Desde Dentro de Cuba.

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03 de Octubre del 2000

BIBLIOTECA INDEPENDIENTE RAFAEL MORALES Y GONZÁLEZ: PROYECTO DENTRO DE UN PROYECTO Por Rafael Contreras, Cuba Free Press

Pinar del Río.- Según el discurso político actual del régimen imperante en la isla de Cuba, la estrategia debe ir basada en la filosofía de preparar a las masas para una lucha de ideas contra los adversarios eternos de la revolución (entiéndase los Estados Unidos de América). Esta nueva estrategia pretende afianzar en las masas la fidelidad incondicional a un trasnochado régimen que ya supera las cuatro décadas como dueño absoluto en la isla.

Desde el mismo día 1 de enero del año de 1959 con la entrada a La Habana de los barbudos triunfantes, el gobierno encabezado por Fidel Castro Ruz trazó la estrategia de la creación de un enemigo común con el objetivo de inocular en las masas el síndrome de la incondicionalidad populista a los líderes que ya tenían concebida y bien elaborada de antemano la idea del poder eterno.

Los Estados Unidos de Norteamérica, a la distancia de noventa millas en su ubicación geográfica con la pequeña isla al centro del Caribe, fue el enemigo común soñado y concebido.

Durante más de cuatro décadas de dominio absoluto en la isla de Cuba, el gobierno encabezado por Fidel Castro ha mantenido un discurso de agresión verbal constante contra los Estados Unidos. Ésta ha sido un estrategia constante que tienda a ser interminable. La retórica contra el chivo expiatorio de siempre ha llegado a extremos ridículos de culpar al enemigo escogido hasta el cansancio. Cada plaga natural en los cultivos, cada enfermedad endémica, cada ciclón que azota en meses de temporadas viene (según el discurso) encomendados por la mano maldita del poderoso vecino del norte. Todo sin excepción es atribuido al común enemigo.

Esto que planteamos anteriormente es la esencia a grandes rasgos del plan trazado por el régimen. Pero la realidad es otra. Desde el mismo año 1959 en medio de la ola populista dentro de la revolución triunfante, estaban los contrarios, los adversarios autóctonos.

Resumiendo, además del enemigo creado al norte, la revolución castrista no puede dejar de reconocer que existe un enemigo interno, natural, autóctono, que desde enero del ‘59 enarboló ideas y conceptos contra el totalitarismo que se avistaba. En la década de los 90 ese enemigo del régimen entra a los oidos del mundo con el nombre de disidencia interna cubana.

Esta disidencia interna conocida por el régimen de la isla desde los primeros años, sufrió la represión más tenaz. Toda la fuerza se aplicó con el objetivo primordial de evitar el reconocimiento externo a esa fuerza interna de oposición.

Con la caída del llamado campo socialista en los 90 se hace inevitable al gobierno de Cuba negar la fuerza de empuje interno y externo de la oposición. Surge la necesidad imperiosa de un cambio en la estrategia de lucha contra la creciente oposición.

El caso Elián González aparece como el pretexto soñado. Las llamadas tribunas abiertas y las interminables marchas populares de concentración son las señales irrebatibles de una revolución cultural que se avecina. El gobierno se empecina en adoctrinar a las masas de estos tiempos mediante una estrategia de ideas sutilmente elaboradas.

Retornan entonces las consignas repetidas hasta el cansancio. Se planifica hasta el último detalle la programación de las nuevas generaciones llenas de sueños y aspiraciones preocupantes al gobierno.

En el preciso momento en que la retórica oficialista lanza el llamado a la lucha de ideas, la oposición ya reconocida externamente y reconocida en lo interno inevitablemente, recoge con dignidad el guante arrojado al suelo y acepta el reto.

Los inconformes aceptamos la lucha de ideas, pero la hacemos convencidos de que esa lucha es de superación. Es una batalla del conocimiento real contra el adoctrinamiento caduco impuesto.

El Proyecto de Bibliotecas Independientes (P.B.I.), apoyado en fraternal cooperación de hermandad con el Colegio de Pedagogos Independientes de Cuba, nace como la pequeña lámpara encendida a lo largo del oscuro túnel hacia la cercana luz. Basta con esa pequeña lamparita para los pasos seguros que necesitamos dar. La luz grande, la que está al final, sabemos de antemano que ya, más temprano que tarde, será nuestra.

El régimen se empecina en negar todo tipo de cambio. Se defiende con aberrada orfandad de objetividad al estancamiento. La palabra “revolución”, prostituida hace 41 años, ha sido negada en su esencia. Todos sabemos que revolución significa cambio.

Rafael Contreras, Cuba Free Press


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