Desde Dentro de Cuba.

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24 de Julio del 2000

TITÓN: SU ÚLTIMA PELEA CONTRA LOS DEMONIOS. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Titón estudió cine en Roma. Fue de los elegidos y lo hizo bien. Llegó a Cuba después con ganas de hacer buen cine. La influencia en toda su generación fue el neorealismo italiano y la nueva ola francesa. Titón nunca negó eso. Uno tiene siempre la influencia que se merece. Titón era Tomás Gutiérrezrrez Alea. Cuando llegó a Cuba, su país natal, recién había triunfado la revolución. Le dieron entonces todas las oportunidades y libertades necesarias para hacer cine a favor de los ganadores. Titón hizo cine, pero siempre ponía la verdad en la pantalla. Nunca tuvo miedo, pero en aquel tiempo no fue censurado. Pocos sabían leer sus enseñanzas y los que lo hacían no eran detractores en el poder. “Memorias del Subdesarrolo” tiene mensajes que hoy hubieran llevado a la hoguera el recuerdo de Titón antes de tiempo. Sergio, el protagonista en el filme, observa detenidamente desde su lujosa residencia en un edificio habanero un cartel que sobresale a lo lejos. Hay una foto de Fidel Castro con el puño en alto. En letras enormes puede leerse una frase:

- “ESTA GRAN HUMANIDAD HA DICHO BASTA Y HA ECHADO A ANDAR.”

Entonces el protagonista sonríe y reflexiona con ironía terminando la frase del letrero:

- “Y NO SE DETENDRÁ HASTA LLEGAR A MIAMI.”

Más tarde el protagonista mirando otra vez la foto de Fidel expresa en su monólogo: el cubano siempre ha necesitado que alguien piense por él.

Con semejante guión Titón sobrevivió aquellos primeros años y eso no fue casual. Tampoco fue buena suerte. Había inexperiencia en cuanto a la censura oportunista que llegó después. Existían disparates y proyectos que atender por parte de las autoridades cubanas. Entendían que no valía la pena perder tiempo en analizar obras de la pantalla grande. Ya se entraba en la babilónica promesa de los diez millones de toneladas de azúcar y no había tiempo para otra cosa. La obsesión del que aún manda era esa.

Titón siguió haciendo cine y siguió enseñando verdades. Títulos como “Los Sobrevivientes”, una pelea cubana contra los demonios, “La Última Cena”, et cetera. Esos fueron filmes que lo dejan vivo en la memoria de los cinéfilos del mundo.

Llegaron los años duros de los noventa y Titón retó otra vez a la realidad cubana. Una película vino para hacer temblar las barreras de lo prohibido por censores: “Fresa y Chocolate.”

Con toda la valentía de hombre de artista Titón hizo su filme y lo regó como un justo grito contra la intolerancia. Enseña sin miedos el amor y la amistad entre un homosexual y un jóven. El guión recoge las hirientes frustraciones de los protagonistas. El ahogo irremediable al que se enfrenta en medio de un sistema cubano que también se ahoga. Con “Fresa y Chocolate” comenzó Titón su carrera de maldito ante la cúpula cubana.

En reuniones oficialistas la cinta era comentario constante. Los arrevistas la juzgaban como película diversionista y mal ejemplo para la juventud programada de la isla. Ya el filme era demasiado famoso en el mundo para detenerlo. Ese mismo año discutía el Oscar a la mejor película extranjera. Nada le hicieron oficialmente a Titón. Pero ya estaba marcado.

Poco tiempo depués Tomás Gutiérrez Alea volvía a sus maldades. Otra película por él dirigida estremecía las paredes de la censura y le quitaba el sueño a los críticos oportunistas de la nomenclatura cubana. Nombre de la cinta: “Guantanamera.” En el argumento Titón reflejaba con fino humor negro las penalidades sufridas por una familia para lograr enterrar a un familiar fallecido. Salen expuestos todos los obstáculos del burocratismo estatal cubano. Lo absurdo hay que enfrentarlo en Cuba hasta después de muerto. Esa es la lección principal del filme. Esta última pelicula de Titón colmó la copa. En una reunión oficial el mandatario cubano habló contra la película y a la vez condenaba definitivamente al presidente del cine cubano (ICAIC), señor Alfredo Guevara. Guevara fue sustituido de su cargo meses más tardes. Hasta ese momento en Cuba era considerado uno de los intocables (era amigo personal de Castro desde sus años en la Universidad de La Habana). La leyenda se derrumbó, “Guantanamera” pedía sangre. Titón tuvo la suerte de morirse antes. Ya venía enfermo de cáncer. Tuvo valor para jugar con la muerte y las prohibiciones del poder absurdo y trasnochado que sufría como cubano.

Después de muerto los que gobiernan en Cuba lo excomulgaron como artista. “Guantanamera” fue exhibida en Cuba con limitaciones de censura.

En cada cine de provincia se mostró al público sólo dos días y los que entraron a verla se comenta que fueron fichados por la policía secreta (muchos toman eso como broma pero nadie lo pone en dudas. Ésto es Cuba). Y la inocencia de una película censurada puede llevar a un cinéfilo a la cárcel.

Así las cosas. Tomás Gutiérrez Alea, el mejor cineasta cubano de todos los tiempos, es ahora un muerto maldito en su propia tierra. Los agradecidos lo seguimos viendo vivo y bueno y no dejamos nunca de mirar en casas clandestinas de video sus películas de enseñanza.

Rafael Contreras, Cuba Free Press.


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