Desde Dentro de Cuba.

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02 de Marzo del 2000

HETAIRAS CUBANAS: Por Ebenezer Ramírez, Cuba Free Press.

La Habana.- Todo el proceso de degradación de la humanidad, el no sentir amor por el prójimo, el ambicionar lo que otros tienen, el poder, el sexo desmedido, el dinero, las luchas de clases, no son más que el exponente de lo que el pecado ha hecho en la humanidad. El pecado que nos ha separado de Dios como lo muestran los pasajes de Isaías 59, 1-15, Romanos 3, 9-20, Romanos 5, 12-21 y 7, 14-25. Tardará mucho o poco, no lo sé, sólo Dios sabe el tiempo y la sazón de cada cosa, pero llegará el momento dichoso para aquellos que encontraron el camino de la Verdad y fatal para los que pensando en alcanzar la meta humana, no lo lograrán por no haberse despojado de todo para vivir como El vivió. Todo cogerá su verdadero nivel y las cosas serán como en el principio Dios las creó.

La mujer volverá a ocupar su lugar y ser lo que Dios quiso para ella. Compañera y ayuda del hombre. En los tiempos bíblicos existió un grupo de mujeres consagradas a la diosa de la fertilidad Asarte, venerada por los cananeos y toda la costa marina de Ras shamra (Ugarit) hacia el sur por Fenicia y Filistea, cuyos ritos obscenos provocaron en mucha ocasiones la caída del pueblo de Israel. ¿Quiénes eran estas mujeres? Prostitutas consagradas a esta diosa. La mujer consagrada a una deidad, que no le importaba perder su autoestima, su entrega era total, frenética, en el paroxismo de la lujuria, del deseo de la pasión, era el culto sagrado a la fertilidad, la orgía, algo que Dios condenó desde el principio de la humanidad al darle vida a la pareja.

¿Qué sucede hoy? Mujeres en plena madurez, conscientes de lo que están haciendo, se consagran por entero al culto, a la orgía, al desenfreno que provoca el dios de pacotilla, el dinero. ¿Por qué lo hacen si en Cuba hay escuelas, trabajo para todas, seguro social, atención a sus necesidades? Poco y malo, pero hay. Para encontrar las causas por las que se llega a la prostitución hay que bucear en las estructuras de esta sociedad que margina y excluye. Son muchas las rupturas por las que pasa una persona antes de decidirse por este ejercicio para vivir. Familias desestructuradas, ausentismo escolar, carga familiar, abandono, inducción y sobre todo, una sociedad sin pizca de espiritualidad. Hay que conocer de cerca a este tipo de persona para comenzar a entender qué motivaciones la mantienen ahí. Hay que recordar que la auto estima, el aprecio por uno mismo, se rompe muy fácilmente cuando se viven las consignas, cuando se piensa con el pensamiento dado, cuando no se valora lo que la persona es y por 41 años ha pasado a significar, una esclava más que no tiene la oportunidad de expresar sentimientos, emociones, desacuerdos, ni soñar sus propios retos, sentir sus propios miedos, sufrir sus propios dolores. Esta colectividad de vida en que los dolores, los miedos y las emociones son comunes y se gritan en la plaza en lugar de la intimidad, acaba por destruir a la persona. La llevan a la promiscuidad y de ahí a la prostitución. Mata la iniciativa, degrada y humilla. Hace posible que la venta del propio cuerpo, se vea normal, deseable, hasta agradable para algunas. O con asco se someta al ritual que la denigra en vez de enaltecerla. La ausencia de autonomía, la incapacidad para conseguir una independencia que refuerce el proceso de crecimiento personal, junto a un etcétera de tensiones, explotación y violencia que la rodean, la carencia de lo imprescindible, el poder vivir una vida más plena, la llevan a visitar ese mundo terrible de la entrega inútil, donde las enfermedades, el sida y su irreversibilidad, las deforman y exterminan.

La mujer cubana o la Hetaira cubana que honra con su cuerpo al príncipe de este mundo, que rinde culto al Altarte de estos tiempos, escogió este triste camino empujada por la necesidad, por la escasez, por el hambre, por la incomprensión. Por la soledad de la masividad, por la soledad de la familia dividida, por el dolor de saberse nada frente al sistema. Cansada de consignas inútiles y retos absurdos.

Así andan las cosas por Cuba, una tragedia constante, profunda, con visos de locura y realidad, una maraña inmensa de entretejidos surcos en la que es muy fácil quedar atrapada. Les toca a ustedes, amigos, valorar el por qué de las Hetairas cubanas.

Ebenezer Ramírez, Cuba Free Press.


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