Desde Dentro de Cuba.

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13 de Abril del 2001

CUBA: EL PRECIO DE LA VIDA. Por Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- La gente iba entrando al mercado. A ese lugar algunos le dicen “la feria.” Es un sitio donde se venden productos del agro y cárnicos. Los vendedores son particulares.

El mercado estuvo prohibido en Cuba a los particulares. En los noventas fue una opción que necesariamente las autoridades se vieron obligadas a permitir.

La gente se encaminaban a los enstanquillos de diferentes ofertas. Casi todos iban a mirar. Sólo eso. Los precios para el cubano medio son extremadamente altos.

—Necesito viandas de ese tipo. Tengo un nieto enfermo, pero sólo entra mi salario a mi casa. Estos precios están muy altos. A veces hay que dejar de comer para cubrir otros gastos.

Así dijo una mujer que miraba los productos enseñando la impotencia en sus ojos. Entonces un anciano que la oyó, señaló:

—No recuerdo cuál fue el último día que pudimos comer carne en mi casa. Lo hacemos una vez al año. Es como si este mercado no existiera para los de bajos ingresos.

El anciano miraba la carne y movía despacio la cabeza contrariado. Al rato llegó un inspector estatal al lugar. No saludó a nadie y entró por la parte lateral del estanquillo de las carnes. El anciano lo vio y dijo bajito:

—Ése no tiene problemas. Es inspector. Ahora le dan su parte de carne y se va contento para su casa.

En el grupo de personas junto al estanquillo nadie estuvo en desacuerdo con el anciano. Al rato el inspector salía con un bulto bajo el brazo. Sonreía con malicia al mirar a la gente. Parecía un tipo contento.

La señora de las viandas y el niño enfermo dijo:

—Los inspectores en Cuba viven como ministros. Los particulares se lo dan todo gratis o a bajos precios. Así evitan las multas. Hay dueños de negocios particulares que han quebrado por no privilegiar a los inspectores.

Y en el grupo nadie contradijo a la señora tampoco. Hay mil anécdotas contadas por mucha gente en los mercados cubanos sobre inspectores y cuentapropistas. Siempre gana el inspector. La gente dicen que los inspectores son como un clan indestructible. Se unen para sacar facilidades y están siempre unidos a la hora de apresionar a un particular.

—Nosotros estamos en el medio. Somos los que recibimos siempre el golpe duro. Sólo eso. Para el de abajo sólo hay los golpes y el hambre.

El anciano dijo esto alejándose. Me di cuenta entonces que yo había ido al mercado a comprar algo de viandas con un poco de dinero. Pensé entonces que hubiera sido bueno tener algo más de dinero y ayudar al anciano en su compra. Era un dinero prestado por mi hermano y apenas alcanzaba para comprar lo que yo necesitaba. Pensé también que de todas maneras no resolvería nada ayudando sólo al anciano. Uno puede callar el llanto de un cordero, pero quedan muchos llantos más por callar. Así el asunto no se resuelve.

Salí del mercado y no compré nada. En verdad los precios están muy altos. Eso me hizo recordar también a la señora del muchachito enfermo y que tampoco había comprado nada.

Esto es Cuba, y la vida tiene su precio cada vez más alto.

Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press


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