Desde Dentro de Cuba.

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09 de Abril del 2001

“SOMOS UNA POTENCIA MÉDICA.” Por Alex Fernández, Agencia Abdala, para Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Lola, que acaba de cumplir los cincuenta años, es una mujer de fragancia sutil, de una figura esbelta muy bien torneada. Es jovial y al sonreir muestra una dentadura blanca muy bien conservada. Es todo un tronco de mujer, dicen los hombres cuando pasan por su lado, o aquellos que a lo lejos la ven pasar. Es una mujer para comentar.

Un buen día Lola presenta un dolor bajo vientre, pero no dice nada ya que piensa que quizás por un esfuerzo en las tareas cotidianas en la casa algún músculo lo tiene dañado. Pero no. No en grandes proporciones. Su idea fue otra cuando al pasar el tiempo el dolor fue arreciando y la respiración era dolorosa. Ya sin perder un minuto más llama a su esposo para que la lleve al consultorio del médico de la familia.

Estando ya en el consultorio, la doctora realiza un reconocimiento físico y palpa un abultamento en la zona del dolor, lo que le recomienda un chequeo más profundo para determinar el padecimiento. Entre ellos le recomienda también un ultrasonido que debería hacerse lo más rápido posible. Lola, alarmada, se presenta en un puesto asistencial para el ultrasonido, a lo que el médico le responde que hace más de una semana que el mismo se encuentra roto. Acto seguido le presenta los demás exámenes y el mismo médico le confiesa que no existen los reactivos necesarios para los mismos que se encuentran en falta ya hace algún tiempo. Lola mira a su esposa con mirada suplicante y con deseos de llorar.

Sin perder más tiempo el esposo de Lola la toma por un brazo y la sube en la bicicleta y comienza un recorrido por todos los centros hospitalarios de su provincia para ver dónde podería realizar los exámenes correspondientes a su esposa. A cada lugar que llegaron la respuesta fue la misma. Lola, desesperada por el dolor que tenía y que a cada rato cuando la bicicleta tomaba un bache, era como si se le desgarrara algo por dentro. Fue transcurriendo el tiempo. El dolor fue aumentando. La desesperación de su esposo, conjugada con el agotamiento físico, iban mirando pasar el tiempo.

Pepe, el esposo de Lola, ya casi vencido por el cansancio, ve a un amigo que trabaja como cirujano en el hospital de provincia. Éste le grita y al llegar a su lado le cuenta todo lo ocurrido, y que no sabe ya que hacer. El médico observa que la mujer se retuerce de dolor y que en su rostro refleja el llanto.

Automáticamente el galeno sale para la carretera y parando un auto, le exija a su amigo que monte a Lola. Éste obedece y el carro sale hacia el hospital.

Pepe llega al hospital, guarda su bicicleta en el parqueo de estas, camina apresuradamente al centro hospitalario y al preguntar por su amigo en el cuerpo de guardia, le contestan que se encuentra en el quirófano, operando un caso de urgencia. Al pasar una horas Pepe ve a su amgio salir y corre hacia él. El médico le sonrie diciéndole: “No tienes porqué preocuparte. Todo salió bien.” Pepe, sorprendido, le pregunta: “¿Qué fue lo que pasó?” A lo que el médico le contesta: “Que el dolor que tenía su esposa era producto de una apendicitis aguda, y que de no intervenirla rápidamente, hubiera tenido graves complicaciones.” Pepe, contrariado, le manifiesta que tantas carreras que dio y nadie le supo decir nada, que gracias a que se encontraron los dos, si no su mujer hubiera tenido consecuencias fatales para su vida.

Ya al rato Pepe visita a su esposa en la sala donde ésta recupera, y al verla la abraza tiernamente y la acaricia suavemente el pelo y deposita un beso un sus labios. Ella correponde, diciéndole: “Ya todo pasó mi viejo. Ve para la casa y tráeme algunas cosas que necesito.” Pepe asienta con un movimiento de cabeza y se marcha. Al salir del hospital se detiene un instante a observar un gran letrero que se encuentra situado a la salida del mismo:

“SOMOS UNA POTENCIA MÉDICA” dice el letrero. Pepe sonrie burlonamente y en su mente surge la tragedia vivida hace unos instantes donde él y su esposa fueron los protagonistas. Sale caminando y balbucea algo entre dientes, mirando indignado para los lados.

Alex Fernández, Agencia Abdala, para Cuba Free Press


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