuanto ciencia de los discursos externos, la lógica es retórica. La dialéctica, a su vez, es doctrina de los signos (gramática) y también doctrina de las cosas significadas (lógica formal).

Por lo que se refiere al origen del conocimiento, el estoicismo no pasa de ser un tipo de empirismo sin mas interés que la introducción del tema de la "representación cataléptica". Su definición es imprecisa y falta de contenido diferencial, una falla evidente en el caso de lo que pretende ser el concepto central de una epistemología.

El filosofo Alexis Jardines, uno de los pocos estudiosos cubanos (acaso el único) que ha prestado atención sostenida a este asunto, se limitaba a glosar a Ch. Werner a la hora de caracterizar este concepto estoicista: De una manera general, la representación es la huella producida en el alma por el objeto exterior. Cuando la representación es de tal modo clara y evidente que entraña el asentimiento del espíritu, tenemos la representación comprensiva, que es la imagen de un objeto real, imagen conforme a su objeto exactamente. Es decir, que este tipo de representación califica entre lo que los historiadores de la filosofía suelen reconocer como concepción "clásica" de la verdad, reducida aquí a la vía de aprehensión empírica: verdadero es el pensamiento que coincida con el objeto al cual pretende referirse; y ambos, pensamiento y objeto, tienen legitimidad gnoseológica si se ubican en el ámbito de lo empírico.

En física los estoicos admiten dos principios: el principio pasivo, o materia, y el principio activo o "razón". La materia es la esencia desprovista de toda cualidad específica; la razón se halla en la materia misma y produce, dándoles forma, a todas las cosas concretas.

Ambos principios son "materiales"; es una "razón material" la que se mezcla con la materia en sentido estricto y produce la diversidad. Es llamada también por los estoicos razón seminal. Así como las partes de un ser viviente nacen todas del esperma, así también cualquier parte del universo nace de un esperma racional propio, o razón seminal.

Todas las razones seminales constituyen una especie de fuego animador, un aliento corporal (neuma) que lo conserva todo, lo alimenta y lo sostiene. Este aliento corpóreo es la razón seminal del mundo.

Los estoicos, inspirándose en Heraclito, identificaron este aliento corpóreo con el fuego. Por su extrema sutileza el fuego se halla difundido en todo el mundo; es el dinamismo en su estado puro y pone en movimiento a la materia moldeándola. Transformándose a si mismo produce a los otros elementos: el aire, la tierra, el agua; de forma tal, que es la sustancia universal presente en todas las demás.

En la cosmovisión de los estoicos el mundo aparece como un continente finito y con forma esférica; a su alrededor hay un vacío, pero dentro todo esta unido y compacto. La vida del mundo tiene un ciclo propio imposible de violentar. Cuando después de un largo periodo de tiempo (el gran ano estoico) los astros vuelven al mismo signo y a la misma posición, acontece una conflagración que incluye la destrucción de los seres. Y de nuevo se reconstituye el mismo orden cósmico, vuelven a suceder todos los eventos anteriores sin modificación alguna. Es decir, se repite el ciclo de manera idéntica, por lo que muchos, infinitos ciclos, son uno solo. Existen de nuevo Sócrates y Platón, así como los demás hombres con sus mismos amigos, esperanzas y fracasos.

La idea principal de la física estoicista es la idea de la ligazón de las cosas a través de la ley universal que jamás puede ser violada. Esta ley se llama destino o fatalidad; y significa lo inevitable. El destino mas cierto del hombre es entonces unirse a la naturaleza y adorar el orden eterno. El carácter ético de esta inferencia a partir de la física es evidente, y muestra un camino intelectual semejante al de Epicuro.

El mas alto precepto de la ética estoicista establece: has de vivir conforme a la naturaleza; es decir: has de aceptar el ciclo en las manifestaciones inevitables que este ofrece a tu vida singular, que es a la vez momento inevitable y necesario del todo viviente.

El hombre ha de vivir conforme a la razón propia, que es un capitulo inseparable de la razón seminal. Significa, además, que viviendo según la razón el hombre vive acorde con las leyes que rigen el universo. El bien para el hombre, la felicidad, consiste en acomodarse a esta naturaleza universal. Debe aceptarla y no guerrear contra ella inmerecidamente; en fin de cuentas, todo esfuerzo para evitarla será inútil; aun mas, ese esfuerzo contra la razón universal forma parte de ella misma.

