Desde Dentro de Cuba.

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30 de Octubre del 2000

EXILIO: UN ESTIGMA CUBANO. Por Rafael Contreras Bueno, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Martí sufrió el exilio hasta en los huesos. Cada carta que dejó escrita, cada declaración íntima o pública dejada por su puño y letra era un lamento a la distancia impuesta.

La metrópoli española tenía como condena alternativa a la muerte el destierro. Los cubanos sabemos sobradamente que José Martí padeció fiebres de nostalgia por la patria arrancada a las fuerzas. Finalmente organizó su guerra necesaria y vino a morirse a Cuba. No valieron esfuerzos de jefes militares ni súplicas de amigos. Cuba llamaba demasiado fuerte a las puertas del pecho. Era preferible morir peleando en suelo patrio a morir de dolor en los pantanos de la distancia.

Antonio Maceo hizo hasta lo imposible por evadir el destierro. Salió al combate en una guerra chiquita que no valió la pena. Fue obligado definitivamente a salir al exilio por Santiago de Cuba. Más tarde en el ‘95 aceptaba la propuesta de Martí y Gómez y venía a morir por la patria desde adentro.

Muchos son los ejemplos. El exilio siempre fue un estigma que lastimaba la carne. Estamos convencidos que la sigue lastimando. El quetzal es pájaro y llora hasta morirse cuando lo sacan de su natal suelo. El ser humano está creado para sufrir y además para analizar por lo que sufre. La tristeza es doble.

Al triunfo de la revolución castrista llega la ola del exilio. Esta salida tiene otra característica bien diferente a lo ocurrido en el siglo diecinueve con los cubanos que hacían patria. No existe destierro el la Cuba de ‘59 pero embriona el exilio voluntario (entiéndase económicos) para los que habían logrado fortunas y las ven amenazadas. Estaba el exilio de opción por parte de los adeptos al régimen de puesto (batistianos). Esto de los años sesenta fue preámbulo a lo que después sería folklore actual: el sueño cubano de la visa a Estados Unidos.

Viajar es un derecho que concierne a todo ciudadano libre. Moverse de un lado al otro de este mundo cada vez más íntimo. Saberse libre, conocer de costa a costa la casa grande. El mundo entero viaja. Conoce y casi el mundo entero que viaja regresa a los olores de la infancia, a la raíz, a la patria. En Cuba el viaje que se hace es sin regreso. En muchos casos la gente sale odiando.

La importancia del estigma cubano del exilio voluntario no radica aquí en el ciudadano que por opción prefiere salir al sentirse aplastado por la incertidumbre económica y futura. Lo que lleva análisis es el otro aspirante a exiliado. Nos referimos al que se identifica como luchador por los derechos humanos y civiles en la isla, al disidente que pone a todo riesgo de vida y libertad su grito de esperanza.

A principio hay una aureola de libertad en cada gesto. Depués del primer viaje a la oficina de intereses, todo cambia. El afán de viaje sustituye al deseo de estar libre. Los hay que pugnan hasta el cansancio por la cárcel. Los hay que pelean cargos de importancia en diferentes organizaciones. El objetivo trazado es alegar acoso y solicitar la visa para la partida definitiva. Jamás hablan de política al llegar a los Estados Unidos.

Cada espacio logrado por la oposición interna en la isla se pierde en cada viaje. Hay organizaciones en las que el ejecutivo completo ha salido al exilio. Los cargos pasan de uno a otro buscando el mérito para la salida. Los pocos que se quedan en la isla soñando derechos de hombres pueden contarse con los dedos de la mano. También son menos los que definitivamente van a quedarse para siempre asumiendo consecuencias. Están las sagradas vacas para las que ya es negocio estar en Cuba y tener el título casi noble (entiéndase como rango monárquico de nobleza) de cabecilla opositor. Las vacas sagradas de la oposición viven mejor en Cuba y con régimen totalitario. De éso viven. Viajan a todos lados y de vez en cuando el gobierno mismo selecciona los aviones. Es como un juego de contrarios. El gobierno da prioridades a cambio de la moderación. Uno necesita del otro. No es necesario poner nombres. Ellos se conocen. La gente lo sabe sobradamente. Las sagradas vacas de la oposición cubana son la excepción opositora dentro del mundo de la aspirantura al exilio. Hay una razón poderosa: si hacen política a la sombra del régimen que impera en la isla y de eso viven como millionarios ¿de qué van a vivir entonces en el exilio?

Así las cosas por Cuba. La oposición interna se debate en dos vertientes. Los cazadores de visas en medio del peligro inventado y los reconocidos líderes a los que sobradamente conviene que los nerviosos se vayan.

Para fraseo a una dama francesa harto conocida cuando dijo minutos antes de ser guillotinada en aquellos terribles tiempos de revolución y sangre en el París del siglo dieciocho:

“Oposición, cuántos crímenes se cometen en tu nombre.”

Rafal Contreras Bueno, Cuba Free Press


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