Desde Dentro de Cuba.

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10 de Febrero del 2001

DEFENDER CON AMOR A LOS PRESOS. Entrevista con Amelia Rodríguez Cala. Por María del Carmen Carro, Cuba Free Press.

La Habana.- El encuentro con Amelia Rodríguez Cala, la mujer que podría un día tener a su cargo la defensa de mi destino, se me antojó en extremo especial. Su apartamento, ubicado en la zona capitalina de Miramar, es acogedor y sencillo, quizás hecho para rendirle homenaje a su anfitriona.

Amelia, la abogada en que todos los disidentes ponen sus esperanzas, manifiesta:

“No puedo marcar el momento en que iniciara defensa de los disidentes. Para mí los disidentes son individuos que necesitan una asesoría legal. Tienen sus puntos de vista. No me dedico exclusivamente a la atención de disidentes. De manera general realizo mi trabajo.”

Me mira fíjamente y continua su conversación con un lenguaje sencillo y ameno.

“Mire, llevo mucho tiempo defendiendo disidentes con connotación nacional e internacional. No me considero bandera de disidentes. Soy simplemente su abogada. Yo defiendo en tanto en cuanto la conducta de ellos transgrede o no una norma y la defensa la hago en un tribunal. No la hago en la radio ni en una embajada, porque detrás de esto no busco ganancias secundarias.”

Y me pregrunta de forma inquisitiva: ¿Usted me entiende? y continua su diálogo entusiasmada con el tema.

“En un tribunal digo sobre un acusado porque es en el tribunal y es allí donde está el personal facultado para decidir sobre mi representado. Lo hago allí porque estoy jurada con su defensa y estoy obligada a defenderlo con la calidad que se requiere con independencia de su ideología política.”

Pregunté entonces a la exclusiva abogada. Usted ha participado en la defensa de varios disidentes. ¿Ha tenido problemas por eso?

“No. No puedo decir que he tenido problemas con estas defensas. Participé en la defensa de dos de los firmantes de “La Patria Es De Todos”, Martha Beatriz Roque Cabello y Vladimiro Roca Antunes. Además, defendí el caso de un documental que se llamaba “Un Día Cualquiera” que casualmente el autor era mi alumno en la universidad, Jorge Crespo. Lo defendí y su condena de quince años la rebajaron a tres años.”

A mi pregunta, Doctora, ¿usted considera que en Cuba hay justicia?

“Bueno. Nosotros tratamos de coadjuvar que se haga esa justicia.” Y repite: “Tratamos de que se haga. Mira, en el caso de Vladimiro Roca, que asumí su defensa, le pedían seis años y logré que se le rebajaran a cinco años. Independiente a si es correcto o no, esa condena de seis años se logró rebajar en algo.”

¿Usted considera justo el caso de Vladimiro?—pregunté.

“En el caso de Vladirmiro uno de los motivos de mi recurso de casación estuvo en el hecho cierto que siendo un grupo de cuatro, la sentencia debía haber sido igual. No fue así. En el caso de Martha Beatriz”—prosigue la abogada—“también en el caso de ella, es una sentencia menor a los demás.”

Con Vladimiro, ¿que ocurrió con él?—pregunté. ¿Por qué no está en libertad condicional como los otros firmantes?

“El caso de Vladimiro es que se ha cogido a ningún sistema de reeducación. Él tiene un conjunto de beneficios que la ley le da. Si él no los solicita, pues la ley no se los otorga, aunque la ley es una letra muerta en el caso específico de él. Él puede hacer uso de eso, pero no lo hace.”

Doctora Amelia, ¿por qué el gobierno de Castro pone a disposición de los tribunales a los disidentes? La abogada, que no pierde en el diálogo su entusiasmo, responde:

“Por ser disidentes en el sentido estricto de la palabra, no hay individuos presos. Hay presos en tanto en cuanto en lo actual transgredan una norma escrita. Por ejemplo, en el caso de Martha Beatriz, yo no puedo decir que Martha haya cumplido por ser disidente. La acusaban de hechos concretos y no porque sea disidente que es una cosa diferente.”

¿Qué diferencias existen para usted entre la defensa de un preso político o un preso social?

Amelia se pasa la mano por la cabeza y responde:

“Yo tengo la luz para todos mis defendidos exactamente igual. Y en esto no hay distinción. Esta diferencia que ustedes hacen entre presos comunes y disidentes, para mí no existe. La defensa para mí es básicamente técnica.”

Y a esa defensa, Doctora, ¿no le agrega un poquito de amor?

En la respuesta de la abogada hay un sentimiento incalculable. “Siempre se lo pongo. Siempre se lo he puesto. La única esperanza que tiene un individuo preso es su abogado, y nunca quisiera quebrar esa esperanza. Esa luz que representa un abogado y nunca voy a permitir que esa luz se apague. De manera que siempre que voy a un juicio y me pongo la toga, me la pongo con el mismo espíritu.”

La última pregunta: Amelia, usted viajó recientemente a Estados Unidos. ¿Reconoció el exilio cubano su trabajo?

“Sí. Sentí el reconocimiento de mi trabajo. Regresé a Cuba porque realmente estoy satisfecha con mi trabajo. Es la razón de mi vida, y la razón de mi vida está aquí en Cuba. Aquí están mis raices, aquí están mis presos.”

Desde el Centro de Información Sobre Democracia reportó:

María del Carmen Carro, Cuba Free Press


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