Desde Dentro de Cuba.

Distribuido por Cuba Free Press, Inc. - http://www.cubafreepress.org

10 de Noviembre del 2000

PÓLVORA MILAGROSA. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press

Pinar del Río.- Dicen que es única la gracia del cubano. Es única también la certera puntería que tiene a la hora de poner nombres a las cosas. Entiéndase que me refiero a la ancestral sabiduría que enseña el cubano a la hora del rebautizo, renombrar. Cito ejemplos:

La palabra “fonda” ha desaparecido ya del argot popular en Cuba. Por obra y gracia de la trama en una novela brasileña importada, la palaba fonda fue sustituida por “paladar”.

El segundo ejemplo que traigo es referente a los ómnibus de factura nacional aparecidos en pleno período especial, los camellos. Usted ve uno de esos ómnibus y de inmediato razona conmigo y aprueba lo dicho por mí al iniciar este trabajo referiendome a la puntería del cubano a la hora de colocar sobrenombres a las cosas. Pero el tema que me ocupa en la crónica de hoy no son las paladares y tampoco los camellos.

Antes de los noventa el estado cubano tenía entre sus prohibiciones más caras la tenencia de dólares por parte de los residentes en la isla. Veinte años de prisión era la pena aplicada al hallado culpable por tenencia en su poder de la moneda norteamericana. Hubo suicidas que asumieron el reto. Aceptaron jugarse el todo con el objetivo de lograr algo. Veinte años es todo o casi todo en la vida de un hombre. Cuando a una persona se le dice que va a prisión por un tiempo de veinte años, esa persona comienza a darse cuenta que va a perder todo o casi todo en su vida.

Doy esto como adelanto y usted podrá darse cuenta de la situcación en Cuba antes de los noventa en cuanto al dólar. Los que traficaban la moneda prohibida llevaban a cabo los negocios con extranjeros de visita en la isla. Tuvieron la idea de nombrar al dólar con un singular nombre a lo cubano: Fula.

Hace unos días un amigo me regaló un libro sobre reglas de palo monte (religión afrocubana) sabiendo que mi hijo es estudioso del tema. En mi casa estuve mirando el libro y vi que contenía a modo de apéndice un glosario. Descubrí la palabra “fula” y comprobé que significa pólvora. Una vez más me convencí de la sabiduría cubana cuando de renombrar cosas se trata. La lógica era evidente. Mentalmente tracé una formula: Dólar = Fula = Pólvora = 20 años, similar a explosión. Perderlo todo o casi todo.

Los noventa llegaron con la caída del campo del socialismo real. La economía cubana, principal deudora de ese campo, colapsó. A modo de estrategia salvadora el estado cubano decidió legalizar la tenencia de dólares en la isla. El dólar salió libre a la calle pero se le sigue diciendo “fula” (pólvora) y caben mil razones más ahora para nombrarlo así. Con la entrada del poderoso verde a algunas familias cubanas, el cambio es evidente. Relaciones de amigos que sólo un imprevisto de la vida o la muerte podían interrumpir, han volado por los aires a consecuencia de la mezquindad, la ambición y la envidia. La causa: el fula, la pólvora verde del milagro.

La cúpula no queda al márgen. Al contrario, al nivel alto las explosiones han sido mayoritarias. Más de un ministro, incontables gerentes de nuevo tipo, funcionarios hasta ayer incorruptibles y hasta un canciller que parecía intocable, han sentido bajo sus cómodos butacones de elite el ensordecedor estruendo de la ambición y aun vuelan por los aires sin saber lugar seguro donde caer definitivamente.

El fula todo lo puede. El dólar (pólvora), la mejor y más eficaz llave para abrir los inauditos lugares de la prohibición y lo imposible. Casi todas las tiendas en Cuba ofertan ventas a cambio del dólar. Si usted vive en la isla y tiene dólares, puede adquirir los más variados productos traídos del mundo desarollado. También tendrá acceso a lo que hasta ayer eran exclusividad de la elite dirigente en el país, productos de factura nacional, refinados, no hechos para el criollo que anda a pie. Usted puede adquirir todo esto pero lo primero que usted tiene que hacer es buscar la vía de adquirir el dólar. Al cambio actual un dólar es equivalente a veintidos pesos cubanos. Cito un ejemplo. Supongamos que usted llega a una tienda. Ve un pantalón que cuesta veinte dólares. Se da cuenta que es un buen pantalón. Decide comprarlo. Pero si usted saca cuenta y ve que tiene que entregar a un vendedor de dólares clandestino 400 pesos cubanos para tener los veinte dólares, entonces sigue sacando cuenta y se percata de que va a pasar mucho tiempo sin poder comer a causa de ese pantalón. A esto le agrego que usted sea trabajador simple (el salario medio del trabajador simple cubano es de 150 pesos) y esté responsabilizado con la mantención de su familia. Irremediablemente usted va a optar por no comprar el pantalón. No conozco de nadie que hasta ahora haya decidido comerse un pantalón.

Así las cosas en Cuba. Sale ganadora la gracia del cubano con otro de sus acertados sobrenombres. La palabra fula entra en el argot cubano de estos tiempos hermanada a la moneda dura norteamericana, logrando en la alquimia de palabras el nacimiento de una pólvora milagrosa.

Los fulas continuan entrando a la isla. El régimen cubano sigue aflotando a la deriva tras un recorrido sin frutos de 41 años, pero ahora lo hace sobre un barril de pólvora. La formula es harto conocida. Todos la saben: Dólares = Fula = Explosión. Sólo falta hallar la mezcla perfecta para el estallido soñado por tantos.

Rafael Contreras, Cuba Free Press


CUBA FREE PRESS, INC.
P.O. Box 652035
Miami, FL 33265-2035
Phone: (305)270 8779 -- Fax: (305)595 1883

E-mail: mailbox@cubafreepress.org
Home: http://www.cubafreepress.org
Copyright © 2000 - Cuba Free Press, Inc.