Desde Dentro de Cuba.

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11 de Abril del 2001

EL MECÁNICO Por Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Rodrigo el mecánico había llegado temprano al aeropuerto. Ahora estaba sentado en la hierba a un lado de la pista. Trabaja en el aeropuerto de la aviación agrícola. Siempre le gustó el oficio de mecánico de aviación. La vida de un piloto en el aire depende del trabajo de los mecánicos. Esa dependencia está en un cincuenta por ciento. El otro porcentaje depende del piloto, claro está.

Ya está aterrizando el primer avión que había salido en la mañana. En el viene el instructor de vuelos. El instructor es un tipo de mal carácter. Rodrigo lo esquiva casi siempre. Casi todos los alumnos que se preparan para pilotos respetan y hasta se puede decir que le temen al profesor instructor. El avión que estaba en el aire va tocando la pista. Ha sido un aterrizaje casi perfecto. Rodrigo se da cuenta entonces que viene piloteando el avión el instructor de mal carácter. Después de taxear el aparato, el instructor apaga los motores. Los aviones de instrucción son de dos motores.

El avión ha quedado parqueado casi al final de la pista. Rodrigo ve que los tres alumnos que venían en el avión salen por un lado de la pista y el instructor se va en dirección contraria. Al rato el instructor llega junto a Rodrigo.

—Fue un día bueno, pero me hubiera gustado volar solo.

Dijo eso parado frente a Rodrigo. Depués siguió caminando. Lo cierto es que Rodrigo no entendió el por qué de la frase del instructor. La explicación vendría días después.

Casi a la hora de almuerzo de ese día se levantó Rodrigo del lugar donde estaba sentado. No había trabajado casi nada ese día. Era la fecha en que su único hermano había partido al exilio hacía ya tres años. Esa fecha le daba tristeza a Rodrigo cada año. Al mecánico no le habían permitido salir al exilio con el hermano. Alegaron que por razones estratégicas, pues labora en un aeropuerto.

En aquel tiempo casi dejan a Rodrigo sin trabajo, pero reconocieron que no hay mecánico en la provincia capaz de suplantar a Rodrigo.

Dos días después Rodrigo está arreglando uno de los aviones. El instructor pasa por su lado. Los dos se miran sin hablar. Entonces Rodrigo recuerda la frase del hombre. No quiere preguntarle al instructor la razón de la frase. Quizás el tipo le dé una respuesta desagradable y Rodrigo quiere evitar eso. Al fin y al cabo perdería en una discusión con el instructor jefe.

Media hora después el instructor llega hasta donde está Rodrigo. Mira trabajar al mecánico. Saca un cigarro y le brinda otro a Rodrigo. Los dos encienden los cigarros sin hablar. Rodrigo no ha dado ni las gracias por el cigarro.

—¿Quieres volar hoy conmigo, mecánico?

Rodrigo deja escapar el humo del cigarro. Mira fijo al instructor y le responde.

—Tiene que ser autorizado, jefe. Son las reglas. El permiso lo pide usted. Además, parece que a usted no le gusta mucho volar acompañado a veces.

El instructor sonrie. Se da cuenta que Rodrigo ha dicho eso recordando la frase del otro día. Entonces bota el cigarro casi entero delante de Rodrigo y se aleja hablando.

—Prepárate para volar dentro de quince minutos. Yo pedí la autorización hace rato. Están echando la gasolina al avión que utilizaremos.

Y quince minutos después están en el aire. Van esta vez en un avión de fabricación rusa, modelo AN-2. Estos aviones han salido buenos para el trabajo de fumigación agrícola. Son sólidos y seguros. Además, son los únicos que hay en Cuba actualmente para este tipo de trabajo.

Rodrigo mira por la ventanilla hacia abajo. La tierra se ve pequeña. El instructor va piloteando. Van saliendo a una parte cercana a la costa. El mecánico se da cuenta que es un itinerario extraño para una prueba de vuelo agrícola.

Mira entonces sorprendido al instructor.

—¿No te gusta la costa norte, mecánico?

Rodrigo escucha la interrogante del instructor dentro de la cabina y se da cuenta que esa interrogante busca una respuesta. Esa respuesta es la decisión de su vida. Pero la tiene retenida hace ya tres años, desde que no lo dejaron salir definitivamente de Cuba con su hermano a los Estados Unidos de Norteamérica. Decide dar la respuesta de su vida.

—Me gusta la costa norte, jefe. Pero lo que más me gustaría sería dejarla atrás con toda la mierda que hay en este país. Coger el norte y reunirme con los míos.

Entonces el instructor sonrie. Le habla a Rodrigo cómplice.

—Carajo, mecánico. Me gusta volar con gente como tú. Pensamos lo mismo.

Entonces Rodrigo se da cuenta que el avión se va alejando de la costa. Sabe que va en un vuelo sin regreso. Empieza a llorar y reir al mismo tiempo. Comprende que el instructor no es tan malo como la gente decía. Llora de emoción pensando en el abrazo con su hermano. Ríe imaginando a los que van a esperar allá en la pista el regreso de un avión y dos hombres que tomaron rumbo norte.

Rafael Contreras, Agencia Abdala, Cuba Free Press


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