Desde Dentro de Cuba.

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02 de Julio de 1900

CORDERO DEL DIABLO. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Antonio Cordero va a su cita de siempre con el diablo. Antonio es un cordero que va a entregarse en sacrificio en el altar de Lucifer. Hace tiempo que Antonio tiene un negocio privado. Se gana buen dinero en ese negocio de Antonio. Ahí mismo en su casa él tiene una venta de alimentos y muchas personas que pasan por el lugar hacen sus compras en el negocio de Antonio Cordero. El apellido de Antonio tal parece que le fue puesto por su condición misma como persona.

Hace rato que salió Antonio de su casa. Lleva bajo su brazo el mismo envoltorio de siempre, la misma jaba. Ahí lleva un dinero que entregará a una persona que hace rato es dueña absoluta de Antonio Cordero. Al llegar a la casa de esa persona que es su dueño, Antonio toca suave a la puerta y con mucho miedo. Siempre le abre la puerta la misma persona. Es un hombre de cabello rojizo como una zanahoria. Tiene el rostro lleno de pecas hasta la exageración. Es un hombre horriblemente feo por dentro y por fuera. A ese hombre, que es dueño de Antonio Cordero, le dicen el Pinto.

El hombre feo conocido como el Pinto y que es dueño del cordero Antonio es inspector estatal en la ciudad. Los inspectores estatales en Cuba son gente seleccionada por las autoridades y tienen todas las atribuciones para acosar a los trabajadores dueños de pequeños negocios como el de Antonio Cordero. Multan a quienes quieren y les aplican a esos multados las violaciones de reglas que ellos como inspectores inventan. Son multas elevadas que casi nadie puede pagar. Cuando esto ocurre y no se paga la multa se pierda el derecho al pequeño negocio particular. Los inspectores aprovechan muy bien estas atribuciones que les da el estado. Entonces salen a la calle portando la espada del chantaje.

Antonio estaba contento en su venta particular de alimentos hasta el día en que el Pinto apareció en su vida. El Pinto llegó al negocio de Antonio y enseñó el documento que lo identificaba como inspector. También enseñó orgulloso su feo rostro cargado de pecas. El Pinto encontró un pequeño error en la fecha de los papeles de Antonio y eso fue fatal para Antonio que sólo tenía en aquel entonces de cordero el apellido. Entonces el Pinto comenzó a llenar los papeles para imponerle la multa de castigo a Antonio. Era una multa de 3000 pesos. Antonio no encontraba salida. Se decidió por preguntarle al Pinto si podía llegarse a un arreglo. En ese preciso momento ya Antonio se iba transformando en un cordero sin saberlo.

- “Cierra el negocio ahora mismo y vamos a conversar allá adentro en tu casa.”

Así le dijo el Pinto inspector al infeliz Antonio. En seguida Antonio obedeció y entraron a conversar. Ahí el Pinto le hizo la propuesta de arreglo. No le pondría la multa pero cada semana Antonio le entregaría en su casa al Pinto parte de los alimentos elaborados en el negocio. También le llevaría algo de dinero. El Pinto le daba su palabra “de confiable inspector estatal cubano” de que no molestaría nunca al pobre Antonio.

Con esta propuesta Antonio vio los cielos abiertos sin darse cuenta que entregaba su alma al mismo diablo. Dejaba parte de su dinero todos los viernes en las manos del chantajista mayor entre los inspectores de la ciudad.

Hoy es viernes y cuando vi salir de su casa Antonio Cordero pensé que sería bueno hacer esta crónica para ustedes que viven fuera de la isla. Es algo bien triste también que un hombre como Antonio se ve obligado a esto por obra y gracia de un inspector escogido por las autoridades en esta ciudad de Pinar del Río. Duele ver como un hombre ha dejado de ser hombre para entregarse en sacrificio cada viernes en el altar del diablo.

Rafael Contreras, Cuba Free Press


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