Desde Dentro de Cuba.

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11 de Septiembre del 2000

GOLPES BAJOS. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río. —Porque la vida es éso. Estar sobre un ring en un combate con el boxeador más sabio del mundo. Ese boxeador que da hasta golpes bajos y te va a tirar a la lona un sinnúmero de veces.

Entonces no dejé terminar a Lorenzo el pescador. Le corté las palabras antes del tiempo.

—Dicen que el mar se echa de menos como a una mujer, Lorenzo.

Lorenzo puso la mirada por encima de todos los techos del pueblo. Era como si la hubiera alzado para buscar el mar. Puedo asegurar éso. Le vi dibujada en la pupila toda la marea de su tiempo sin costas. Lorenzo tiene ese concepto de la vida y el ring del boxeo porque fue noqueado con un golpe bajo. Un pescador cuando le quitan el barco es como un boxeador eliminado de por vida. A Lorenzo le quitaron su barco. Le quitaron el derecho de seguir pescando y le quitaron el mar con todo esto que le arrebataron.

Una mañana fría de diciembre llegaron dos hombres al puerto. Se identificaron como miembros de la policía política de la isla y subieron a la pequeña embarcación de la que Lorenzo era capitán hacía casi treinta y ocho años. Preguntaron por el patrón. Al rato se lo llevaron en un carro para el pueblo de Pinar del Río. Había ido a buscarlo al puerto de La Coloma. Ahí trabajaba y vivía Lorenzo.

—Nunca tendrás mucho que ganar en este combate. Tu única oportunidad es mantenerte sobre el ring el tiempo que puedas hacerlo asimilando golpes.

Él seguía descargando todo el camino de palabras que lleva en su filosofía de la vida. No contestaba a mi pregunta sobre cuánto se extraña el mar cuando uno es pescador. Entonces yo seguí pensando en lo que le habían hecho. Los de le policía política le dijeron que no era confiable y que no podía seguir como patrón de barco pesquero. Lorenzo había estado unos días antes en la fiesta de dos muchachos de su tripulación. Lo invitaron y Lorenzo estuvo un rato por el lugar de la fiesta. Supo después que ne horas de la madrugada los muchachos se habían llevado un barco hacia Estados Unidos y habían llegado sin problemas. Eso a Lorenzo no le interesaba. Nunca le interesó. Él no sabía en lo que andaban los dos muchachos de su tripulación. Lorenzo quería que todo el mundo entendiera que a él lo único que le interesaba era el mar, su barquito y seguir trabajando a golpe de salitre y espuma. Los que lo conocen siguen creyendo éso, pero los que no lo conocen creyaron la mentira y lo denunciaron. Esa fría mañanita de invierno prometía buena captura de langosta. El frente frío trae la buena mancha. Se hace buena pesca en el sur gracias al empujón que da el frente norte. Lorenzo no pudo estar en esa captura. Esta vez fue él a la jaula. Los de la policía política no entendieron las súplicas del pescador. Lorenzo lloró de impotencia ante los hombres. La cosa más amarga de este mundo es ver a un hombre viejo llorar ante los ojos de otro hombre y saber que ese llanto es de impotencia. Los de la policía política acusaron a Lorenzo de cómplice con los muchachos que se llevaron el barco. De castigo lo quitaron de patrón. Lo despidieron para siempre de su trabajo.

Ahora a Lorenzo no le queda más remedio que mantenerse en pie en su combate. Algunas veces alguien le deja caer algo de dinero en la mano. Lorenzo no tiene hijos ni esposa ni a nadie. Sólo tenía su barquito y su pequeña tripulación. Era a esos a los que quería como familia. Aun me deja sin responder la pregunta que le hice sobre lo que se extraña el mar. Suelta palabras lindas y esta vez no voy a interrumpirlo. Me gustan para cerrar una crónica.

—Este combate dura hasta que mueras. Es la vida. La vida es un largo combate con el boxeador más inteligente del mundo y que a la corta o a la larga va a tirarte a la lona un día. Ese boxeador es el destino y tarde o temprano vamos a perder ese combate cayendo a la lona y será el día de nuestra muerte.

Rafael Contreras, Cuba Free Press


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