Desde Dentro de Cuba.

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08 de Junio del 2001

MEMORIA DE GALLO. Por Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Alonso vio cómo el gallo subía arriba de la gallina y la cubría. En breves segundos el gallo bajó y se sacudió. La gallina siguió picoteando en la tierra, indiferente a lo que había pasado.

Alonso no pudo dejar de sonreir al ver cómo el gallo intentaba otra vez a montar a la gallina. Recordó una vieja frase que sentencia: quién lo olvida todo, tiene memoria de gallo.

Entonces Alonso se llenó de recuerdos. Llegó a su memoria aquel día en que llegaron a su casa los policías. Venían en un carro de la patrulla. En seguida él se dio cuenta que venían a llevárselo. Unos días antes el jefe de la policía en el pueblo le había dicho:

— Tú tienes memoria de gallo, Alonso. Todo se te olvida. Te dije que no puedes hacer la reunión con tu gente. Si la haces, te llevo preso y no pasa nada. Ustedes están fuera de la ley.

Alonso no le hizo caso. Eso no tenía nada que ver con su memoria. Nunca se le olvidó que tenía que estar en aquella reunión con los de su partido. Es un partido de la oposición en Cuba.

Aquel día que lo llevaron preso Alonso estaba satisfecho. Habían dado una buena reunión. Lo demás no importaba. En la oficina de la policía el jefe de la policía volvió a decirle:

— Esa memoria de gallo te va a embarcar, Alonso. Ustedes no pueden con nosotros. Están echando una pelea perdida de antemano.

Alonso miró fijo a los ojos del hombre y le dijo:

— Es mi destino, capitán. Nací para ser disidente.

El capitán lo miró de arriba abajo.

— El destino lo hace uno, Alonso. Te pongo un ejemplo: yo nunca voy a morir ahogado. Yo soy policía.

Alonso no entendió lo que el capitán le había querido decir. ¿Tenía algo que ver un policía con un ahogado? Quizás el hombre lo decía aludiendo a los miles de balseros que escapaban de la isla. Ese año del noventa y cuatro fue un año de fugas y de muchos ahogados.

Lo cierto es que Alonso fue llevado a un juicio y condenado por lo de aquella reunión que dio en su casa con los de su partido de la oposición. Estuvo un año y seis meses preso.

Dos días después de haber salido en libertad Alonso, el destino le hizo la trampa al capitán de la policía. La tarde del suceso amenazaba lluvia. Alonso recuerda que llegó a la esquina de la estación de policía y vio el grupo de gente. Habían policías y civiles. En una ambulancia se llevaban a la carrera a un hombre. Supo que ya lo llevaban muerto.

— Lo encontraron ahogado en la oficina.

Alguien del grupo dijo eso. Entonces Alonso preguntó y le dijeron quién era el muerto. El capitán de la policía se había ahogado en tierra firme. Irónicamente lo había matado la falta de agua en el momento preciso.

— Dicen que estaba comiendo algo en la oficina y le dolió el pecho. Se iba a tomar una pastilla y no había agua. No tuvo tiempo ni para gritar.

Cuando el hombre que hablaba en el grupo se calló la boca, Alonso dejó la esquina. Llegó a su casa y siguió confiando en que el destino viene sólo para arriba de la gente. Lo ocurrido al capitán de la policía era un ejemplo palpable. Alonso estaba destinado a ser disidente en su país natal. El capitán había sido destinado a morirse ahogado en solitario.

Por eso hoy, cuando Alonso vio que el gallo intentaba cubrir repetidas veces a la gallina, recordó todo aquello. Pensó también en aquella frase que el capitán le repetía hasta el cansancio cada vez que le soltaba las amenazas.

Alonso miró al cielo y vio que la tarde amenazaba lluvia. Salió convencido de abajo del árbol dónde estaba sentado. Su destino era ser disidente en Cuba. Eso no tenía nada que ver con morir fulminado por un rayo en una tarde de lluvia.

Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press.


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