Desde Dentro de Cuba.

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18 de Abril del 2000

MOSCAS DE BAR Por Rafael Contreras Bueno, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Las barras expendedoras de bebida son museos de lo cotidiano. En una barra se ve desde el borracho habitual (que ha decidido morir en el fondo de una botella) y también al que más odio le tuvo en su vida al alcohol. Los entregados al horario de las barras son moscas de bar. En los tiempos actuales, de escasez y miserias en la Isla, las barras se han llenado de personajes nuevos. A ellas llegan los policías recién expulsados por corruptos, los antiguos barbudos de las lomas. Llegan también los que, hasta ayer, eran intocables, es decir, los funcionarios de provincia que desde el interior del auto eran ajenos a lo que ocurría afuera. Personajes despojados ya del rango por una u otra razón, que buscan la solidaridad entre el humo de cigarros y sudor, empapados en alcohol.

En una barra de la ciudad, el funcionario que antes despreciaba, es ahora un lacrimógeno protestón contra lo injusto. A veces gritan sus odios y a más de uno se le escapa de vez en cuando un secretillo de estado o una deficiencia que conoce en las alturas. El policía que hasta hace poco odiaba al desocupado, habla ahora con ese mismo hombre, de amores inventados. Ha dejado de ser policía para convertirse en confidente solidario de cantina. El desocupado no guarda rencor. Por lo contrario, agradece. Esta vez el antiguo policía paga la ronda. A medida que los días pasan, estos personajes que cambiaron de estatus repentinamente, se van adaptando al menos en apariencia, a los demás que beben y fuman cotidianamente, desde siempre, en estos lugares, devenidos templos de la bulla, la intriga y el arrepentimiento.

Usted puede ver llorando, en plena borrachera, desde un antiguo policía a un inspector estatal que hasta ayer mismo miraba a su progenitora por encima del hombro, con desprecio. Así se ven las cosas. Las barras de esta ciudad a que me refiero, existen en la parte donde el caimán tira sus coletazos desesperado ante la realidad que vive. Aunque es casi seguro de que las historias de estas barras, son rutina en casi todas las demás. Porque los policías corruptos, los dirigentes cogidos in fraganti, los inspectores extorsionadores son tan comunes ya...Llega también sin embargo a la barra el tipo que hasta ayer era un corrupto o el que más odiaba a un policía y hoy llega con traje, asumiendo un alto cargo de funcionario. Si entra con uniforme de policía, lo hace pidiendo carnets de identificación a los que decía odiar. Ahí mismo, en seguida, va hacia el antiguo policía que lo acosaba. Simple intercambio de papeles en escena.

Esta Cuba vive lo mismo. Están trastocados todos los papeles. La barra no es más que una vitrina de la realidad social de este país. Si usted viene a Cuba y visita una barra popular, se sorprenderá de ver tomar un trago de ron de baja clase, en moneda nacional pagado, a un funcionario lloriqueando de añoranza por el cargo perdido. Si conversa con alguno, en un lugar de mala muerte, donde trabajadores de bajísimos ingresos quieren ahogar sus penas, desocupados, mendigos y destronados, todos juntos, hermanados y aislados por sus vivencias. Están donde se merecen los intocables de ayer, los frustrados de hoy, a los que les llegó la hora de engrosar el bando de los perdedores.

Rafael Contreras Bueno, Cuba Free Press.


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