Desde Dentro de Cuba.

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28 de Mayo del 2001

CONDICIÓN DE HOMBRE. Por Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- El sargento venía en el caballo. El sol del mediodía caía de punta sobre el camino de tierra. A la derecha del camino estaba la casa de Macho Flores. Para allá iba el sargento de la rural.

El sargento era un tipo de casi seis pies de alto. Llevaba machete y revólver de reglamento a la cintura. Parecía que esas cosas sobraban en un cuerpo de animal como el del sargento.

Por el lado derecho del camino puso rumbo el caballo. Entonces uno podía darse cuenta que el sargento iba a visitar la casa de Macho Flores. Por allí no había más casas.

Sin bajar del caballo, el sargento llamó:

— Macho Flores. ¿No hay nadie en esta casa?

Nadie le respondió. Entonces el sargento siguió en el caballo por el lado de la casa y llegó al patio. Macho Flores estaba junto al pozo. Debajo de la mata de güira estaba el pozo. El sargento bajó entonces del caballo. Le dio unas cuantas palmadas suaves por el cuello al animal y caminó entonces para dónde estaba el guajiro Macho Flores.

— ¿Tú estas sordo, guajiro? Yo te estaba llamando.

Macho no había levantado la vista para mirar al sargento. Seguía en lo que estaba. Le sacaba punta a un pedazo de palo con el machete. Cuando Macho alzó la vista para mirar al sargento, un sinsonte que estaba anidando arriba de la mata de güira levantó el vuelo. El batir de alas del pájaro hizo que el sargento mirara a lo alto de la mata.

— Sargento. Yo no le contesté. Pero eso no quiere decir que esté sordo. A la verdá es que no quise contestarle. Yo sé a lo que usté viene. Me enteré por boca de Américo. Yo sé que es soplón de ustedes los de la rural. Yo nací hombre, sargento. No soy soplón.

Cuando Macho dijo esto, el sargento empezó a caminar de un lado al otro y sin hablar. Miraba a la tierra y caminaba en silencio. Con una mano aguantaba el puño del machete. Por fin se detuvo.

— Mira, guajiro. El único que sabe dónde está el hombre que mató en el atentado al teniente eres tú. Dicen que tú lo escondiste.

Macho no lo dejó terminar.

— La gente dice muchas cosas, sargento. Uno no tiene que estar haciendo mucho caso a la habladuría de la gente.

— Entonces te vas conmigo pal cuartel. Allí te hago hablar o me quito el nombre, Macho Flores. ¿Qué te parece?

El sargento no tuvo que quitarse el nombre. Lo cierto es que se llevó a Macho para el cuartel. Pero es cierto también que Macho no abrió la boca para hablar a pesar que lo dejaron por muerto.

Cuatro días después lo encontraron tirado a la orilla del camino. Ya las auras estaban a punto de dar cuenta del guajiro. Un año después se fue Batista. También huyó el sargento del puesto de la rural que dejó por muerto a Macho Flores.

A lo único que se dedicaba Macho era a su tierra. Vivía solo. Una tardecita vio venir un carro por el camino. Aquella tarde se le pareció a la misma en que el sargento vino a visitarlo. A lo mejor eso le pareció a Macho por encontrarse en el mismo lugar. Estaba junto al pozo bajo la mata de güira. Pero esta vez no tenía el machete en la mano, no estaba sacándole punta a ningun palo.

Un hombre vestido de verdeolivo bajó del yipi con dos más.

— Macho Flores. ¿No hay nadie en esta casa?

Ahí mismo se convenció Macho de que esa tarde iba a ser igualita a la tarde en que lo visitó el sargento. El hombre caminó por el lado de la casa y llegó al patio. Fue hasta dónde estaba Macho bajo la mata de güira.

— ¿Tú estas sordo, guajiro? Yo te estaba llamando.

Macho levantó la vista y lo miró de arriba abajo. Era un teniente de la G2 cubana. Aquel teniente era el hombre al que Macho le había salvado la vida al no hablar en el cuartel cuando lo dejaron por muerto.

— Yo no soy sordo, teniente. Lo que pasa es que no quise contestarle. Su visita tiene un motivo. Yo sé el motivo.

Entonces el teniente sonrió, dándo por seguro que Macho iba a aceptar su propuesta.

— Tenemos una banda de alzados por la zona, Macho. Sabemos que eres el que mejor conoces todo esto. Dicen que tú eres el único que sabe dónde pueden estar los tipos. Ayúdanos a encontrarlos. Hemos tenido que meter a una pila de guajiros presos por no querer colaborar con nosotros para coger a esos alzados contra Fidel.

Cuando el teniente acabó de hablar, Macho salió caminando. Casi a la entrada de la casa se detuvo. Dio media vuelta y le dijo al teniente:

— Voy a recoger mis cosas, teniente. Las tengo preparadas. Yo sabía que esta noche iba a dormir preso en el cuartel.

Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press


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