Desde Dentro de Cuba.

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24 de Marzo del 2000

ACOSO EN LAS GRADAS. Por Rafael Contreras Bueno, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Anoche hubo juego de pelota en el estadio de esta ciudad. Escribo desde Pinar del Río. Si usted no ha estado nunca aquí, le digo que el estadio de esta ciudad se encuentra muy cerca del centro de la urbe. Es lindo. Lleva el nombre de uno de los hombres que fueron la aventura con Guevara en Bolivia y también murió en el empeño. Pero esa crónica no es para hablar de eso.

Ayer había un juego importante en el estadio. Ya la serie nacional cubana de pelota está por acabarse. El equipo de Pinar del Río va primero en su grupo. Yo, por supuesto, soy fanático de ese equipo y lo sigo. En él está el pelotero más grande del béisbol amateur. Es Omar Linares. Le dicen El Niño. El Niño puede hacer mucho dinero si va a las Grandes Ligas pero ha optado por estar aquí. Yo tampoco voy a hablar sobre eso. Quedarse o irse es problema suyo, no mío.

Quiero contarle lo que nos ocurrió a mi amigo y a mí, en el estadio anoche. El importante juego era entre el equipo de Pinar del Río y el Metropolitano. Los metropolitanos son de La Habana. Mi vecino y amigo me embulló. Quedamos en verlo desde las gradas. Si usted es cubano, sabe eso. La mejor manera de disfrutar un buen juego de pelota es gritando, sentado en las gradas, las buenas jugadas de su equipo y también las malas, es parte de la emoción. Así las cosas, llegamos a tiempo. Nos fuimos a la línea de tercera, el mejor lugar. Casi pegado a la malla. Allí tiene cerca al equipo de casa, si el juego es local. Estábamos sentados justo al lado de nuestro equipo. El estadio estaba bonito. Es de las pocas cosas que aún quedan bonitas en la ciudad.

Un rato después comenzó el encuentro. Los detalles del juego no importan. Todo iba normalmente hasta el tercer inning en que le tocó batear al Niño Linares. Se hizo un silencio impresionante. El lanzador de los metro hizo el primer lanzamiento con una elegancia de bailarín profesional, se movió como midiéndose en las sombras. Tiró la pelota con toda la fuerza de su cuerpo hacia el home. El estruendo de la pelota en la mascota del catcher sonó como si un tren expreso hubiera llegado al lugar donde Omar Linares se disponía a batear.El primer strike fue cantado y hubo un clamor de consternación en la gradería. Se hizo evidente que a ese lanzador no sería fácil batearle, aún llamándose Omar Linares. Mi amigo me miró satisfecho. Aquello parecía ponerse emocionante.

De pronto, veo que cambia la expresión de su cara al mirar hacia la parte de abajo del graderío. Seguí su mirada y pude darme cuenta de todo. Por los pasillos del estadio entraba una brigada de la policía especial del régimen en la provincia. Estaban efectuando un operativo en el estadio. Es decir, una redada. Alguien comentó que buscaban apostadores ilegales. Vimos cómo los policías pedían carnet de identificación a los presentes. Entonces mi amigo me indicó levantarnos. Lo hizo él primero y yo lo seguí. Bajamos or el lado contrario a donde estaban los guardias pidiendo documentos. Recordé un film sobre la segunda guerra mundial donde unos nazis en medio de un partido de fútbol, pedían los documentos a la gente.

En breve, ya salíamos por la puerta del Estadio. Iba a preguntarle, pero me leyó la interrogante en la mirada. -"Yo estoy sin trabajo. El que iba al frente de la redada lo sabe. También sabe que soy opositor. Siempre me amenaza". -¿Tu crees que lo hubiera hecho en medio de tanta gente en ese estadio?, fue mi pregunta.

Mi amigo sonrió y movió la cabeza como quien habla con un novato. -"No concoes a ese tipo. Me pidió el carnet de identidad en medio de una fiesta. Al ver que estaba desempleado me multó. Lo hubiera hecho en ese esadio con la tranquilidad más grande del mundo. Yo no soportaría ese bochorno". Entonces comprendí.

Seguimos caminando. Entonces escuchamos una enorme algarabía desde las gradas del estadio hacia donde estábamos. Alguien dio un batazo decisivo parece", dije yo. -"!Qué pena, a lo mejor fue el Niño Linares!", añadió él. Seguimos caminando y en silencio me dije. Sí, fue una pena perdernos el batazo del Niño Linares, que después supimos había sido un extra base del pelotero mayor, pero la pena más grande fue la que evitó mi amigo. Sentirse acosado y humillado en las mismas gradas, ante cientos de personas y en medio de un buen juego de pelota que pensábamos disfrutar hasta el último inning.

Rafael Contreras Bueno, Cuba Free Press.


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