Desde Dentro de Cuba.

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02 de Marzo del 2001

DECLARACIÓN Por Rafael Contreras, Agencia Abdala, para Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Cuando un hombre presta declaración puede decir mucho. Si esa declaración es al papel, entonces el hombre puede también escribir muchas cosas. Pero a la vez, las está diciendo. Todo el mundo sabe que el escritor es un tipo que dice cosas sobre el papel, aunque a eso le llamen escritura.

Yo podría declarar y decir a quién me lee o me escucha que tal vez escribo como un tipo que desde mis cuarenta y cuatro años mal cumplidos, tengo sobradas razones para decir que la vida es algo ambiguo.

Supe que mi padre fue muerto con apenas veinticuatro años, víctima de una trampa tendida por no se sabe quién. Y cuando eso pasa, uno se siente como alguien verdaderamente frustrado, porque no sabe a quién pasar la cuenta por la traición al padre.

Puedo decir que llevo cuarenta y cuatro años en esta isla y seguiré estando, pero lo haré maldiciendo mil veces a los creadores de mi generación perdida, considerando verdaderos hijos de puta a los que ahora esgrimen la doble moral y le hacen la vida imposible a los que sólo viven con la moral que debe llevar un hombre humano como ley primera.

Puedo alegar también que en estos años no acabo de saber de qué lado vienen las traiciones. Le he visto la cara a la traición en todas partes. Es la mujer perfecta para el oportunismo. Alego que me siento a veces como un hombre con miedo y me siento orgulloso de eso porque sé que cuando el hombre no conoce el miedo, deja de ser humano y entra en fase de bestia. El miedo arrecia cuando uno huele que la traición viene del bando al que uno pertenece.

Me atrevo a declarar también que sufro cuando traicionan a los míos y siento la traición en mi rostro a causa de la traición impuesta al rostro de otro hombre. Declaro que me duele ver gente luchando de este lado y saber que los hay que viven a costa de esa lucha. Me llena de asco saber de esos señores que en torre de marfil siguen rezando para que la sombra no pase finalmente en esta isla. Esos señores temen al sol y salen nada más de noche a visitar los templos con el afán de salvar el alma. Todo eso se ve aquí en Cuba. Declaro que he sabido de gente que le roban a un preso lo que alguien ha mandado desde afuera a la puerta de su jaula. Esos ladrones son de manos frías y cuerpos trasmutantes. Tienen la dicha del carisma que a veces acompaña al bergante.

Me duele declarar que esos bandidos tienen suerte. Van con la suerte de tener enemigos con vergüenza, contrarios que evitan mancharse las manos con el fango de esos rostros.

Voy a declarar que me jode saber que a veces en el mar aramos. Pero sigo con la fe utópica de sacar plantas enormes florecidas de peces.

Yo sé que los oportunistas tienen una hora marcada en el camino de la historia. La traición es un arroyo sucio que derrite las piedras, pero al final de su cauce oscuro, la marea lo devuelve y no lo acepta en las costas próximas al horizonte.

Tengo que declarar que las noches se me enredan y el amanecer me soprende escondido en el fondo de un botella. La mañana me enseña todo el asco que le guardo al alcohol por dentro, y aprendo que soy como el marido que regresa a la mujer que por las noches lo traiciona.

Declaro que esta es la isla de los malamadre. Los hay de este y del otro bando. Pero el viaje se hace más incómodo cuando el enemigo comparte con uno el camarote. Me jode saber que este es un barco errante, un fantasma, una huelga eterna a bordo. De un lado, marinos que claman permiso hacia otras costas. Del otro, están los sucios que lloran por billetes de primera. Estos últimos rezan porque no termina el viaje. En días señalados beben champán y tienen el privilegio de no marearse a bordo, porque viajan en la posición más cómoda. Y juran dejarse matar para que el capitán siga durmiendo allí en su puesto.

Me da rabia declarar que finalmente todo puede ser una gran mierda, pero voy a seguir en este bando confiando en la limpieza.

Concluyo me declaración dando gracias a Dios por regalarme las palabras y enseñarme a rumiarlas con las rabias, para ponerlas en negro sobre el papel inventado por el hombre.

Firmo declarando que confío en Dios, en que hay hombres buenos y en el papel, que puesto al sol, recibe estas palabras.

Rafael Contreras, Cuba Free Press


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