Desde Dentro de Cuba.

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19 de Junio del 2000

JOSÉ MARTÍ: AMORES DIFÍCILES. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Había sido elegido para el amor. Lo llevaba en la piel y el brillo de sus ojos. El destino colocó la trampa. Entonces, Martí escogió la muerte. La guerra fue quien le puso en las manos el pasaporte a lo eterno. José Martí supo los olores del amor difícil. México lo vio llegar con sombra de exiliado y apenas veintidos años. El amor le puso en el cuerpo a una mujer imposible que ya arrastraba la sombra de un muerto por suicidio. Esa mujer respondía al nombre Rosario de la Peña y por ella se había matado el poeta Acuña. Todos los hombres la seguían preferiendo. Olvidaban a propósito que irradiaba desgracia.

En una de las tertulias acostumbradas a brindar por la hermosa mujer a sus amistades y admiradores, la conoció Martí. Ya ella sabía de oidas sobre el jóven poeta cubano. Rosario cometió el error de jugar con la figura humilde del muchacho. No vio a primera vista todo lo interior inmenso que guardaba en su cuerpo. Fue el mismo Martí quien quiso hablarle entonces. Toda una noche hablaron. Ella quedó atrapada para siempre en el embrujo de la palabra. Lloró después, reprochandole a la vida que el fuera tan jóven. Martí fue lo suficiente hombre para secarle las lágrimas con sus versos, y también con fuerzas de hombre condenado a los amores difícil llevó a las tablas el romance, enseñando en una obra de teatro que “Amor con amor se paga”.

Con aureola de maldito en su tierra, recorrió América. El amor le seguía a los pasos subido a la carroza del imposible. El general Granados le tendió la mano en Guatemala. El amor le puso una niña en el camino. María era demasiado ángel para darse cuenta que entraba a un río peligroso. Martí respetó su candidez hasta el cansancio. Sólo la tocó en versos pero con la letra del encanto le rompió lo de vírgen. Ella se hizo mujer en los poemas.

Más tarde en un segundo regreso a Guatemala, viniendo ya casado con Carmen, conoce que la niña María ha muerto de fiebres súbitas. Lo cierto fue que lo supo casado y prefirió morir ahogada en las aguas de lo imposible.

La esposa, Carmen Zayas Bazán, fue para Martí un regalo del cielo. En ella vio todo lo que el amor encierra para un hombre condenado a la desgracia.

Jamás Carmen supo entenderlo con la misma fuerza que pudo embrujarlo. Y entrado de cuerpo entero a la causa de la patria, le imploró a ella que intentara seguirlo. Carmen tenía otro derrotero. Exigía para ella sóla todo el amor. No consentía compartirlo con una isla herida.

Con la llegada del hijo Martí creyó salvar la dicha. Otra vez Carmen allanó el camino del angustia. Tuvo la mala idea de arrebatarle al muchacho. Martí solo pudo abrazarlo en un libro hermoso. Con arrebatos de impotencia escribió el “Ismaelillo”. Con aires de mar se limpió la piel de los gusanos del tormento.

Partió definitivamente adolorido y consciente de que el viaje sería sin regreso. Jamás tendría hogar, esposa y sosiego. Galopaba subido al aire de los mártires y como Martí, pagaría el precio.

Llegó a Estados Unidos y Manuel Mantilla le abrió las puertas de su humilde casa. Le puso en las manos el amor de sus dos hijas y una esposa que entendía sobradamente la causa de su martirio.

Tuvo en María y Carmita dos hijas prestadas por la amistad y el cariño de los que supieron ser buenos. Cuando vino a Cuba a su guerra necesaria, desde los campos que serían su interminable cementerio dejó con letra y lágrima a las niñas una promesa:

- “Guardo junto a mi pecho el retrato de ustedes para que junto al corazón me proteja.”

El día 19 de mayo entra en holocausto. Una bala disparada por un franco tirador experto, Manuel Oliva, le da en la misma boca en mitad, quizás sintiendo envidia ante tantas palabras hermosas. Martí cae muerto para siempre con el brillo del sol cambiandole el color de los ojos. Cuentan que más tarde el tirador Oliva murió loco al saber lo que había hecho.

Martí sigue siendo memoria y el amor ahora le agradece. El amor se le puso difícil siempre en el camino. El supo aceptarle los retos. Martí llegó a robarle al amor un beso y dejando al amor marcado para siempre. A cualquier sitio que el amor salga, sea luz o sea sombra, va a poner en los labios de los que aman el calor del beso dado por Martí, aquel hombre que cargó lleno de ternura y osadía, todos los amores difíciles de este mundo.

Rafael Contreras, Cuba Free Press.


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