Desde Dentro de Cuba.

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18 de Agosto del 2000

ALEJO CARPENTIER: LA REBELIÓN COMO UN REINO EN ESTE MUNDO. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- El día 24 de abril del año de 1980 tras un intenso día de trabajo muere en París el escritor cubano Alejo Carpentier Valmont. La noticia recorre el mundo. Era el escritor cubano más conocido universalmente.

Su padre, Jorge Carpentier, era arquitecto francés. La madre, Lina Valmont, de naconalidad rusa, era una fina mujer que había estudiado en Suiza y daba clases de idiomas. El matrimonio llegó a Cuba a principios del siglo veinte. Alejo Carpentier les nace el día 26 de diciembre del año de 1904 bajo el signo de Capricornio. Será emprendedor, inteligente y objetivo.

En el año de 1910 comienza sus estudios en el colegio Candler de La Habana. A la edad de diez años toca al piano preludios de Chopin. En el año 1913 viaja a Rusia con su familia. Pasan por París, Austria y Bélgica. En París estudia francés en el liceo Jeanson de Sailly durante tres meses.

Nuevamente en Cuba en el año de 1920 inicia los estudios de arquitectura en la Universidad de La Habana. Pero los abandona rápidamente para dedicarse al piano. Pero según él mismo, “no tenía la imaginación creadora necesaria para ser un buen compositor.” Ya la vida le estaba deparando destino para lo que sería verdaderamente un escritor de gigantesca talla mundial. Hace sus primeros trabajos para periódicos de la ciudad capital cubana. Trabaja como articulista y define la profesión con estas palabras: el periodista es un cronista de su tiempo y el que anima con sus crónicas la gran noche del futuro.

El año ‘27 es agitado en su vida. Sufre prisión por enfrentarse al régimen de Gerardo Machado. En su estancia de siete meses cautivo escribe la primera versión de su novela “Ecue-Yamba-O”, frase que en lengua lucumí significa “Dios loado seas.”

En el año de 1928 tiene que salir clandestino al exilio. Lo ayuda el poeta surrealista Robert Desnos, prestandole identificación falsa y pasaporte. En Francia colabora con revistas de vanguardia. Hace amistad con poetas y artistas surrealistas. Se apasiona frente una generación maravillosa que luego Hemingway llamará “generación perdida”, la más extraordinaria generación surgida en Francia después del romanticismo. Alejo aceptaba el surrealismo pero no lo asumió. Sobre esto decía:

“Me hubiera sido fácil ponerme a hacer surrealismo. Pero ¿que cosa iba a añadir yo al surrealismo si lo mejor del surrealismo estaba hecho ya?” De repente, como una obsesión, entró en él la idea de América. Se dedicó durante largos años a leer todo lo que podía sobre América, desde las cartas de Colón pasando por el inca Garcilaso hasta los autores del siglo dieciocho.

América se le presentaba, según él, como una enorme nebulosa que ya trataba de entender aunque tenía la oscura intuición de que su obra se iba a desarrollar en América, que iba a ser profundamente americana.

Esa oscura intuición explotó llena de luz. Una noche del año de 1943, estando ya en La Habana, lo visita su amigo Louis Jouvet, a quien conocía de París. Le dice que va a actuar en Haití y quiere llevar invitados a Alejo y a Lilia, su esposa. (Se habían casado Alejo y Lilia Esteban en el año de 1941.) Acepta la invitación y parten hacia esa nación caribeña de la cual Carpentier rememora:

“Pierre Mabille se pone en contacto conmigo. Me ofrece un jeep y emprendo con mi esposa Lilia un viaje por la costa a Ville hasta la región del norte regresando por Mirebalais y el macizo central. Estuve en la casa de Paulina Bonaparte en Sans Souci, en La Citadelle La Ferriere. ¿Qué más necesita un novelista para escribir un libro? Empecé a escribir ‘El Reino de Este Mundo.’”

Esta novela mundialmente conocida aparece publicada seis años después de creada por Carpentier (en el año 1949). Es en el tiempo en que está instalado en Caracas adonde había marchado a organizar una estación de radio y trabajar en una empresa publicitaria.

