Desde Dentro de Cuba.

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05 de Junio del 2000

CONVERSACIÓN CON EL PINTOR. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Hoy expone en la galería de la ciudad mi amigo el pintor. Es de las pocas personas que me conceden entrevistas para el periódico que trabajo desde la oposición. Resulta obvio aclarar que estos trabajos que hago para mi periódico no se publican en la isla. En Cuba, ser opositor equivale a ser vástago del diablo. Pero estas explicaciones están demás. Yo quiero entrevistar a mi amigo el pintor y punto.

Llego a la galería puntual. Este amigo mío es de los pocos pintores que conozco que también son puntuales para todo, o casi todo. Además, como amigo mío que es, no me hace quedar mal.

La galería a esta hora está desierta. Ya casi todo el mundo ha desfilado por ella. Quedamos en vernos a esta hora intencionalmente. Es mejor conversar cuando no hay casi nadie. Saludo a mi amigo y le hago la primera pregunta:

- “¿Estás contento con los resultados de la muestra hasta ahora?”

- “¿Crees que puedo estar contento?”

El me da esa respuesta y yo lo sonrio. Mi amigo es pintor. Vive en Cuba y sabe como pienso. Además, no es tonto. Sabe lo difícil que es sentirse contento en la isla.

- “¿Qué te han dicho de tu próxima salida al extranjero para lo de tu exposición?”

- “Ahora las cosas se están complicando un poco. Ya tu sabes lo de mi esposa, ¿no?”

En seguida entiendo. La esposa de mi amigo también es pintora. Hace unos meses salió a exponer al extranjero y no regresó. Pidió asilo. Ésto le hizo más difícil la situación a mi amigo en cuanto a de los viajes al exterior ahora.

- “Creo que no tendrás problemas. Ya eres reconocido en el extranjero. Tendrán que dejarte salir.”

- “Si. Pero creo que me harán sufrir un poco antes. Ellos son así.”

Mi amigo se refiere a los funcionarios estatales. Yo sé que son así. Pensarán que mi amigo también pedirá asilo para seguir a su esposa. Yo estoy por pensar que la situación para un pintor famoso como mi amigo es muy parecida aquí en la isla a la situación de un periodista. Claro, la desventaja la lleva el periodista, si no es famoso. Me gustaría ser un periodista famoso, pero vamos al tema. Yo vine a entrevistar a mi amigo y no vine a hablar a mi hipotética fama.

- “¿Piensas solicitar asilo cuando llegues al extranjero?”

- “Creo que mejor vamos al bar de la esquina. Voy a invitarte a unas cervezas.”

Yo veo que la respuesta que me da mi amigo nada tiene que ver con mi pregunta, pero no me disgusto. Hace bastante calor y unas cervezas no vienen nada mal. Además, una invitación como esa no se da todos los dias para un periodista que no concoce la fama.

Mi amigo indica al guía de la galería que va a salir un rato. Entonces me pone su brazo por encima y salimos caminando hacia la calle. En seguida llegamos al bar de la esquina. Hay un buen aire acondicionado dentro. En ese bar todo se oferta por divisa. Hasta el aire acondicionado es por divisa en Cuba, aunque usted no lo crea.

La primera cerveza es algo que uno toma bien rápido cuando está sediento y acalorado. Ya en la segunda uno se anima más a hablar. Yo veo que mi amigo está atento a la espuma de la cerveza en su vaso. Está como reflexionando. Yo no lo interrumpo en sus reflexiones. No es bueno interrumpir a un hombre cuando reflexiona, mucho menos si ese hombre es un pinto famoso, y encima de eso, es amigo de uno.

Mi amigo quita la mirada de la espuma de su cerveza. Entonces, sonriendo me dice:

- “Creo que allá en la galería deje una pregunta tuya sin respuesta.”

Yo sé a qué pregunta él se refiere, pero me hago el desentendido. Reconoczo que él no me la dio respuesta a mi pregunta porque tiene sus razones y hay que respetarle las razones a la gente cuando no quieren dar las respuestas a las preguntas de uno.

- “No te contesté allá dentro porque tengo que cuidarme hasta de mis propios cuadros para no ser delatado. Tu sabes cómo se vive aquí.”

Ya yo entiendo de sobras las razones de mi amigo. A veces yo me cuido hasta de mis paredes para hablar. Él tiene razón. Yo sé como se vive aquí.

- “Rezo para que me den el viaje al extranjero. Extraño a mi esposa. Ya me cansé de tener miedo hasta de mis cuadros. No es bueno para un pintor tener que hablar lejos de sus cuadros por miedo.”

En seguida me doy cuenta que esa respuesta de mi amigo el pintor es la que sentía. Entonces yo también rezo para que le den la salida al extranjero. Quiero que el pueda hablar todo frente a sus cuadros. Yo sé que sin miedo el pintará mejor. Sin miedo salen más bonitos los colores.

Al rato me despido de mi amigo. Entonces me voy pensando en todas esas cosas que tiene la fama y que tiene el miedo. Y vuelvo a reflexionar sobre lo bueno que sería para mi convertirme en un periodista famoso. Mucho mejor sería lograr salir al extranjero. Entonces yo haría como mi amigo. Me quedaría para siempre en un lugar donde pudiera hablar sin ningún tipo de miedo a que escuche alguien detrás de mis paredes. Me rio un poco y pienso que la culpa de estas reflexiones hipotéticas la tienen las cervezas. Un periodista de la oposición no puede soñar aquí en Cuba con la fama y mucho menos con un permiso de salida al extranjero. Entonces dejo de reirme. En seguida me doy cuenta que me queda mucho tiempo por delante en este asunto de hablar, cuidandome de las paredes.

Rafael Contreras, Cuba Free Press


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