Desde Dentro de Cuba.

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11 de Enero del 2001

AHORA, ¿DE QUÉ SE VA A REIR UNO? Por Reinaldo Cosano Alén, Cuba Free Press.

“Cuando yo era niño, la maestra me castigaba porque me reía mucho en el aula. En realidad no me burlaba de nada, ni de nadie. Yo me reía de todo. Todo me causaba gracia y risa. Ahora, ¿de qué se va a reir uno?”

Me contó con cara hosca, José Manuel Rodríguez, un maestro jubilado. “¡Hasta cuando, Dios mío!” Claman muchos cubanos. Demasiado cubanos. No ven ni el momento ni la posibilidad inmediata del cambio. De soplos libertarios. Les han machacado mucho la mente con la ficción de que el partido y la revolución son eternos.

Los hay tan convencidos de este fatalismo político que Ramona, una buena amiga católica, ha llegado a decir: “Cuando le hablan a Fidel Castro de soltar un poco la mano, darnos un poco de libertad, de hacer cambios, estoy segura que si él se quedara mudo, con su dedo autoritario diría: ¡No!”

Continua Ramona: “Muchos se refugian en los templos para buscar un espacio y no perder la fe porque saben que Dios todo puede cambiarlo.”

Los de un bando político piensan: si Estados Unidos levantara el embargo sobre Cuba, ¿a quién Castro echaría la culpa por sus desastres económicos?

Los de otro bando razonan: “Si Estados Unido levanta el embargo, ¿hasta cuando se prolongará el sufrimiento del pueblo cubano, porque el peor embargo (o bloqueo, como gusta llamarlo Castro) es el que tiene impuesto sobre el pueblo cubano.”

Un estudio científico realizado por la Universidad de Maryland en Baltimore, Estados Unidos, y presentado en la reunión científica anual de la Asociación Estadounidense del Corazón, de Nueva Orleans, en noviembre del 2000, afirma (según la agencia DPA) que la risa reduce el riesgo del infarto, que no hay dieta ni medicamento alguno que mantenga el corazón tan en forma como el buen humor y el reir.

Pero anticipandose a ese corolario científico al menos 60 años antes (no podría precisar exactamente desde cuándo) la popular publicación de Estados Unidos, Selecciones del Readers Digest, tenía (¿o tiene? No lo sé: la más reciente la leí hace 40 años, cuando fue suprimida en Cuba) una sección fija de chistes y graciosas ocurrencias con título muy elocuente: “La risa, remedio infalible.”

Y esto cuando ni por asomo alguien pensara en esta otra concluyente aseveración de la Universidad de Maryland: “Hacer ejercicios, comer sano y reirse más veces al día, es la mejor receta para favorecer el corazón.”

No en balde el Anuario Estadístico del Ministerio de Salud Pública de Cuba, de 1999 señala como primera causa de muerte en Cuba las enfermedades del corazón.

“El stress, como está confirmado (dicen los de Maryland) ejerce una influencia negativa sobre el endotelio, la capa protectora de los vasos sanguíneos y puede desatar una serie de procesos infecciosos que fomentan los depósitos de lípidos y colesterol en los vasos sanguíneos y conduce en último término al infarto.”

Como colgando de una nube han quedado aquellas magníficas palabras del Papa Juan Pablo II en su visita pastoral a Cuba en enero de 1998: “Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba.”

Pero hay que enmendar la plana: “Que primero Cuba se abra a Cuba, que sean soltadas amarras, que se liberen las fuerzas productivas para que haya competencia y competividad, libertad y respeto a los derechos humanos y ciudadanos, porque con tantas miserias, desgracias, falta de libertades y de esperanzas... ¡¿de qué se va a reir uno?!

Reinaldo Cosano Alén, Cuba Free Press


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