Los estoicos definieron la virtud como la "recta razón", aquella que esta en acuerdo inquebrantable consigo misma. El hombre virtuoso, el sabio cuya vida entera es dirigida por la recta razón, vive de acuerdo con su propia naturaleza y de acuerdo con la naturaleza universal. Pero por lo mismo, acepta resignadamente todas las cosas que el destino le depara, incluso las mas desagradables, pensando ante todo entrar en el orden total sin violencia alguna. De ahí la expresión de esfuerzo estoico para designar los grandes sacrificios y aceptaciones.

Contrariamente al sabio, el hombre insensato, cuya vida no concuerda con la naturaleza, vive en un continuo sobresalto y entregado a la mas fútil de todas las tareas: tratar de evitar lo inevitable. Por ignorar la sabiduría estoicista, ese hombre necio se ha exceptuado a si mismo de ese conjunto fatal que constituye el universo.

El estoicismo tampoco es resignación improductiva. Cierto es que la existencia puede tornarse irracional, dejando al mismo tiempo de ser real. Desde esta perspectiva filosófica se pueden conjugar a la vez la necesidad de cambio y la aceptación del destino universal; solo habría que considerar que la misma fatalidad esta introduciendo aquí un principio activo, una necesidad de transformación que el hombre debe acometer como parte de su destino individual. Así, queda salvada la consecuencia teórica, a la vez que se consigue un aval para emprender faenas menos contemplativas.

Los estoicos se separan un poco de aquella comprensión socrática de la virtud como moderación o prudencia. Su propuesta implica una aceptación radical del destino. Entre el vicio y la virtud no conciben un punto medio; la recta razón existe completamente o no existe. Los hombres se dividen en sabios y necios, en buenos y malos; los buenos son enteramente buenos, igual que los malos. Ni el vicio ni la virtud estoica admiten gradaciones.

El estoicismo re-sitúa al final las claves de la eticidad humana en lo general, que en este caso es la razón seminal que gobierna toda la naturaleza. Nada particular (sentimientos, sufrimientos, deseos, etc) debe ser causa de desdicha o felicidad en el hombre; todo es pasajero y lo mas recomendable es que conserve una sobriedad semejante a la indiferencia. De nada vale alegrarse, pues el ciclo universal puede estar preparando un momento de tristeza inconsolable para compensar ese movimiento hacia la satisfacción; pero esta vuelta de suerte tampoco debe generar pesar en el hombre, pues igual advendrán otros instantes (efímeros también) de nueva dicha. En las Lecciones de historia de la filosofía Hegel afirma acerca de esta escuela de filosofía de la época helenística: "Claro esta que hay que cuidarse de que a uno le vaya, como individuo, lo mejor posible; cuanto mas agradablemente, mejor. Pero sin dar a esto mas importancia de la que tiene, como si en ello estribara algo muy racional y esencial. Sin embargo, la conciencia estoica no trasciende esta individualidad, no da el paso hacia la realidad de lo general: por ello presenta solamente la forma de expresar lo real como algo individual, como el sabio." (op.cit. t II. p. 369). Y concluye el filosofo alemán con una sentencia que muy bien podría ubicarse en el campo del moralismo: "La felicidad no significa, en un sentido general, otra cosa que el sentimiento de la coincidencia o armonía con uno mismo". (Ibid. p.365).

Si los estoicos se hubiesen mantenido en el estricto plano de la solución individual, su mensaje resultaría filosóficamente menos acabado, pero moralmente mas convincente. El afán conceptual, el anhelo de generalidad, enturbia un poco el mensaje urgente para las conciencias en crisis.

VII.
Generalmente se reconoce a Pirron de Elis como fundador del escepticismo griego. Esta corriente de filosofía se divide para su estudio en tres etapas fundamentales: la escuela de Pirron; la media y nueva academia, y los llamados escépticos posteriores, el mas destacado de los cuales fue Sexto Empírico.

El tema central del escepticismo de Pirron consiste en que, debido a que a toda afirmación se le puede encontrar su opuesto, sin tener razones para darle preferencia epistémica a una de las dos, entonces, lo mas correcto seria suspender el juicio. Pudiendo afirmar y negar con el mismo derecho, entonces, ambas determinaciones se excluyen y todo juicio resulta imposible: los juicios no son ni negativos ni positivos, ni verdaderos ni falsos, como tampoco lo son los objetos en si mismos.

