Desde Dentro de Cuba.

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01 de Septiembre del 2000

LA MANO DEL TIEMPO. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press

Pinar del Río.- Al borde de la acera estaba sentado el loco Radamés. Miró los viejos edificios de la ciudad y dijo:

—Miren, esa es la mano del tiempo. Todo se está destruyendo. Es como un empujón viejo.

El loco Radamés se ha quedado solo en este mundo. Esa soledad le llegó desde agosto del año ‘94. La familia compuesta por dos hermanos y una hermana marchó al exilio. Siempre creyeron que el loco Radamés sería un estorbo allá en el país al que irían a residir. Ellos habían quedado huérfanos de madre y padre. Entonces se encargaban del loco aquí en Cuba. Pero a la hora del salto al extranjero no lo tuvieron en cuenta.

—La mano del tiempo le va a pasar la cuenta a todos, ¡carajo!

Vuelve a gritar Radamés. Entonces se pone a llorar sentado ahí en la acera. Juega con un puñado de tierra que hay en la calle. Remueve la tierra con sus pies descalzos. Algunas personas que pasan a su lado lo miran con desprecio. El loco tiene toda la suciedad de la ciudad en la piel.

Los muchachos del barrio no lo ofenden. No le hacen bromas de mal gusto tampoco. Al parecer, le ven en la sombra la huella de la desgracia. Para ellos Radamés no es un loco cualquiera. Tal vez con otro loco jugarían un rato y sobrarían las bromas. Pero no. El loco Radamés no es un loco cualquiera. Los muchachos comparten con él dulces y caramelos. Radamés no habla cuando le entregan esas cosas los muchachos. Sólo los mira desde su distancia interna. Acepta las ofrendas y baja la cabeza. Casi siempre llora cuando traen caramelos de fresa a sus manos. Nadie entiende que influencia tiene la fresa en Radamés.

Radamés ve en el tiempo una mano que lo ha empujado muy duro. Ha sido lanzado a un hueco oscuro que se llama abandono. Desde ese país que ahora llora, sufre. Es un país amargo nombrado soledad.

Nadie ha tenido jamás noticias de los hermanos de Radamés. Al parecer, Radamés no los recuerda. Nadie lo ha escuchado hablar nunca de ellos. Cierto es que el loco nada más tiene palabras para descargar sus llantos con la misma frase de siempre:

—La mano del tiempo. Esa es la mano del tiempo. A todos les va a pasar la cuenta.

Y ahí eso, pone a pensar a los cuerdos que lo escuchan. Radamés pone a reflexionar a los supuestos normales que pasan por su lado. Todo el mundo ve la situación en la que él se encuentra. Y todo el mundo mastica temores. Todos pensamos preocupados que nos hará la mano del tiempo un día que logre sorprendernos descuidados al borde de este abismo que llamamos vida.

Rafael Contreras, Cuba Free Press


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