Toda obra de Carpentier está cargada de simbolismo. El mismo título de su novela “El Reino de Este Mundo” concreta ya un objetivo. Alejo lo explica:

“Yo creo que al final está dicho todo. El hombre no tiene nada que ir a buscar al reino de los cielos mencionados por las escrituras. De esa parodia de las escrituras viene el título ‘El Reino de Este Mundo.’ Como dijera Neruda en un poema que desgraciadamente tengo que citar de memoria (‘no somos pájaros, no somos perros, sino que somos hombres y como hombres debemos cumplir con nuestro quehacer de hombres’). Esa es la única filosofía de mi libro. Lo hermoso en el hombre está en su voluntad de mejorar. Para mí Prometeo (el del mito) y Yuri Gagarin (el de la realidad) se identifican.

“Ambos roban el fuego mítico, propiedad de los dioses para entregarlo al hombre. Y el hombre, siempre insaciable, pide más y más. De ahí que ‘El Reino de Este Mundo’ se vaya haciendo mejor cada día.”

En esta novela “El Reino de Este Mundo” Alejo Carpentier crea personajes fabulosos que une a los reales que existieron de la imaginación y de lo real cotidiano extrajo seres significativos que fueron formando lo real maravilloso de la trama para hacer nacer un género del cual el escritor cubano sería padre indiscutible. Lo real maravilloso sale con Ti Noel, Mackandal, un hombre que se vuelve pájaro o árbol del monte. Lo real maravilloso está presente también en el histórico Henri Christophe. Son personajes que cargan un propósito: hacer realidad de la leyenda y colorear con la leyenda realidades.

El mismo prólogo a la novela “El Reino de Este Mundo” define lo real maravilloso en su teoría como punto de partida de una nueva actitud ante la realidad latinoamericana, superadora del nativismo o el criollismo.

En “El Reino de Este Mundo” la trama recoge la existencia de un hombre desde 1760 a 1820, el negro Ti Noel. Desde la misma rebelión iniciada por el maravillosamente real Mackandal y más tarde continuada por el jamaiquino Bouckman tras la victoria obtenida todo parece indicar el fin de la esclavitud y no es así desgraciadamente. Se da el caso de Henri Christophe que llega a crear una monarquía absoluta tipo europea, regresando la explotación a los suyos. Luego los mulatos destronan a Christophe pero establecen otro régimen de explotación como el de sus antecesores.

Carpentier descifra con magistral sabiduría y enseñanza los distintos rostros del poder, cualquiera que sea y llegue de donde llegue. Toda rebelión triunfante arrastra consigo la imposición del poder que irremediablemente se viste tarde o temprano de avasallador.

Carpentier conoció de una rebelión triunfante en su mismo país de orígen. Sirvió a ella a su modo como intelectual. Pero desde lejos trabajó todo el tiempo fuera de Cuba como agregado cultural de la embajada cubana en Francia. La mayoría de sus novelas las escribió en el extranjero. Todas son conocidas universalmente. “La Consagración de la Primavera”, “Concierto Barroco”, su magistral “Siglo de Las Luces”, “El Acoso” (novela de estructura de sinfonía), “El Harpa y La Sombra”, en fin, toda una obra escrita desde la perspectiva real maravillosa del genio. La verdad y lo mágico se entrelazan. América toda es el escenario inevitable y omnipotente. Siempre hay una rebelión en cada trama y aparecen sus consecuencias. En todos los objetivos se cumplen a media. El rebelado siempre exige más. Siempre habrá alguien a punto de rebelarse buscando el cambio conveniente.

No cabe duda entonces que ese día 24 de abril del año de 1980 en que decidió detenerse para siempre el corazón de Alejo Carpentier para cerrar su ciclo vital, la muerte entraba como un grito de rebelión ante todas las inconformidades que tal vez sentía el creador en los pantanos de su otoño.

Tal vez a su oído habló minutos antes el negro Ti Noel con las mismas palabras montadas en la misma voz que dan cierre a la novela “El Reino de Este Mundo.”

“Por más que pensara, Ti Noel no veía la manera de ayudar a sus súbditos nuevamente encorvados bajo la tralla de alguien. El anciano comenzaba a desesperarse ante ese inacabable retoñar de cadenas, ese renacer de grillos, esa proliferación de miserias, que los más resignados acaban de aceptar como prueba de la inutilidad de toda rebeldía.”

Rafael Contreras, Cuba Free Press


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