Desde Dentro de Cuba.

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16 de Junio del 2001

HORIZONTES Por Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press

Pinar del Río.- La Habana es una ciudad hermosa. Parece una mujer coqueta y desesperada por ausencia de cosméticos. La Habana es como un canto. Uno camina sus calles y desea recoger el polvo de los pasos.

Hay una esquina a la que van los sueños. A un lado de esa esquina hay un parque. Allá se reunen hombres y mujeres soñando horizontes. De un borde una funeraria; del otro una plaza donde los oficialistas gritan programados a favor del régimen. Al centro la oficina diplomática más visitada de la isla.

Lo que más le duele a un cubano que se va, es tener que dejar la Habana, y duele más si el cubano es habanero. La ciudad se despide de sus hijos sin una queja. Se ha quedado sin fuerzas para exigirles que soportan.

La Habana tiene un malecón que es un pañuelo. La ciudad recoge en la tela del agua sus huellas de llantos. Ayer estuve en la Habana y pude ver que siguen saliendo mucha gente. Se van al exilio sin retorno. Me di cuenta que en aquel parque se llora por dentro. Le dicen el Parque de las Lamentaciones, es un nombre que parodia al muro de Jerusalén.

Quizás un día cambien las piedras de ese parque y los árboles se mueran de viejo. Lo que no podría el tiempo jamás será borrar el llanto. Es bien triste un parque cuando se le ve de lejos el desespero de su gente. No debieron coger un parque para eso.

La Habana sonrie sus noches en rincones apacibles y aquel parque sigue condenado a las tristezas infinitas. Los buscadores de sueños se duermen en los brazos de la noche esperando un nuevo día en la ruleta. Una inmensa mayoría de cubanos ha puesto el nombre a merced de la suerte para salir al exilio. Los aprobados ríen cuando salen, los desaprobados escupen en las raices de los troncos sus frustraciones.

Ayer estuve en la Habana y la vi más triste. Pero la Habana sigue como una mujer hermosa. Mueve sus caderas de espuma y se deja llenar por la sombra de los ruidos. Cada gente va de un lado al otro con sus sueños. Hay quien no tiene sueños y anda la vida entera despierto, para finalmente saborear una vigilia constante.

Los bares de la Habana se llenan de borrachos inocentes. Toman un ron barato bautizado con aguas del engaño. No obstante a eso se emborrachan. Lo borrachos de la Habana caminan con paso de resignados. Vomitan en los celajes y escupen la cara oculta de la luna.

La Habana reparte perfumes con olor a caribe. Sigue siendo una mujer hermosa. Va en loca carrera tras el auto de un turista. La ciudad envuelve al extranjero en su telaraña de sexo. Le hace el amor y lo suelta después mareado y sin jugos.

Ayer anduve la Habana y la ciudad se me durmió en los brazos. Cerré los ojos tristes, como una mujer agradecida en el preludio de la entrega. Es bueno que nadie despierte a esta ciudad, puede brotar sangre del lado izquierdo de su oreja. Un arete mal puesto puede herirla.

La Habana sigue con sueño, preñada de hombre y mujeres que esperan cruzar el mar con un golpe de viento y suerte.

Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press


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