Desde Dentro de Cuba.

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02 de Junio del 2001

EL LADRÓN DE BICICLETA. Por Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Nunca me ha gustado el cine italiano. Ladrones de Bicicletas está reconocido como un clásico de ese cine. Soy de los que piensan que el mejor cine es el norteamericano. En todas partes del mundo tiene detractores el cine norteamericano, pero en todas partes del mundo es el mejor pagado.

No recuerdo si Ladrones de Bicicletas es un filme de Fellini o de Sicca, tampoco sé si pertenece a Bertolucci. No me gusta el cine italiano, ya lo dije. Apenas sé escribir correctamente los nombres y apellidos de directores italianos.

Mi crónica tiene título de película italiana, pero haré en mi crónica la historia de un ladrón de bicicleta cubano.

Los años noventa fueron realmente duros en Cuba. Del cincuenta y nueve a la fecha todos los años en Cuba han sido duros. Debí escribir mejor que los años noventa fueron de los más duros en Cuba para los cubanos.

El oficialismo dio la voz de período especial dibujando el nombre de la crisis. Cuba se estremeció hasta el cansancio de la década funesta.

Además de la exagerada escasez de alimentos, llegaron los maratónicos apagones. Los noventa sumaron al hambre la tiniebla.

Leonaldo Cancio era constructor. La crisis lo llevó al desempleo. Grandes fábricas cesaron y sus trabajadores tomaban categorías de cesantes. Leonaldo quedó en la calle.

Trató de sobrevivir vendiendo productos en el mercado subterráneo (bolsa negra). Eran productos robados a entidades estatales por los mismos miembros activos de esas entidades. Leonaldo los compraba y después sobrevendía. Era un negocio. El año noventa y tres fue el año de la tragedia.

La tragedia llegó montada en bicicleta a la casa de Leonaldo. Una tarde su único hermano entró a la vivienda con una bicicleta nueva. Aún el hermano de Leonaldo trabajaba, era ingeniero y tuvo la suerte de no quedar cesante. La bicicleta se la habían vendido en el trabajo.

Tener una bicicleta en Cuba es un sueño. Tenerla en las noventas era una utopía. Leonaldo vio llegar al hermano con la flamante bicicleta azul. Dos horas después salió a la calle. En la misma esquina hizo el comentario con amigos del barrio.

— Voy a luchar una bicicleta como la de mi hermano, a cualquier precio.

— Tú no trabajas, hombre. Tendrás que robarla.

Y le dijeron eso sin saber que le habían envenenado las ganas. Leonaldo se trazó la meta de robar una bicicleta.

La noche de la tragedia había oscuridad total en la ciudad. Seis horas y veintidos minutos hacía que faltaba la corriente. Todo estaba calculado. En una de las esquinas más oscuras del barrio se escondió Leonaldo cargando como arma homicida un bate de beisbol.

Vio la silueta del ciclista en los oscuros, sin distinguir nada más. Descargó el golpe con decomunal fuerza. Vio al hombre caer al pavimento. Sólo la sombra derrumbada podía verse.

Dos horas después, Leonaldo miraba a plena luz su bicicleta robada. Tan azul como la de su propio hermano, terriblemente igual. Al rato llegaban los vecinos con la noticia. El hermano de Leonaldo había sido muerto en plena vía pública por alguien que le robó la bicicleta.

Comenzó la consternación, más tarde fue el decubrimiento. Leonaldo había matado a su propio hermano.

No fue el único robo violento ocurrido en Cuba en aquella década terrible. No fue la única bicicleta robada, tampoco el único muerte. No hay dudas. Los noventa fueron años terriblemente duros en la isla.

Yo sigo sin recordar el nombre del director de la película italiana Ladrones de Bicicletas. Es que no me gusta el cine italiano.

Lo que nadie me puede hacer olvidar es el suceso que dio tema a esta crónica. Nadie en la ciudad lo olvida. Nadie puede olvidar que un cubano llamado Leonaldo Cancio mató a su propio hermano en plena noche a la sombre de una esquina, para materializar el sueño absurdo de tener una bicicleta.

Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press


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