La antigüedad griega probo, en sentido general, con todas las variantes gnoseológicas que disponemos en la actualidad. Unos filósofos establecieron que cualquier proposición podía ser verdadera si se la hacia lo suficientemente persuasiva; otros, que verdad había solo una, ya sea porque correspondiera exactamente con el objeto que pretendía, ya por captar la mejor disposición del sujeto para el saber. Otros consideraron que los juicios son sencillamente imposibles, ya en su falsedad, ya en su veracidad. Los escépticos se incluyen en esta ultima variante.

Todos nuestros juicios, según Pirron, no son ni verdaderos ni falsos. El problema radica aquí en que lo que prescribe la frase enterior se le puede aplicar tambien a ella misma; es decir, no es ni verdadero ni falso el creer que las cosas no son ni verdaderas ni falsas.

Fue Sexto Empírico el escéptico que mas trabajo con las fisuras de la lógica de Pirron; a el se debe una formulación del escepticismo igualmente ingeniosa: todos nuestros juicios son tanto verdaderos como falsos. El escepticismo, pues, va a mover su ética ya no a partir de un nivel físico como el epicureismo y el estoicismo, sino desde un plano lógico. Es la convicción de que todo puede ser falso con la misma naturalidad con que todo puede ser verdadero la que justificara la recomendación de serenidad existencial, de indiferencia política y búsqueda del mismo ideal que las otras escuelas helenísticas: tranquilidad del alma y sanidad del cuerpo, ataraxia y aponia.

La suspensión de juicio es ya, por si misma, ataraxia. Según Diógenes Laercio, Pirron, para ser consecuente con sus postulados, iba por el mundo sin mirar donde pisaba y sin evitar obstáculos. Así termina el escepticismo, radicalizándose hasta el nivel de un cuestionamiento de la legitimidad del uso del propio lenguaje.

La escuela fundada por Pirron no duro mucho; en cambio, la orientación escéptica fue emprendida nuevamente por los filósofos de la llamada Academia Media quienes extraían de la doctrina platónica algunas conclusiones escépticas. Especialmente se apoyaban en la tesis que niega la posibilidad de la ciencia en el marco del mundo sensible; en este solo es posible la "opinión" y sobre esta es imposible fundar algo medianamente estable.

Existe también un escepticismo moderno; para no referir ya que algunas de las variantes mas conocidas del relativismo postmoderno de nuestros días son verificables en el conjunto de la gnoseología y lógica escépticas. Sin embargo, hay una gran diferencia entre el escepticismo de los antiguos y este mas reciente.

El escéptico moderno vive agitadamente en busca de la verdad. No duda de su existencia, sino solo del lugar donde radica; tiene así un ídolo hoy, otro mañana. El escéptico antiguo buscaba, y a veces en el mejor de los casos encontraba, la calma; no le interesaba la verdad sino la salud de su alma y de su cuerpo. El primero es una víctima servil de la propia polis que maldice y a la vez añora; el segundo trata de labrarse un refugio individual distante ya de una ciudad-estado que se derrumba ante sus ojos.

El ocaso de la utopía (macro)política coincide así con el instante en que florece el hombre individual. Una vez mas, fue Hegel el filosofo que mejor capto el alcance de estas propuestas helenísticas en el marco de lo que Kant llamaba filosofía practica y que así, de modo espontaneo, asumen sin saberlo los cubanos hartos de sacrificar su felicidad individual "embarcados" por proyectos políticos demenciales: "...al desaparecer la existencia política y la realidad moral de Grecia (puede leerse Cuba-EI.), y cuando mas tarde tampoco el Imperio Romano pudo encontrar satisfacción en el presente, este mundo se replegó hacia si mismo, buscando dentro de si lo justo y lo moral que había desaparecido ya de la vida general exterior. No se trata, pues, de que el estado del mundo sea un estado legitimo y racional, sino que simplemente el sujeto como tal debe afirmar su libertad dentro de si mismo". (op.cit.p.373).

Exculpadas estarán la mayor parte de las marchas publicas o las algarabías bajo el totalitarismo castrista si en un rincón de la casa, en un pasillo de la fabrica, en el parque de la escuela o en el silencio de nuestra soledad, empezamos a disentir radicalmente del régimen y clamar por un mundo pleno de libertad.

Emilio Ichikawa. West Miami-junio 2001.


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