Desde el Exilio Cubano.

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31 de Octubre del 2000

Repuesta de un Anónimo a escritos del Sr. Alberto Luzárraga, El Centro Cubano Miami, Florida, EEUU

He leído con detenimiento sus artículos publicados en internet en la página El Centro Cubano y aunque coincido con ustedes en muchos puntos deseo hacer algunos comentarios.

Cuando hace poco tiempo logré escapar de Cuba pensé que nunca miraría hacia atrás, me parecía que corría y corría y que no me detendría jamás, necesitaba trabajar, comer, vestirme, reunificar mi familia, y conocer, sobretodo conocer lo que era el mundo, porque no entendía casi nada, no sabía como iba a lograr subsistir por mi propia cuenta.

Cuando yo nací ya estaba el gobierno actual en el poder y ni siquiera había tenido contacto directo con otras personas que se habían escapado antes, no tenía familia en el exterior.

Soy profesional, y a pesar de tener una vaga idea de lo que me esperaba, fue traumático para mí.

El cubano medio, fundamentalmente los jóvenes, tienen una idea tergiversada del capitalismo, creen que salir de Cuba y convertirse en "millonarios" son sinónimos, no voy a entrar en el análisis de por qué se ha llegado a este punto de ignorancia porque creo son muchos los factores, aunque es algo que se debe discutir en algún momento.

Yo quisiera preguntarle si usted cree que los cubanos en el exilio tengan una idea clara de lo que es Cuba física y moralmente a estas alturas.

Cuando yo estaba allá sentía que existía una barrera enorme entre ustedes y nosotros porque hay cosas que no se pueden comprender si no se viven, cuando escuchaba de indemnizaciones de propiedades de los años 50 no podía creerlo, la gran mayoría de la fuerza productiva cubana nació después del 59, para nosotros lo que la gente tenía antes es algo lejano e inexistente, y es que realmente no existe casi nada, en Cuba pasó un terremoto, que va por 41 años, todo esta devastado, incluyendo a las personas.

Entiendo que habrá que crear una base legal lo más justa y equitativa posible, pero me deja sin aliento imaginar lo que va a suceder cuando las personas comiencen a reclamar propiedades de más de 40 años atrás, sin contar que una misma propiedad va a tener varios dueños.

Cuba va a necesitar mucha unión como usted mismo dice, no quiero ser pesimista, pero después de observar disputas tan vergonzosas como la del tristemente célebre Elián, sólo puedo preguntar ¿qué hacer para borrar tanto resentimiento acumulado durante más de 40 años de una política de división, de hacernos tirar piedras, huevos, tomates podridos, de ofendernos mutuamente?, ¿Alguien tiene alguna idea? Yo no.

Tal vez me equivoco, pero habitualmente las gentes en el exilio piensan que los cubanos que estamos en la isla somos manipulados, y se sienten ajenos a esta manipulación, sin embargo han existido situaciones a lo largo de estos años en los que he pensado y aún creo, que la "contrarrevolución" en Miami está dirigida por Fidel Castro, se han prestado tanto a su juego que yo personalmente, y creo es el sentir de muchos en Cuba, no confío en nadie.

Por eso pienso que aunque no es lo primero, si es importante y debe comenzarse ya lo que usted dice en su contrapartida:

"Es por ello, que la labor de educar a la población en lo que se aspira a hacer y en las dificultades del proceso es vital. Sólo un gran cociente de solidaridad social logra disminuir al máximo el flujo y reflujo de los problemas, y evita que los sectores desafectos entorpezcan el proceso de tal manera que lo retrasen o lo hagan imposible de momento."

Y fíjese que digo que ya, y es tarde, pero ¿cómo se llega a las gentes allá?, existe un aislamiento increible, por otro lado ellos están más preocupados en sobrevivir que en el futuro del país que se ve como algo muy distante y que no llegaremos a ver. Pienso que si la política del gobierno americano hubiera sido más inteligente, si la política de la resistencia en el exilio hubiera sido más unida y coherente y si las gentes en Cuba tuvieran menos miedo y más lleno el estómago, entonces sí pensarían en las rejas invisibles que rodean a nuestra isla y todo esto hubiera llevado a un acercamiento de todos y al fin del desastre

Pero la política del Estado cubano actual ha sido precisamente esa, necesitan del hambre nuestro para sobrevivir ellos, y con hambre no se piensa, lo digo por experiencia propia, mi único pensamiento era huir, y gracias a que muchos hemos huido facilitamos el trabajo de ellos.

