Desde Dentro de Cuba.

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12 de Junio del 2000

CUANDO CAE UNA ESTRELLA. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Esa tarde lo vimos jugar. Un amigo sentado a mi lado en el estadio me dijo:

- “Se llama Andy Morales. Es una tercera base perfecta. Tiene manos de ángel. Este muchacho va a llegar lejos si se mantiene jugando así.”

Andy Morales jugaba la tercera base del equipo Habana. Esa tarde yo lo vi jugar por primera vez. Después seguí por la radio y la televisión casi todos los juegos en los que estuvo. Soy bastante seguidor de los peloteros buenos. El muchacho se mantenía haciendo bien las cosas en el terreno de pelota. Eso equivale a cumplir los requisitos fundamentales en el pelotero de calidad. Esos requisitos son:

Tirar bien, coger bien, batear bien y ser rápido en el corrido de bases. Me di cuenta que mi amigo tenía razón. Andy Morales llegaría lejos. Sólo un neófito en béisbol pondría en dudas eso.

Esa misma tarde yo pude hablar con Andy al terminar el juego. Había bateado bien y se le veía contento. El público pinareño lo aplaudió hasta el cansancio y eso le gusto al muchacho. Es poco usual que el público pinareño aplauda hasta el cansancio a un pelotero de la capital. Entre equipos de La Habana y Pinar del Río ha existido siempre una rivalidad ancestral de regionalismo.

- “Lo hiciste todo bien, Andy, a la gente le gustó.”

Así le dije al saludarlo. El iba camino de las duchas. Aún sudaba bastante. Llevaba la camisa del uniforme tirada sobre los hombros. Sonrió cuando le dije eso.

- “Vas a llegar lejos en esta pelota, muchacho.”

Así le dijo entonces mi amigo. La sonrisa de Andy se fue perdiendo al oir lo dicho por mi amigo. Muy lleno de tristeza le dijo amablemente a mi compañero.

- “En esta pelota por muy lejos que yo llegue nunca será suficiente. Mi sueños van más allá.”

Creo que jamás veré tanta desilusión en una gente jóven y llena de brillo en su comienzo. Y eso es verdaderamente triste siempre. Yo visito frecuentemente el estadio. Hablo con muchos peloteros. También he visto el comienzo y desarollo de muchos que llegaron a grandes. En las palabras de Andy Morales pude comprender sus sentimientos. Algo me anunciaba que no lo veríamos llegar a grande en esta pelota cubana.

Nos despedimos del muchacho deseandole todo lo bueno que merece un bueno. El lo agradeció firmandonos una pelota que nos regaló. Se despidió como quien se despide abordando un tren sin regreso.

Ya en la calle a unas cuantas cuadras del estadio mi amigo me dijo:

- “Está tocado por la suerte y no lo sabe aún. Es muy jóven para darse cuenta.”

- “No es la suerte que el quisiera. La suerte que el desea está más lejos.”

- “A noventa millas, ¿no?”

- “El quiere jugar allá al otro lado del estrecho de la Florida y ahí probar la suerte de verdaderamente quiere.”

Le respondí esto a mi amigo. Entonces nos fuimos. Nos vino al recuerdo el Duque Hernández. Con el Duque habíamos tenido también hacía tiempo una conversación parecida a la de esa tarde con Andy Morales. Usted que está leyendo esta crónica sabe de sobra dónde juega hoy el Duque. Y saber reconcocer seguramente todo lo que de buena suerte va a acompañando a ese lanzador cubano de los grandes.

Hace apenas unos días escuchamos por la radio y la televisión del país la noticia. Llegando a las costas de Estados Unidos una embarcación con emigrantes ilegales cubanos fue devuelta a la isla por las autoridades del I.N.S. en la Florida. Andy Morales iba entre esos emigrantes devueltos a Cuba. El navegaba ese día cargado de sueños y esperanzas buscando su verdadera suerte.

Los partes oficiales del gobierno en Cuba se encargaron de acusarlo y llenarlo de adjetivos injustos y duros. Llegaron a llamarlo traidor a los suyos.

Ayer mi amigo y yo hablamos por teléfono. Estabamos apenados por lo que le sucedió a Andy.

- “Ya no lo dejarán jugar aquí más pelota. Se apagará como una estrella que se muere.”

Fueron esas las palabras finales de mi amigo en nuestra conversación telefónica. Nos despedimos y entonces decidí escribir algo sobre Andy Morales y su mala suerte. Es bien triste tener que agregar su nombre a la lista inmensa de los frustrados en esta isla. Andy Morales fue devuelto a tierra nuevamente. Llegó vivo pero sus sueños se ahogaron para siempre en las aguas azules del estrecho de las ilusiones. Sería muy bueno pensar en serio en ésto que escribo. Creo que bien podría cambiarse el nombre de una vez y por todas al estrecho de la Florida.

Rafael Contreras, Cuba Free Press.


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