Desde Dentro de Cuba.

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24 de Marzo del 2000

EL PREMIO NOBEL Y LOS NAUFRAGOS. Por Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Gabriel García Márquez ha demostrado particular interés por los naufragios. Siendo así, resultaba curioso que todavía no hubiese escrito algo sobre el llevado y traído caso del niño Elián González Brotón. El hielo fue roto al fin el domingo 19 de marzo cuando el periódico argentino Clarín publicó un recuento sobre los sucesos escrito por el Premio Nobel. Al parecer, los apuntes fueron hechos durante una de sus frecuentes visitas a La Habana. El lunes 20 el periódico trabajadores se refirió a lo publicado en Clarín , citando algunas partes coincidentes con la posición del Estado marxista. Pero su no publicación íntegra, hizo creer que el escritor había manifestado imparcialidad y en partes, su relato n era grato a las autoridades. Error absoluto. Porque un día después el gobierno cubano vendió en todos los estanquillos el texto completo, aderezado con numerosas fotos, a manera de los frecuentes editoriales que sobre el asunto saca Granma a la luz. Así fueron de coincidentes los puntos de vista de García Márquez con los oficiales.

Entre lo que se ha divulgado en Cuba sobre el caso de Elián aparecen no pocos razonamientos ingenuos y criterios difíciles de aceptar. Llama la atención en añadidura que no trascienda ni una frase en desacuerdo con lo que desea el Estado que se diga sobre el tema. Ha ido quedando muy bien el rompecabezas para considerar que pueda haberse organizado con la expresión sincera de los testimoniantes y de los demás que han aportado elementos sobre la tragedia.

El premio Nobel no es bobo y sabe que hay zonas obscuras, pero..¿por qué no intenta darles luz en su relato? ¿Por qué asume como ciertas todas las palabras del padre como si este hombre no estuviese sometido a tremendas presiones o por qué obvia penetrar en las profundas y enmarañadas causas del fenómeno migratorio en la Isla? García Márquez es uno de los tantos que asumen con oportunismo los hechos de la realidad cubana. Si él fuera ingenuo o estuviera desinformado, pudiera creerse que se trata de confusión manipulada. Pero en su caso no puede ocultarse el contubernio, la parcialidad y la ausencia del deseo de que aquí las cosas mejoren de verdad.

Anda mucha gente por el mundo molestos con los yanquis, podrán tener o no razón para ello, porque al fin de cuentas los del norte no son unos santos, pero lo que resulta inaceptable es que para cada una de las guerritas personales o locales que pretenden hacerle por ahí a los hijos de Washington y Supermán, quieran coger a Cuba y a los cubanos de punta de lanza. Gente como García Márquez pretenden atenuar su resentimiento apoyando al gobierno de Cuba y asumen su gesto como un gesto solidario con su pueblo, como si una cosa y la otra fueran lo mismo. O más indirectamente lo hacen cuando celebran los resultados de la revolución a contrapelo de la política hostil de su vecino, sin detallar cuánto de fantasía puede haber en ello, a la vez que cierran los ojos ante cosas capaces de encolerizar hasta al más calmado.

De este lado sobran los incentivos para estimular semejante conducta. Quienes actúan así siempre tienen una visa si desean visitar la Isla y condiciones excepcionales durante la permanencia que incluye recepciones especiales, el normal recorrido por la vitrina del Estado concebida para los extranjeros, alojamiento en Villas y Hoteles de lujo y hasta residencia temporal o permanente si la necesitan. No importa si el visitante es un cocainómano como futbolista Maradona o un prófugo de la justicia internacional como Robert Vesco. A quien de alguna manera sirve, hay que agradecérselo para que siga sirviendo y otros se estimulen a hacerlo. Si no exige mucho a cambio, no hay problema. Pero si se extralimita como Jessie Jackson, que se vaya al infierno. Así de simple es el asunto.

En esta fórmula se inscribe García Márquez, con la prerrogativa de tener una pluma sobrevaluada. Por eso los enojos se hacen transitorios cuando escribe "El Otoño del Patriarca" o cuando dice alguna frasecita puntiaguda o mete la mano en la candela por Tony de la Guardia y Ochoa.

Pero en relación con lo del niño náufrago, su entrega fue total. No criticable por estar a favor del regreso del muchacho, porque a fin de cuentas hay una gran división de criterios a ambos lados. Si no por la coincidencia exacta hasta en el menor detalle, con la opinión de las autoridades y por su silencio sobre cosas que no pueden dejar de decirse al abordar el tema. A lo que no agrada hay que atacarlo y ni los cubanos del exilio ni los yanquis le caen bien al escritor. Hacia ellos entonces enfila su lanza poniendo en su punta a Cuba y luego la dispara con la energía de sus obscuros resentimientos. Así de simple actúa. Habla García Márquez demasiado sobre el náufrago de allá y hace absoluto silencio sobre los que a este lado les van quitando la última tabla. Vaya raro interés por quienes van quedándose sin suelo firme donde apoyarse.

Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.


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