Desde Dentro de Cuba.

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28 de Agosto del 2000

TRIBULACIONES DEL CHINO EN CUBA. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- El Chino León siempre ha sido un tipo fatal. Hace dos años trabajó como auxiliar del laboratorio en el hospital de la provincia. Al Chino le ha gustado siempre el negocio, pero es lo que yo digo: la fatalidad es su estrella. El Chino se puso en los negocios de ventas de medicina y lo botaron del hospital. Cada vez que el Chino hace un negocio, termina mal.

Hace dos días llegó el Chino a la esquina del parque. Yo estaba sentado ahí con el Gordo Ceballos. El Chino entraba en el negocio de vender pizzas. Traía un jaba con su producto recién elaborado. El Gordo Ceballos no pudo sorportar la tentación y ahí mismo compró dos pizzas de las del Chino. Yo quise alertar al Chino León y le hablé sobre su fatalidad en los negocios. Le recordé su mala suerte con la policía. En fin, uno aprecia al Chino y lo menos que uno quiere es que el Chino tenga líos. Ahí mismo el Gordo Ceballos le dice al Chino que no me haga caso, que hay que luchar la vida y que siga vendiendo, que las pizzas están buenas. Uno ve comer al Gordo Ceballos y pierde el apetito. Antes del Chino salir, el Gordo compra otra pizza y ya suman tres.

Nos quedamos conversando el gordo y yo en el parque. Yo era él que hablaba. El Gordo todavía luchaba con su última pizza y me respondía con movimientos de cabeza solamente a lo que yo hablaba. A la media hora exacta me doy cuenta que yo tenía toda la razón del mundo cuando alerté al Chino sobre su mala suerte. Toco al Gordo por el hombro y le indico para la esquina. Dos policías traen al Chino León. Lo traen con las esposas puestas. Entonces nos damos cuenta que lo llevan para la zona donde él vive. Nosotros salimos despacitos y callados detrás de los policías con el Chino.

Cuando llegan los guardias con el Chino llaman a todos los vecinos. Ahí mismo hacen la historia sobre las pizzas del Chino. La gente se enteran que las pizzas de carne del Chino tienen un orígen terrible. El Chino le daba un dinero a un amigo que trabajaba en el hospital materno de la ciudad. Las mujeres ahí paren y el amigo del Chino recogía las placentas y se las vendía al Chino. Esa era la carne de las pizzas del Chino. Las mismas que tanto le gustaron al Gordo Ceballos.

Al fin los policías van llevandose al Chino León. Todavía estoy al lado del Gordo Ceballos. Una vecina tuvo que darle unas píldoras al Gordo para controlarle los vómitos. Casi se muere. Al rato le recuerdo al Gordo lo fatal que es el Chino para los negocios.

— Lo que es tremendo hijo de puta. Ojalá le metan cadena pertetua por desmadrado.

Cuando el Gordo me dice eso, asiento con la cabeza, evitando que el Gordo se enoje después de haber pasado un rato tan malo. No me queda más remedio que reflexionar en silencio y para mí sólo. Seguir en la cuenta que sacaba al principio. No hay dudas. El Chino León es un tipo fatal para los negocios. No me hizo caso. En cuando al Gordo Ceballos, lo de él no hay problema de fatalidad. El Gordo debe controlar su apetito, pero yo voy a esperar a que pasen unos cuantos días para habarle sobre eso.

Rafael Contreras, Cuba Free Press


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