Desde Dentro de Cuba.

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12 de Febrero del 2001

EL ÚLTIMO GALLERO. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Los gallos mejor cuidados del mundo son los de Espinosa. Él lleva una vida en lo de los gallos. Mantuvo a su familia con lo que ganaba en los gallos antes del ‘59. Ahora está sin trabajo y los gallos de pelea están prohibidos en Cuba desde el mismo año ‘59. Pero a ningún cubano le puede prohibir nadie el gusto por los gallos, y mucho menos si ese cubano se llama Espinosa.

Yo estaba de visita en la casa de Espinosa. Es una casa limpia y con un patio fresco. Ahí tiene Espinosa sus jaulas con los gallos. Tiene jerezanos, canelos, indios, españoles y criollos puros. Espinosa estaba probando un criollo con un topetón. Le había tapado el pico con tela al topetón y le tenía tapadas también las espuelas. A los topetones se les hace esto cuando se va a probar un gallo nuevo para evitarle heridas.

—Este criollo es el mejor de mi cría. Es corredor. Ahí es donde se van a equivocar con él.

Entonces Espinosa me explica las cualidades del gallo corredor. Al comienzo de la pelea el corredor empieza a dar vueltas por el ruedo de la valla. Un corredor tiene que tener buenas piernas (así le dicen los galleros con respeto a las patas de los gallos) y saber cansar al contrario. Los corredores siempre desconciertan a los contrarios. Cuando el gallo contrario se cansa de perseguir al corredor es cuando el corredor se vira atacando y empieza a meterle la muerte dentro.

Soltó los dos gallos y empezó la pelea de prueba. Juro que fue una de las peleas de prueba más lindas que he visto en mi vida. El topetón era bueno persiguiendo. Pensé que se iba a cansar finalmente el corredor. Para sopresa mía, todo fue al revés. Espinosa me había dicho que su corredor era bueno y el gallo no lo hizo quedar mal. Sin esperarlo nadie y mucho menos el topetón veterano, el gallo corredor se viró y soltó las espuelas al aire. Marcó limpio y en seguida el topetón empezó a sangrar por el pecho. Sangraba abundante. Espinosa los separó.

—Le dio limpio en la vena. Un poco más y lo mata.

Entonces el sobrino de Espinosa se llevó el topetón a curarlo. Esa misma tarde Espinosa me invitó a la pelea del otro día por la mañana. Ya empezaba la temporada. De diciembre a julio es la buena temporada para la lidia de gallos finos en Cuba.

Salimos esa mañana desde bien temprano. El criollo de Espinosa iba tranquilo en el saco de transportación. Llegamos a la valla entre los primeros.

Al rato aquello estaba repleto. Era la primera vez que yo visitaba esa valla y me pareció buena. El aserrín del ruedo estaba limpio y parejo.

La tercera pelea casada fue la de Espinosa. Al criollo le tocó con un jerezano. La gente empezó a aplaudir con locura cuando vieron el gallo de Espinosa. (Yo les dije al empezar este escrito que Espinosa es el mejor gallero del mundo.) La sorpresa fue grande cuando vi quién era el dueño del gallo contrario al de Espinosa. Era el policía nuevo de aquella vez cuando Espinosa tuvo que matar su jerezano porque el tipo se lo quiso quitar por medio de chantaje. El policía entró confiado a la jaula. Iba vestido de civil, pero llevaba la pistola de reglamento por dentro de la camisa y la lucía altanero.

Hicieron el pesaje y anunciaron que los dos animalitos estaban parejos y podían pelear. Entonces comenzó la pelea.

El corredor de Espinosa arrancó empleando su táctica. Dio unas cuantas vueltas al ruedo y se iba esquivando los golpes del jerezano del policía. Ahí la gente gritaba con locura. Aseguro que hubo quien hasta se comió un sombrero. Espinosa me buscaba entre el público. Él estaba bien abajo en la valla pegado al ruedo. Entonces sonreía haciéndome una seña cómplice cuando yo lo miraba.

Y a la octava vuelta el corredor se viró. Se detuvo en seco. Parecía haber recibido una orden silenciosa de Espinosa. Se detuvo y saltó. El jerezano le entró por debajo en la carrera sin poder detenerse y ahí mismo recibió el ataque del criollo corredor. Fue un golpe limpio desde arriba. El jerezano se tambaleó. Entonces intentó un giro. El corredor salió otra vez. Fue cuando el jerezano cometió el último error en su vida de gallo de pelea. Víctima del engaño, siguió en su carrera desesperada sin recordar que iban a faltarle piernas. Cuando el corredor se detuvo para atacar, todo fue más fácil. Ya el jerezano estaba cayendo sofocado.

El corredor lo terminó rápido. Dio dos golpes de espuela bien limpios como el anterior y luego picó duro a la cabeza. El jerezano buscó el cielo con la mirada y se fue cayendo con la muerte metida dentro. La enorme algarabía me hizo despertar de lo que me parecía un sueño. Aquel gallo de Espinosa era el mejor corredor del mundo. Espinosa caminó para arriba del policía nuevo y tendió la mano, cobrando su dinero. El policía le dijo:

—Me ganaste, guajiro. La mía será en otra ocasión.

Espinosa lo miró de arriba abajo y le dijo sin miedo:

—Esta fue por el jerezano de oro que me querías quitar aquella vez y tuve que matar. Cogí desquite y fue esta vez en una pelea limpia. Dáme mi dinero.

Nada más que el policía le pagó a Espinosa, nos fuimos. Llegamos al pueblo casi de noche. Los tres ibamos contentos, Espinosa, su sobrino y yo, y me atrevo a decir también que el gallo corredor iba contento. Espinosa me confesó algo antes de despedirnos.

—Yo sabía que este policía tenía un jerezano. También sabía que peleaba en esa valla sus gallos. Lo hace escondido igual que nosotros. Ahí era donde yo podía coger mi desquite por lo que me hizo con mi gallito jerezano. Preparé este gallo durante mucho tiempo. Ese desmadrado me hizo matar aquella vez mi jerezano. Ahora le tocó poner el del.

Entonces me convencí una vez más de la clase de gallero que es mi amigo el guajiro Espinosa. Un tipo que va al desquite sin trampas. Si un día en la tierra queda un sólo gallero con vergüenza, ese último gallero será el guajiro Espinosa, mi amigo, el mejor gallero del mundo.

Desde el Centro Informativo Abdala en Pinar del Río para Cuba Free Press:

Rafael Contreras


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