Desde Dentro de Cuba.

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07 de Mayo del 2000

UN GENERAL EN LA SOMBRA. Por Rafael Contreras, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Lo conocí mucho antes de ser general de brigada. Amado Valdés era entonces el jefe de guardafronteras en la provincia de Pinar del Río. El Flaco, así le decían los mas allegados. Otros le decían Amadito. Cada vez que ocurría un acontecimiento de importancia por las costas de la provincia, yo intentaba por todos los medios lograr que me incluyeran en el equipo de prensa encargado de cubrir el hecho.

En aquel entonces yo daba mis primeros pasos como periodista en la emisora de la provincia. Amadito llevaba eso de guardafrontera en la sangre. Tenía olfato para detectar desde la costa todos los secretos que venían del mar. Una tarde hablamos largo sobre el mar y la vida del guardafrontera. Me decía que el sentía en su misma piel las picadas de cada mosquito que en las noches atacaban a sus guardias en lo más intrincado de los cayos vigilados. Los guardias lo querían de verdad.

No recuerdo si fue a finales de la década de los setenta que lo promovieron a la dirección general de tropas de guardafronteras. Salió de Pinar del Río con grados de primer teniente. En los años ochenta ya era general de brigada y jefe de la dirección general de tropas de guardafronteras.

Nos abrazamos fuerte cuando nos vimos. El Flaco merecía estar donde estaba. Lo vi un poco mas viejo y algo gordo pero saqué la cuenta de que los años no pasan por gusto. Con ellos nos llega siempre algo de arrugas y de barriga o casi siempre, sobre todo, lo de barriga.

No vi más al Flaco. Llegaron los ochenta y a punto de irse la década casi, sin penas ni glorias, toda Cuba se estremeció en el mes de junio. Arnaldo Ochoa Sánchez, quizás el general más condecorado de Cuba, era apresado en su domicilio. La misma suerte corrieron otros generales y oficiales de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior cubanos. Luego, que fue anunciando en los periódicos que era un asunto de drogas y otras cosas que aún se buscan en las sombras sin hallar respuestas.

Antonio de la Guardia Fong era uno de los detenidos. Estaba al frente del departamento MC. En la criptografía del MININ aparecía registrado con estas siglas el departamento encargado de romper de alguna forma el bloqueo a la isla. Era una tropa encargada de hacer contactos donde fuera con el objetivo de entrar mercancías y medicamentos inalcanzables a la isla.

Antonio de a Guardia, “Tony”, el Jimagua, y Amadito, el Flaco, era viejos amigos y como tal se querían. Llevaban casi el mismo tiempo en el ministerio. Amado sabía la cobertura de entrada y salida de los del MC por las costas. La autorización venía de arriba. Pero ese mes de junio funesto Amada también cargó con la salación en el caso Ochoa-la Guardia. El ministro de las FAR de Cuba convocó a una reunión a los altos oficiales del MININ y las FAR. Ahí, en medio del inmenso salón, comenzó el disertación sobre el caso. Criticó, ordenó, degradó y muchas cosas más que no logré sacar de las paredes del secreto.

Amado tuvo el valor de no aceptar algo que el ministro hablaba y de golpe sonó la frase prepotente y devastadora de Raúl.

--¡Cállese usted la boca, coronel!

Esa frase del menor hermano de Castro fue un navajazo. En el acto Amado Valdés era degradado en una frase de general de brigada a coronel.

Luego de esa reunión lo pasaron a retiro en su casa. Toda una vida dedicada a una profesión. Sentir de golpe así que le tumba el mar a uno sin explicarlo. El Flaco tenía algo de poeta. Yo sé que esa humillación debió dolerle mucho. Los poetas tienen fibra para recoger los dolores y guardarlos más adentro que otra gente.

El tiempo y los que ordenan tratan a veces de borarlo todo. Hace apenas un año Amadito fue llamado a nombre de Raúl Castro para que ingresara nuevamente al Ministerio del Interior. Dicen que un enviado por el ministro le explicó que todo había sido un error que con él se había sido injusto.

Amadito no aceptó. Con toda la vergüenza del mundo dió un “no” rotundo a la propuesta. Un amigo cercano al Flaco y a mí me hizo el cuento. Yo decidí escribir esta crónica. Se la dedico al Flaco, aunque quizás no llega a leerla. Pero se la dedico por enseñar que la dignidad no se vence con las fuerzas y mucho menos con el poder de la tentación. Ellos pudieron quitarle de los hombros las estrellas, pero nada ni nadie en este mundo le puede arrancar las convicciones a un poeta.

Todos los que queremos al Flaco le decimos que para nosotros el “no” dado a los enviados fue el poema más lindo que él ha escrito.

Rafael Contreras, Cuba Free Press.


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