Desde Dentro de Cuba.

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22 de Marzo del 2000

LEJANIA. Por Rafael Contreras Bueno, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- "Hay de ustedes que dictan leyes injustas y publican decretos intolerables, que no hacen justicia a los débiles ni reconocen los derechos de los pobres de mi pueblo", Isaías, Cap. 1, 1-2.

Distanciamiento es una palabra profundamente grabada en los oídos de esta Isla desde 1959. Cada cubano tomó un rumbo político diferente y se iba alejando de otro. Dos que no pensaban de igual modo quedaban automáticamente condenados al distanciamiento. No importaba el lazo de afinidad existente desde antes entre ambos. Al entrar los 60 el pensar estaba dictado por decreto. Una máxima gubernamental trazó la línea a seguir: "Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada". Así las cosas, obligado a aceptar como fiel siervo, estaba todo cubano.

Una dizque zafra descomunal en los 70 rompió los huesos a los hombres. Los cubanos que pensaban diferente y buscaban la salida, regaron con su sudor y lágrimas de impotencia los verdes campos de caña. Además del sol implacable, tuvieron que soportar las calumnias de los seguidores del régimen. Trabajaron juntos en los campos, pero no revueltos. La distancia pactada de antemano por diferencias políticas.

Los cubanos de pensar distinto eran considerados perdedores por tanto, estaban obligatoriamente incluidos en el bando de los que tenían que soportar que las cosas siguieran pasando. Lo cierto es que a los 10 millones de toneladas de azúcar le cargaron tanta amargura de los obligados a trabajar para conseguirlas, que no se dieron. El gran bochorno recorrió el mundo. La palabra del cubano que la empeñó, se hizo choteo. La frase célebre de: "Los diez millones van, palabra de cubano" quedó en la transmutación oportunista de convertir el revés en victoria. No le quedó más remedio a las autoridades que dejar salir al exilio a los hombres y mujeres que pensaban diferente.

Ese distanciamiento obligado es una herida que no cierra. Más allá del beso al hermano, padre, hermano o amigo que viene desde afuera quedan las lágrimas de la separación de años como marca perpetua. Con toda la ayuda que desde siempre presta el cubano del exilio, por toda la bondad que la mayoría del regreso carga en el abrazo, hay quienes siguen buscando distancia. Son los impotentes, aquellos que en lo más obscuro de su amargura siguen clamando, para los que no piensan como ellos, los campos de castigo y las segregaciones. Todo cubano sabe que la distancia forjada desde el 59 es única y es también irrepetible.

Nunca buscó este pueblo la salida de la Patria. Nunca quiso hacerlo de manera permanente. Desde el mismo indio borrado para siempre, el nativo de la Isla se abrazó a las raíces y las piedras, negado a salir de su lugar de parto. El cubano del exilio sigue con la añoranza del regreso. Patria no es nación, la nación la habitan, la Patria se lleva por dentro. Cada cubano que está lejos sigue cerca. Los de aquí pensando como ellos, aceptamos retos, mezquindades y alaridos impotentes de los contrarios. Sabemos sobradamente que no por gusto el sol sale. Tenemos la convicción de que ese mismo sol, obligado a quemar las espaldas en aquel tiempo de frustrada zafra babilónica, es el sol que en desespero, busca los rincones de lo obscuro pidiendo que vean su luz y no sus manchas.

Rafael Contreras Bueno, Cuba Free Press.


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