Desde Dentro de Cuba.

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09 de Octubre del 2000

LA REINA DEL CARIBE. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press

Pinar del Río.- Dámaso sabía que ése iba a ser un mal día. Desde por la mañana al salir de su casa había tenido el presagio. Fue como un aviso divino. Pero él no hizo caso. Todas las mañanas sale a pescar. Dámaso no tiene barco ni bote. No pesca en una embarcación adecuada. Las mil miserias que carga sobre su piel de 58 años no le permiten el lujo de un buen barco para la pesca. Dámaso pesca al pairo en las aguas del mar sobre una cámara neumática de camión desactivado.

Pero a veces tiene suerte. A pesar de su edad tiene buen pulmón. Se dice así en el lenguaje de mar a los tipos que bajan a las profundidades y se pueden dar el lujo de demorarse allá abajo un buen rato. Gracias a su pulmón Dámaso ha podido alimentar en días de suerte los suyos. El vive en un pequeño pueblo pesquero al oeste de la isla de Cuba. Aunque vive en la isla, pesca clandestino. Cuba es la única isla en el mundo donde el consumo de peces está prohibido para sus habitantes. El buen pez de agua salada es tabú, sólo a disposición de turistas y altos funcionarios.

Entonces Dámaso se arriesga y sale en su cámera neumática a retar las mareas y el hambre. Ese día que le fue mal al principio le iba de maravilla. Usted se pone a pescar y ve que el pez pica y saca buenos peces. Entonces usted tiene que ser agradecido y decir que es un buen día. Así le iba ese día a Dámaso. Como hombre agradecido él rezaba y agradecía. Con lo que estaba sacando podría alimentar a los suyos varios días. Vendería algo de lo pescado y ese dinero le serviría para comprar otras cosas para la casa. Dámaso pescaba y miraba al cielo dando las gracias. Hasta el mar estaba bueno ese día. Parecía un plato. Dámaso lo comparaba con una mujer dispuesta a entregarse a un hombre.

Llegando la noche Dámaso decidió salir del agua. Casi siempre lo hace llegando la noche. Todo el que está clandestino tiene a la noche como cómplice de urgencias. Así entre dos luces sacó Dámaso su cuerpo y su cámara neumática del agua. Se despidió del mar con un saludo. Subió por el lado este del puerto. Allí están los arrecifes y casi nadie va a los arrecifes. Algunas parejas furtivas dan sus vueltas por el lugar pero eso no preocupa a los pescadores clandestinos. Las parejas van a lo suyo y los pescadores van a coger peces.

Dámaso llevaba buena pesca. Habían caído algunas langostas. Esas las había sacado a pulmón. La reina del Caribe le dicen a la langosta cubana. Usted sabrá darme la razón si ha probado la langosta termidor. Yo no la he probado. Pero me han hablado de ella y casi la he sentido en mi paladar. En Cuba está totalmente prohibido pescarla. Eso trae como consecuencia que al igual que este cronista, los cubanos se ven obligados a su abstinencia de consumir langosta y mucho menos termidor.

Al llegar a la orilla por el lado de los arrecifes Dámaso se da cuenta que hay una pareja de enamorados en las caletas. Entonces trata de esquivarlos para no ser inoportuno. Oye la voz de un hombre y se da cuenta que lo llama. Es el hombre que está con la mujer en las caletas. El sujeto está en traje de baño. Dámaso se acerca. Allí en la arena están las ropas de la mujer y las del hombre. Ella también está en traje de baño. Allí mismo se da cuenta Dámaso que se le empieza a salar el día justo a la misma hora del oscurecer. La ropa del hombre es un uniforme de policía con pistola y todo.

El hombre le exige a Dámaso que le enseñe lo pescado. Descubre las langostas. Le dice que se lo tiene que llevar preso por violar la ley. La mujer le dice al hombre que no se lo lleve, que solamente le quita la pesca y lo deje irse. Esto último es mejor para Dámaso. Si va preso viene después la multa y una multa por pescar reina del Caribe equivale al sueldo de toda una vida para Dámaso.

El policía deja ir a Dámaso pero le confisca todo, la langosta y los peces. Dámaso se va, reconociendo que su día ha sido salado.

Más tarde en el bar del puerto ve a unos muchachos riendo y haciendo cuentos. Entonces él piensa que vale la pena acercarse y oir lo que da tanta gracia a los muchachos. La juventud da alegría siempre. Se acerca también sin sospechar que la noche también va a salarsele.

Un muchacho rubio y de pecas cuenta a los otros sobre lo que comió por la tarde. Los otros ríen con ganas.

—Mi hermano es policía. Hoy estaba en los arrecifes con una muchacha y agarró a un tipo pescando clandestino. Tenía buenas langostas el tipo. Mi hermano lo enfrió y se la quitó. Comimos bueno hoy en la casa. Ventajas de ser hermano de un policía.

La carcajada fue unánime. Vale decir que los del grupo son en su mayoría familiares de policías y altos funcionarios. Allí sobraba Dámaso. Entonces se fue alejando del lugar. Botó el poco de ron que le quedaba en el vaso y salió del bar. Se fue a la orilla lejana del mar.

Allí miró un rato el horizonte cargadito de estrellas y pensó que a esa hora la reina del Caribe buscaba en el fondo algo de claridad.

Y pensó también que mañana sería otro día, que a lo mejor moviendose con cuidado como lo hacía la reina del Caribe en el fondo, él tendría mejor suerte y evitaría otro día tan salado.

Rafael Contreras, Cuba Free Press


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