Desde Dentro de Cuba.

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06 de Abril del 2001

EL VIEJO Por Rafael Conteras, Agencia Abdala, para Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Ahora el viejo recordaba algunos hilos de su niñez. El médico y las enfermeras habían salido del cuarto. La vejez lo tenía atrapado solo. No sabía explicarse por qué la niñez se empeñaba en habitar su mente. Le llegó de pronto y sin permiso.

Una hora antes estuvo inconsciente. En medio del patio del asilo se desmayó. Despertó en su cuarto rodeado de médicos. La niñez esperó la salida del médico y las enfermeras para regresar. Venía como una niñita traviesa. Lo vio reir incluso por las ventanas del cuarto.

En la niñez del viejo, Cuba era otra cosa. Jugaba hasta el cansancio allá en la hacienda de los padres. El siglo estaba casi empezando. Unas veces montaba a caballo con las hermanas. En otras ocasiones se iba al río con los demás muchachos de la zona. La finca estaba ubicada en el centro de un hermoso valle. Casi todo el mundo sabe de ese valle. Se llama Viñales. Las fotos de ese lugar han recorrido el mundo. Ese valle sabe más del mundo que sus mismos habitantes.

Cuando el viejo era niño y se cansaba de jugar con los muchachos que vivían cerca de la finca, se iba a los mogotes del valle y entonces se ponía a soñar que era poeta. Un niño siempre sueña que es poeta. Los pájaros le ponían música a los poemas del viejo cuando era niño. En aquel entonces el niño, que sería viejo, no imaginaba que un día le iba a llegar la vejez. Primero vino la juventud.

Tuvo una juventud hermosa. Sus padres le pusieron los sueños en las manos para que se le diera todo. En el umbral de los veinte años un hermano estaba enrolado en líos de política. Lo mataron una tarde de Navidad. Él era un poco más joven que el hermano que entraban a la casa ese día muerto. Entonces juró que la política sería su destino.

Por el hermano muerto tomó como venganza la política. No hizo caso a las súplicas de la madre. No se dejó intimidar tampoco por las amenazas del padre.

Llegó a la universidad y conoció a otros muchachos que se movían en el mundo de la política. Se dieron a la tarea de hacer política a tiros.

Una mañana salieron en grupo a buscar la muerte. Días más tarde la noticia se regaba como pólvora por toda la isla. Habían atacado un cuartel por la zona de Oriente. Muchos jóvenes encontraron la muerte que buscaron.

Unos años después los que salieron vivos se fueron al exilio. Más tarde llegaron en un barco por las costas de Oriente también. Era como un capricho empezar todo por Oriente. Así estaba escrito desde siglos atrás. Le contaban que había que cumplir con la historia. Casi siempre en política se le dice a los jóvenes que hay que morir para cumplir con la historia.

Subió a las lomas para cumplir con la historia o morir. Tres años más tarde bajó victorioso con los que ganaron. Corría el año de 1959. Cuba y sus hombres serían testigos de otra historia.

El viejo se dio cuenta ahora que la guerra se la había metido en los recuerdos de la niñez. Sólo quería recordar la niñez, pero la guerra no le daba la oportunidad de hacerlo.

Volvieron las memorias de la guerra. Recordaba el Escambray, los disparos rompiendo desde la mañana al monte, la muerte asustando a todos en la sombra de la noche. Estando en el Escambray, supo que le había nacido un hijo.

Pasó el tiempo y se dio cuenta que la vida le había dado el favor de ver crecer a su hijo. Otros no habían tenido esa oportunidad a causa de la guerra desde la juventud. El hijo del viejo creció bajo una cortina de consignas y dogmas impuestos. El muchacho se negó a las enseñanzas de los vencedores como su padre.

—No entiendo la política, papá. Además, creo que te jugaste la vida por gusto. Esto es socialismo y el socialismo se está viniendo abajo en todo el mundo. Papá, el socialismo es mierda.

No dejó terminar a su hijo. Fue la única vez en su vida que lo había golpeado.

El hijo del viejo se pasó la mano por la mejilla golpeada. Miró a los ojos de su padre para hacer un juramento eterno.

—Me voy de esta casa, papá. Házte la idea que no existo. Tú para mí estás muerto. Te dejo con tu política y tu gente.

No supo más de su muchacho. Entonces llegaron los años noventas y la palabra socialismo dejó de ser realidad para convertirse en derrota y capricho. La doble moral se adueñó de todo. Funcionarios, partidistas, militares, policías y civiles entraron en un carnaval que parece ahora inacabable.

El año 2000 le llegó al viejo como un viento de presagios malos. En el mismo mes de enero de antiguas victorias y júbilos, se le murió la esposa. También en enero un amigo de su hijo le enseñó una carta que venía desde lejos en el exilio. Supo que el muchacho vivía en el extranjero a la insignificante distancia de noventa millas, pero aún se empecinaba en dar a su padre por muerto.

En abandono total lo encontraron una noche durmiendo en un parque. Esa noche se dio cuenta que era un viejo. Lo llevaron al asilo de ancianos que hay en esta ciudad. Tuvieron que bañarlo y darle comida. A partir de esa noche, el asilo sería su definitiva casa. Al tercer día en el asilo, la niñez empezó a visitarlo.

Esa mañana cuando el médico salió del cuarto la niñez llegó más cerca de la cama. El viejo se dio cuenta que venía a hablarle. Unos segundos antes de cerrar los ojos para siempre, sintió unas palabras que le entraron a los oídos como un soplo. Entraron con voz de niño, quemándole los huesos, reclamándole que aceptara haberse equivocado.

Rafael Contreras, Agencia Abdala, para Cuba Free Press


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