Desde Dentro de Cuba.

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18 de Junio del 2001

CIUDAD SILENCIOSA. Por Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- La ciudad se envuleve en una cortina de silencio. Mi ciudad tiene rostro de mujer violada por los años. Uno recorre la ciudad y se llena de miedo. El presente aterra. El pasado es una nostalgia de envidias por lo perdido.

Ahora las tiendas de la ciudad no son para todos. Hay que tener moneda dura para pasearlas y comprar en ellas. La moneda dura (entiéndase dólar) tampoco llega a las manos de todos. Ayer era pecado tenerla, hoy es privilegio de unos pocos.

La ciudad se envuelve en una niebla que parece perfume de puta. Hay quien odia a esta ciudad. Hay quien la ama hasta el cansancio. Quizás esta ciudad se haya olvidado de los hijos que se fueron para no verla ya nunca. Los hijos del exilio quizás no la olviden. La ciudad donde uno nace jamás se va de la memoria. Si la olvidas siendo joven te vuelve al recuerdo cuando estás senil.

Pero esta ciudad me sigue dándo lástima. Se me pierde entre las manos como un poema de espuma. Le grito por los rincones de sus calles como quien busca una paloma. Las cosas impuestas nos hacen el caminar más triste; entonces la ciudad se hace cómplice de los gatos y los asesinos.

Ayer un vagabundo se murió de miedo en el banco de un parque. Uno podía verle en los ojos la huella del desamparo. No murió de hambre; desde hacía tiempo se había preparado para comer de su propio hígado. Esa vícera no la encontraron en la autopsia.

Me aferro a pensar que la ciudad, mi ciudad, es cómplice de los matadores. Los perros que ladran a la luna le lloran a la noche. La ciudad les paga poco por el llanto. Un hombre viejo recoge los perros por las calles. Lo acompaña un chofer joven. Van en un carro desvencijado por el uso y los mordidas. Los perros muerden las paredes del carro, nunca han mordido al viejo y al chofer.

La ciudad se ha llenado de borrachos. Los infelices mareados se entretienen orinando en las esquinas. Es como si orinaran a la cara de una mujer que les engañó hace tiempo. Ahora la ciudad no llora la sal de lágrimas. Llora los orines de los rencorosos. Cada borracho de mi ciudad es un frustrado.

Las putas van de un lado al otro tras los taxis de turistas. Los tipos llenos de alcohol les hacen el amor hasta el cansancio. Luego se quedan junto a ellas y se reconocen como privilegiados de esta tierra. Aquí para ser profeta hay que tener dinero bueno en el bolsillo. La profecía se vuelve odio hacia los semejantes.

Ahora esta ciudad se ha quedado sin familias. Todos se dividen. Nadie se invita a un almuerzo. Lo que hay es bien poco para darle categoría de existencia. Comes hoy sin dejar de pensar que vas a comer mañana.

Quizás un día me vea obligado a dejar esta ciudad por un exilio impuesto. Pero nunca voy a cansarme de intentar cambiarla con palabras.

Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press


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