Desde Dentro de Cuba.

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17 de Marzo del 2000

ARTHUR MILLER Y EL SALEM QUE PARECE NO VER. Por Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- El famoso dramaturgo Arthur Miller estuvo en La Habana. Pensamos que venía con el espíritu de quien visita un museo o de quien busca argumentos exóticos para recrear una obra nueva. O tal vez con la pretensión de palpar una versión contemporánea del Massachusetts intolerante del Siglo XVII donde sus brujas fueron reprimidas, encarceladas y sacrificadas. Pero no nos parece que el sentido de la visita tuviese que ver con algo semejante. Más bien su presencia la creemos a tono con una moda que hoy se abre paso según la cual los problemas de la Isla se perciben como la falta de voluntad política de los cubanos del exilio y del gobierno de los Estados Unidos.

Asumir esta posición miope al parecer es consecuencia del agotamiento de la gente en exterior que, al ser durante tanto tiempo objeto de la difusión que revela los males de la Isla, reacciona de manera airada y empieza a cuestionar lo que se les asegura. Cuando lo más inteligente sería buscar la verdad sin prejuicio alguno. Seguramente de ser ahora la Cuba de los 60 cuando los fusilados se llevaban a enterrar en camiones, Miller no hubiese venido. Tampoco lo hubiese hecho si aún perdurara nuestra condición de satélite del comunismo mundial que prevaleció en los 7o y los 80, hasta que desapareció la URSS. Pero tanto el famoso dramaturgo como tantos otros intelectuales que a cada rato vemos por acá disfrutando del arrullo que le suelen ofrecer las autoridades, debían saber que la esencia de la política que gobierna la Isla, no ha cambiado. Simplemente, ha metamorfoseado su faz para hacerse más atractiva a quienes por conveniencia o ingenuidad se le acercan. Obviar tal verdad pudiera ser lo que induce a Miller a asegurar que "La mayoría del pueblo norteamericano desea mirar de una manera diferente a Cuba" o a considerar que a la influencia de Miami en la política de su país "no hay que darle demasiada importancia", según declaraciones que hiciera a la prensa cubana. Miller se auto titula luchador contra la intolerancia y presentar a "Las Brujas de Salem", como una prueba de su voluntad en tal sentido. Según reconoce, en esta obra quiso ir más allá de la denuncia contra semejante mal y reflejar "cómo los peores momentos de su país son aquellos en los que predomina una ideología impuesta de manera oficial" haciendo alusión a la "religiosidad deformada del Siglo XVII y al MacArtismo de años más recientes. Pero, o el Miller luchador contra la intolerancia perdió ya las armas del 53 o lo pasaron por un detector de metales cuando le estamparon la visa cubana en su pasaporte. Porque de no ser así, su presencia entre la intelectualidad acarrearía riesgos que sería preferible no afrontar.

Que nos perdone el escritor si fue una alusión irónica a nuestra realidad cuando refiere que "los peores momentos de su país se corresponden con la imposición de una ideología", o si sus declaraciones han sido fragmentadas o sacadas de contexto pero, de no ser así, está en el pueblo y no ve las casas. Porque nuestro país ha sido, por más de cuatro décadas, la versión multiplicada del Salem que él recreara, cuyas brujas hoy están enterradas o en la cárcel o discriminadas por ahí o en el exilio, por la simple "hechicería" de discrepar con una ideología impuesta. A manera de ejemplo inconmensurable de intolerancia que el afamado dramaturgo no parece disgustado en tolerar.

Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.


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