Los que estamos en la Isla nos sentimos humillados, aislados. Antes, una de las propagandas del gobierno era que no había mendigos en las calles, hoy miro con tristeza que en mi país no hay otra cosa que mendigos que necesitan de ustedes para sobrevivir, que de tanto tiempo que ha pasado sin que el trabajo constituya una forma digna de ganarse la vida, no lo valoran en su justa medida.

Sé que la comunidad en el exilio es la única esperanza de los que están dentro, sé que gracias a ustedes medio nos vestimos y medio comemos, es una situación de rehenes que comenzó en los 80 y no se detiene, estamos cautivos. Me pregunto cómo vamos a pensar qué hacer cuando esta situación termine algún día, si aún no sabemos como le vamos a dar fin.

Esta es la prioridad, ponerle fin a esto.

Aunque salí muy pesimista de Cuba y aún sé que lo estoy, siempre confié en las personas, creo en el amor y es algo que no quisiera perder jamás, porque me sostuvo de pie en los momentos más difíciles. Los cubanos necesitamos mucho de ese amor, necesitamos llevar a la isla no sólo dólares que irán a parar a manos del estado para mantener la cadena, necesitamos con urgencia llevar AMOR, COMPRENSIÓN, necesitamos que las gentes se unan, no en una guerra, sino en una resistencia pasiva que involucre a todo el pueblo cubano (los que están dentro y los que están fuera), necesitamos que las gentes coman para que puedan pensar y comprender y para lograr esto, lo primero es que el exilio unido y como una sola voz lleven este mensaje a todos en Cuba.

Cuando yo estaba allá, pedaleando mi bicicleta, con hambre, sin esperanzas, no sólo necesitaba un plato de comida para satisfacer las necesidades de mi cuerpo, mi espíritu también necesitaba mucho, necesitaba escuchar de ustedes "aquí estamos y te apoyaremos para terminar esta pesadilla, lo haremos todos juntos porque todos somos cubanos" y no "aquí estamos y te quitaremos lo poco que tienes, que hace 40 años era mío, cuando algún día termine esta pesadilla que estás viviendo". Esto ha sido y es muy bien utilizado por el Estado cubano, favorece la división, premisa que es absolutamente necesaria para su supervivencia.

Repito, estoy de acuerdo con su contrapartida:

"La contrapartida para el exilio es aceptar que el principio de legalidad se debe sustentar pero que en muchos casos la indemnización podrá ser muy modesta porque no hay para más."

Pero quizás no es el mejor momento para manifestarla, es como poner la carreta delante de los bueyes. Esto, aunque es justo y muy normal para los que viven en libertad y tienen sus necesidades cubiertas y su autoestima en alto, es aterrador para el que está en cautiverio, no tiene nada, está indefenso, esto les parece una amenaza.

Por eso creo que se debe priorizar por sobre todas las cosas la Unión Nacional, y que esa unión debe estar basada en el AMOR Y EL PERDON, porque sin dudas tenemos mucho que perdonarnos, y tendremos que amarnos mucho si queremos algún día mirarnos de frente, sin mentiras, sin temores y sentirnos orgullosos de ser cubanos y no como hoy en día que nuestros niños desean "ser extranjeros" cuando sean grandes, es algo que da dolor.

Esa es la razón por la que este correo quiero hacerlo llegar no sólo a los que están en el exilio, también quiero que llegue a los que están en Cuba, sentados en una oficina del Estado, con algunas prebendas porque están precisamente allí, con un computador, que ya es un privilegio, pero no por eso dejan de ser cubanos, ni están ajenos al drama de nuestro pueblo, no por eso no necesitan un mensaje de AMOR y que alguien les diga estoy con ustedes y cuando todos juntos salgamos de esa pesadilla pueden contar conmigo para reconstruir a nuestro país, que es el sitio de donde nunca debimos haber salido, donde deben crecer nuestros hijos orgullosos de estar allí.

Gracias a todos los que envían ayuda a sus familiares cautivos.

Perdonen si no firmo con mi verdadero nombre, ya lo dije, no confío, pero aún los amo.

Anónimo, ya en el exilio.


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