Desde Dentro de Cuba.

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15 de Septiembre del 2000

EL REINO DE TODAVÍA. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- La tarde en que visitamos la fábrica recién había llovido. El director nos esperaba a la entrada del edificio. En ese tiempo trabajabamos para la prensa oficialista de la isla. Llegó la visita de la dirección nacional y señalaron a los periodistas que irían. Era una gran fábrica de calzado. La han modificado ahora y es más pequeña. Hoy produce poco.

En otro tiempo era la fábrica más famosa de la provincia de Pinar del Río. Las autoridades en la provincia la tenían siempre como ejemplo de eficiencia del sistema socialista. Cada visitante salía satisfecho del lugar. Por cada rincón se respiraban logros y buen trabajo.

Esa tarde de la visita fue en el año noventa y tres, pleno período especial. Recién caía el campo de la utopía y al darle la espalda la Unión Soviética a la isla, comenzaba la debacle. La escasez entró con doble fuerza y se estremecieron los cimientos del único sistema utópico y totalitario del Caribe. Las autoridades de la provincia se aferraron a la idea de mantener la fábrica como ejemplo de eficiencia. En medio de una situación de catástrofe tal, que no había tiempo para reflexionar sanamente sobre las bondades de la palabra eficiencia.

La primera medida a tomar fue de asignar un flamante director a la fábrica, un incondicional obediente a las directrices partidistas y de gobierno. Esa tarde de la visita nos esperaba a la entrada de la fábrica y estaba contento. El grupo de visitantes que venían de la dirección nacional solicitó entrar a los lugares donde los trabajadores se desempeñaban en sus labores. Es lógico. Si uno va a una fábrica, lo primero que visita es el lugar donde los obreros echan a andar esa fábrica. Ahí todo era impresionante. La eficiencia soñada por la cúpula estatal estaba presente. A los ojos de los visitantes era como un sueño. Y en pleno período de escasez veían en la práctica en el terreno una fábrica modelo.

La visita controladora dio el máximo como evaluación a la dirección de la fábrica. Las autoridades en la provincia hicieron extensivas las felicitaciones a la dirección del lugar. Hubo fiesta, entrega de premios a los directivos y el periodista tiene que enseñar olfato de oficio. Mi olfato me indicaba que no encajaba algo. Solicité a mi colega de trabajo ver al director días más tardes. Llegamos a la fábrica. Nos invitó a unos tragos en su oficina. Los tragos tienen la mágia de sacar verdades cuando se está entre mentiras. Quisimos que el hombre nos hablara sobre el éxito de la visita. Lo vimos sonreir confiado y darnos la respuesta más desfachatada del mundo.

—Todo fue preparado, señores. Yo sabía de la visita hacía una semana. Las autoridades de la provincia me habían avisado.

Después nos siguió explicando lo de la pintura a la fábrica unos días antes para cambiar la fachada del lugar. Nos contó sobre la selección de incondicionales trabajadores que recibirían a los visitantes, casi todos obreros militantes del partido de los comunistas. El señor director confiaba en nosotros, pero estaba convencido que nada podríamos publicar acerca de lo que nos contaba. El partido era quién le orientaba a hacer lo que hizo, el engaño. El partido es quién maneja a la prensa oficialista. Nunca nos dejarían publicar un trabajo como éste que ahora usted puede leer. Los cálculos del señor director no fueron exactos. No imaginó siquiera que uno de los dos periodistas que lo entrevistaron entre tragos y risas pertenecía a la prensa independiente. En la prensa oficialista nunca se publicaría este trabajo sobre confesiones corruptas. Nadie en Cuba puede lograr eso. Pero nadie puede evitar jamás que ese trabajo sea leído por personas que una se exiliaron y desde la nostalgia por la tierra pueden saber, gracias a un periódico libre y publicador de verdades, que en la isla donde nacieron se sigue soñando el reino de todavía a pesar de las mentiras, las censuras y las amenazas.

Rafael Contreras, Cuba Free Press


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