Desde Dentro de Cuba.

Distribuido por Cuba Free Press, Inc. - http://www.cubafreepress.org

26 de Mayo del 2000

LAS CARTAS DEL DESTINO. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

La Coloma, Pinar del Río.- El destino es un jugador que hace trampas. Siempre tiene una carta debajo de la manga. Juan el pescador y yo veníamos esa tarde a bordo del pequeño bote. Había sido una faena regular. Juan había pescado poco. El mar estaba algo picado esa tarde. A mí me gusta comparar el mar con el destino de los hombres, sobre todo cuando el mar está picado como lo estaba esa tarde.

Hace casi veinte años que Juan pesca aquí en el puerto de La Coloma. Es un puerto ubicado a 27 kilómetros al sur de Pinar del Río. En la provincia de Pinar del Río lleva Juan un total de 38 años.

Cuando llegó a esta provincia Juan tenía 28 años. El nació en Las Villas al centro mismo de la isla. En los años sesenta empezó en Cuba lo de las bandas de alzados contra el gobierno de Fidel Castro. Entonces las autoridades cubanas tuvieron la idea de sacar de las montañas a las familias. Fue una especie de reconcentración. Se quería evitar que los campesinos ayudaran a los alzados contra el gobierno. La familia de Juan vino enviada a La Habana. El recuerda que fue en la zona de Miramar donde concentraron a las familias traídas de la zona donde el vivía en el Escambray. Un día llegaron unos uniformados de verde-olivo y mandaron a subir a los camiones a todos los hombres de cada familia. Subieron a los camiones y dieron un viaje que les parecía interminable. Vieron pueblos desconocidos y que jamás volvieron a ver. Llegaron a medianoche al lugar donde serían ubicados definitivamente. Al día siguiente pudieron percatarse de que era un extenso territorio dedicado al cultivo de la tierra. Supieron que llevaba por nombre ese lugar Río Verde, aunque no vieron el río nunca. Los habían llevado hasta ese lugar para que ellos mismos levantaran el pueblo donde vivirían con sus familias. Al cabo de tres años el pueblo hecho por ellos estaba ya levantado. Entonces pudieron reunirse con sus familias confinadas en La Habana allá en la zona de Miramar. Todos sabían que estaban obligados a echar raices en ese pueblo levantado a las fuerzas, que jamás volverían al lugar donde nacieron. Aún siendo algo joven ya Juan tenía un hijo pequeño. El muchacho apenas contaba unos meses. El día 22 de agosto del año del 1964 se inauguró oficialmente el pueblo. Las autoridades cubanas le pusieron por nombre al pueblo Sandino. Ahora todo el mundo lo conoce en Cuba como Municipio Sandino.

Cuando aquello Juan ni soñaba ser pescador. Ahí mismo fue cuando el destino sacó una de sus cartas escondidas. En unas de sus visitas con unos amigos a otro pueblo cercano vio Juan el mar por primera vez. Conoció a unos pescadores y ahí comenzó todo. Subió por primera vez también a un pequeño barquito de una cooperativa pesquera. Ya jamás regresó al pueblo construido por él mismo. Llegó un día al puerto de La Coloma y ahí se casó. Nadie sabe cuando fue que Juan recordó que en Sandino había dejado a su antigua esposa con un pequeño niño.

Esa tarde cuando veníamos en el pequeño bote de Juan, él estaba recordando aquellos años. Yo presentía que el destino estaba otra vez moviendo las cartas.

Apenas llegamos con el botecito a la orilla, Juan lo amaró bien fuerte al muelle con sus manos de pescador.

-"Es que yo quería perderme de una vez de aquel pueblo en el que me habían metido a las fuerzas, periodista. La pobre de mi mujer cargó con la parte mala en el negocio."

Me dijo estas palabras el viejo pescador con todo la tristeza del mundo. Juan era un hombre lleno de culpas tiradas a su espalda por un sistema y otros hombres.

-"Nunca supe si ella murió, si está viva. Tampoco he sabido jamás de mi muchacho."

Cuando me dice eso yo recuerdo entonces que Juan estuvo también un tiempo largo preso. Fue detenido cuando ayudaba a salir un grupo de gente por la zona del puerto.

-"Yo estaba más loco que aquella gente, chico. ¿A quién se le ocurre salir para Estados Unidos por la costa sur de Cuba?"

-"Esa gente lo que estaban eran desesperado, Juan. Un hombre desesperado hace cualquier cosa."

-"Creo que sí. Un tipo desesperado hace cualquier cosa, periodista."

Me dijo esto y caminamos entonces por el muelle rumbo al bar del puerto. Ahí en el bar del puerto yo tengo varios amigos. La profesión de reportero tiene eso de bueno. Uno hace amigos en el camino. En una mesa del bar estaba sentado el negro Jacinto. Nos llamó cuando nos vio entrar. A su lado había un muchacho que yo nunca había visto en el pueblo. Nadie lo conocía. Llegamos a la mesa y Jacinto nos presentó al muchacho.

-"Mire, éste es el hombre que viene de jefe de contingente que va a levantar los edificios del puerto."

Todos nos saludamos. Entonces Juan y yo nos sentamos con Jacinto y el hombre. Yo digo muchacho porque lucía muy jóven al lado del negro Jacinto y del viejo Juan. Pero tenía estatura de hombre. El negro Jacinto fue el que puso la primera carta en las manos del destino cuando habló.

-"Mira, Juan, acá el jefe del contingente dice que odia a los pescadores."

-"¡Caray! Me voy entonces de esta mesa."

Jacinto tiró una sonrisa grande que estremeció todo el bar.

-"No es para tanto, compadre," dijo el negro. "Lo que pasa es que un pescador le hizo una mala jugada al muchacho. Hace rato que le estoy pidiendo que cuente y no quiere."

-"Venga ese cuento, muchacho. Así te decimos si tienes razón o no. Los pescadores somos gente buena. Alimentamos a casi todo el que está en tierra." Así dijo Juan.

Entonces fue cuando el hombre empezó a contar. Supimos que venía de un pueblo de la provincia, un pueblo que habían levantado la gente traída del Escambray en los años sesenta. Él había llegado a ese pueblo con apenas unos meses de nacido. En fin, un niño. Cuando el muchacho llegó a la parte que contaba lo de la muerte de su madre al ser abandonada por el padre, fue que miré a Juan el pescador. Juan tenía el vaso a medio camino entre en pecho y los ojos. En ese momento le hizo la pregunta al muchacho.

-"¿A qué se dedicaba tu padre, mi hijo?"

El muchacho miró por la ventana del bar todo lo inmenso del mar y respondió.

-"Yo supongo que siga siendo pescador. En eso fue en lo que se metió cuando dejó plantada a mi madre conmigo de brazos."

Y es lo que yo digo. Ahí mismo el destino tenía la carta sacada debajo de la manga. A mí me pareció verla en el medio de la mesa. Yo no les voy a decir a los que están leyendo esto que carta era. Tampoco voy a decir lo que pasó después. Quiero que cada uno de ustedes imagine que pudo pasar. A lo mejor en algunas ocasiones el destino también les ha escondido cartas.

Rafael Contreras, Cuba Free Press.


CUBA FREE PRESS, INC.
P.O. Box 652035
Miami, FL 33265-2035
Phone: (305)270 8779 -- Fax: (305)595 1883

E-mail: mailbox@cubafreepress.org
Home: http://www.cubafreepress.org
Copyright © 2000 - Cuba Free Press, Inc.