Desde Dentro de Cuba.

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21 de Agosto del 2000

FELIZ CUMPLEAÑOS. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- La noche del día 13 de agosto pasado no fue una noche cualquiera para Alberto Machín. Era la noche del cumpleaños de su único sobrino. Machín es obrero constructor de pocos ingresos monetarios. Es ayudante de construcción. Machín quería regalarle algo a su único sobrino por el cumpleaños. Oyó decir a un vecino que en la recien creada plaza pública del pueblo se podía pasar un buen rato oyendo música y viendo a la gente bailar. Fue entonces que Machín decidió llevar ahí a su sobrino.

Recogió al muchacho en las primeras horas de la noche y salieron contentos para la plaza. Machín llegó a la plaza y comprendió que su vecino tenía razón en lo que había dicho. La gente se divertía de lo lindo. Esa plaza la habían construido hacía unos días para celebrar el acto por el asalto al cuartel Moncada en la provincia. El gobierno en Pinar del Río había decidido dejarla después como área de festejos.

Al rato de estar ahí Machín con el sobrino se dan cuenta que la música cesa de golpe. Todas las personas ahí reunidas se sorprenden. Entonces miran al escenario en medio de la plaza y ven que un joven va a hablar por el micrófono. En medio del silencio de sorpresa el muchacho arenga a la gente.

– Compañeros, este es un día histórico. Hoy cumple años nuestro invencible comandante en jefe Fidel Castro. Pido un aplauso para nuestro comandante.

Empezaron los protestas por parte de la gente. Así de golpe le habían quitado a todo el mundo la música sin permiso. Aquel joven intentaba convertir en acto político de exaltación al mandatario cubano lo que era una fiesta del pueblo. Se oyó una voz entre la gente.

– Baja de ahí y que pongan otra vez la música. No queremos discurso, muchacho.

Una risa general apoyó la voz popular que exigía el cese de la arenga. En ese preciso momento sucedió lo increíble. El joven desde el estrado hizo una señal al oficial que estaba al frente de la brigada de policías que controlaban el órden en la plaza. De inmediato subió el oficial también al estrado. En el rostro reflejaba la indignación contra el público que no había querido escuchar al joven que intentó el discurso de homenaje a Castro.

– Se acabó esta fiesta, señores. No hay más música.

Esa fue la órden del jefe de los policías. Hubo un gran silencio de consternación en el público. Les habían arrebatado a todos lo poco de risa y de música que tenían. Todo el mundo empezó a abandonar la plaza. Entonces Machín el constructor miró muy triste a su sobrino y le dijo:

– Caramba, sobrino, esta gente han roto lo único que tenía yo para regalarte. Nos han roto el pedacito de noche con algo de alegría y por culpa de otro cumpleaños que nada tiene que ver con el tuyo.

Salieron caminando los dos por la calle oscura debido a la hora de la noche. Estaba por morir el día del cumpleaños del muchacho. Machín no hablaba y tampoco hablaba su sobrino. Ya en la puerta de la casa del muchacho estaban a punto de despedirse. Entonces el sobrino desde la misma puerta le dijo a su tío Machín.

– Caramba, tío, me hubiera gustado haber nacido otro día que no fuera el que nací. Ese mismo día nació ese hombre.

Cuando la puerta se cerró Machín estuvo un largo rato en la acera. No tenía palabras en su boca para matar tanto asombro. Salió caminando y se sintió el hombre más fatal de Cuba. Estaba lleno de lástima por su sobrino. El muchacho no merecía haber nacido un 13 de agosto. Era un día con demasiada mala suerte arriba desde el mismo momento en que le había nacido un hombre que condenaba a una isla entera a vivir sin cumpleaños.

Rafael Contreras, Cuba Free Press.


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