Desde Dentro de Cuba.

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21 de Marzo del 2000

ESTABILIZACION DE LA ECONOMIA INTERNA: Por Francisco Alvarez Gómez para Cuba Free Press

Palma Soriano.- Desde junio de 1994 el Estado viene aplicando una política de saneamiento financiero encaminado a estabilizar la deteriorada economía que sufre el país, agudizada a partir del derrumbe del campo socialista entre los años 91 y 92.

De todas maneras la población de más bajos ingresos está atravesando por una crisis que se manifiesta en la imposibilidad de satisfacer sus necesidades más esenciales, como la alimentación familiar. Para nadie es un secreto que la escasa canasta básica que en forma de cuotas se vende al núcleo familiar, alcanza escasamente para 10 ó 12 días del mes. A partir de ahí hay que acudir al mercado diferencial estatal donde existen altos precios equiparables en su mayoría a la convertibilidad con el dólar, es decir, 21 pesos cubanos por cada dólar.

El arroz a 5 pesos la libra. La manteca o el aceite a 35 la botella. La carne de cerdo a 12 pesos así como la de ave, son algunos ejemplos de la carestía que no son de bolsa negra si no de un mercado autorizado por el estado, porque de él recibe el 15% de impuestos sin intervenir en lo más mínimo.

Hablemos de los productos industriales. Ropa, calzado, confecciones textiles y otros renglones. Hace años se eliminaron de la libreta de abastecimiento y el que quiera vestir debe arreglárselas para que su escaso salario le alcance para convertir en dólares una parte y así poder adquirir algunos recursos. Acude entonces a las casas de Cambio (CADECA) donde debe pagar a 21 pesos cada dólar.

Imaginémonos un padre de familia que devengue un salario de los denominados "decorosos". Fijémoslo en 400 pesos. Después de comprar la canasta básica y en el mercado paralelo el resto para terminar el mes, no es mucho lo que puede quedarle para comprar uno o dos dólares para un jabón detergente o un litro de aceite.

¿Cómo resuelve el cubano promedio este desbalance? De una sola forma: el robo, desvío, la venta ilícita y las múltiples formas, todas ilícitas también, que a fin de cuentas, repercuten en el saneamiento de las finanzas que se propone llevar a cabo el régimen.

Para tratar de calmar el descontento de la población afectada por la angustiosa situación económica, el Estado ha ideado una fórmula que hasta el más tonto reconoce es una estafa.

Sectores como la salud, el Minfar, el Minin, la educación y la industria básica, han aplicado incrementos salariales de cierta consideración además de estímulos salariales y aplicación de escalas a técnicos y especialistas. Para contrarrestar esta salida de circulante que no tiene contrapartida en producción, tienen que recurrir a la elevación de los precios preferentemente en el sector de la gastronomía. Está de más señalar que todos los precios se han disparado, desde un simple pan bono con pasta que antes costaba 15 centavos, y ahora cuesta 80 centavos, hasta un bocadito de jamón pierna que de 2.50 subió a 6.50 Las bebidas alcohólicas todas triplicaron sus precios y hasta los sectores no estatales como son las Unidades Básicas de Producción Cooperativa y las Cooperativas de Producción Agropecuaria que siguen sin resolver sus problemas de ineficiencia y mala administración, vendiéndole al pueblo productos a precios diferenciados autorizados por el Estado.

No escapa ningún renglón a esta sentencia del incremento de precios. Parece ser que la única tabla salvadora a la que se aferra el estado socialista para mantenerse en el poder. Así vemos cómo el gas licuado, que se expendía a 11 pesos el cilindro de 100 libras ahora se pretende triplicar su precio vendiéndose a 31 pesos con 50 centavos.

A pesar de las severas leyes contra los delitos comunes, la delincuencia sigue incrementándose y lo peor del caso es que nadie que roba tiene el peso moral en su conciencia de estar cometiendo un delito, algo incorrecto y censurable. Piensa que están "luchando" su supervivencia y la de su familia y que en el peor de los casos, es preferible estar unos años en la cárcel y no morir de hambre.

Las autoridades saben todo esto, y de vez en cuando dan uno que otro golpe ejemplarizante condenando a infractores y publicando los casos en la prensa o en la televisión. Pero saben que en el fondo tienen que hacerse de la vista gorda y dejar vivir a los asfixiados. Y todo se convierte en una gran vorágine donde convergen el honrado, el delincuente, el rico, el pobre, el negociante, el vivo y el bobo.

Se critica por ahí a países como Haití, Bolivia, Guatemala, y otros considerados como del tercer mundo, subdesarrollados porque el ingreso mensual per cápita es de aproximadamente unos cientos de dólares y se plantea que son niveles de pobreza que raya en la miseria. Sin embargo, aquí en Cuba sería un lujo ganar esos 115 dólares mensuales. La dirigencia de la revolución argumenta que la canasta básica se mantiene a los mismos precios de hace 40 años y que la salud y la educación son gratuitos, (?) pero aún así el nivel adquisitivo de una familia cubana, sin lugar a dudas, está entre los más bajos del universo.

Afortunadamente para muchas familias, la supervivencia viene de la ayuda exterior. Cualquier familiar que le envíe 100 dólares o más le está entregando 2,000 pesos cubanos, o sea el equivalente a 6 ó 7 meses de trabajo y esto les sirve a muchas familias para ir resolviendo sus problemas. El Estado también se beneficia en estos envíos, pues recoge ese dinero en las tiendas shopping para concentrarlo a escala nacional y contribuir al sostenimiento del sistema. Así pues, paradójicamente, la ayuda a la familia desde el exilio es una ayuda al sostenimiento del propio régimen.

Muchas fórmulas se ensayan y se planifican para salir de la crisis financiera, pero lo cierto es que la única salida es la superproducción y la productividad. Y sólo en la libertad que propicia el trabajo fecundo y creador del ser humano, se puede lograr esa actividad económica fructífera. Entonces podrán satisfacerse las necesidades materiales de la población y en un juego y rejuego de mercado libre, se podrá salir de esta crisis que nos agobia. Mientras, muchos prefieren aferrarse a ese viejo refrán que reza: "Ladrón que le roba a ladrón, tiene 100 años de perdón".

Francisco Alvarez Gómez para Cuba Free Press


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