Desde Dentro de Cuba.

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08 de Diciembre del 2000

DECIR AMIGO: A UN AMIGO DEL ALMA. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Decir amigo en la distancia lleva algo de neblina. El amigo lejano es como la infancia que una vez de un tajo nos quitó la vida. Ayer hice memoria y recordé mi escuela. Escuché voces y risas lejanas. Supe de pronto que una vez fui niño. Entonces recordé la primera vez que dije la palabra amigo. Todos los juegos se vistieron de lujo. Amigo es la palabra que le da brillo a las cosas.

Yo tengo un amigo del alma en la distancia. Ese amigo que tengo nació un día hermoso. Sus padres le dieron la suerte de traerlo al mundo en una fecha en que los hombres decidieron de una vez declarar en una carta que vale la pena ser humanos. Mi amigo es Sagitario y las flechas que lanza desde su caballo son las flechas del saludo. Nuestra amistad nació en el trabajo. La amistad nacida en el trabajo es más hermosa. Cuando dos hombres hablan de trabajo se dicen las verdades más completas. Yo nunca he visto a mi amigo pero siempre he tenido el capricho conformista de mirarle los mil rostros de la pureza. Todo el agua del mar que nos separa ahora no será suficiente para separarnos el apretón constante que nos pusimos en las manos.

Me atrevo a decirle en estas líneas a mi amigo todas estas cosas y es porque la amistad justifica lo bello. Anoche yo soñé que eramos niños y nos conocíamos de cerca. Sus padres hablaban con los míos. El tiempo era como una cortina de caramelo en el portal de las dos casas. Nos saludamos para despedirnos y ya eramos más viejos.

Tuvimos un camino largo para volver a conocernos. Yo sabía que en algún lugar del mundo estaría aquel con el que compartí silencios y juegos. Lo encontré hablando mi idioma que para mí es extraño. Los días nos fueron enseñando que nos conocíamos de siempre. Ahora conversamos en una lengua diseñada por nosotros. Dibujamos los gestos con risas y encuentros de lunes y viernes. La vida nos tiene escondida la promesa de poder llegar a vernos.

Yo sé sobradamente que esta semana me traerá un domingo triste. Mi amigo estará de cumpleaños y yo estaré aquí en Cuba encendiendo para él la vela de lo distante. Cortaré un enorme pastel con merengues de nostalgia. Pondré una copa en mis labios con néctar de recuerdo. También yo sé sobradamente el domingo será un día bien hermoso. Los hombres de este mundo se acordarán que son humanos y van a llenar el aire con reclamos y derechos.

Una vez mi abuela me había dicho que la distancia se parecía al viento y que hacía morir del fuego pequeño y ayudaba a crecer grande. Me hubiera gustado mucho que la muerte respetara los años de mi abuela, dejandole algo de tiempo para conocer a este amigo que ahora tengo. Mi abuela evaluaba amistades y tenía visión certera para hacerlo. Desde cualquier lugar del cielo ella me celebra tener el amigo que tengo.

Voy a decirle por último a mi amigo que los días se me llenan de esperanzas. En la puerta de mi casa hay una campanita para la mano amiga que va a llegar un día desde lejos. Cuando esa campana suene nos va a sorprender el tiempo. Estaremos en un patio con pantalones cortos. Nos reiremos del mundo y retaremos los años. La vejez será como un arroyo fino donde descansaremos los juegos.

Uno piensa que es mejor dejar de escribir en días como este. La palabra amigo debe ir dibujada en el cielo. Yo voy a escribirte un día en la punta de una nube. Las letras se verán más allá de la agua salada y ahogados de naufragios impuestos.

La palabra amistad es la música perpetua de nuestros cumpleaños remotos. Bailemos los dos con ella aunque no podamos vernos.

Felicidades en tu 10 de diciembre. Las hago extensivas a los demás hombres y mujeres de este mundo. Los amo a todos.

Rafael Contreras, Cuba Free Press


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