Desde Dentro de Cuba.

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25 de Febrero del 2000

MARGINADO, TOMO LA DECISION CORRECTA. Por Rafael Contreras Bueno, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Me sorprendió ver a Rosendo en aquella esquina de la calle principal del pueblo. Al principio no lo conocí. Después me di cuenta que era él con su gesto característico al despedirse. Del Rosendo que conocí al que vi en esa esquina es como la existente entre un rascacielos y la casa de un can. Los años le han caído como de golpe. Vende cigarros al menudeo a la gente que pasa por la acera. Se veía en su deteriorada ropa, la ausencia de mucho tiempo del jabón y el agua. Rosendo el constructor era ahora un pordiosero deambulante por el parque central del poblado, retando al hambre con uñas y dientes.

Me le acerqué despacio. No me conoció. Entonces me percaté de que también está casi ciego. "!Rosendo el constructor! ¿qué te ha pasado viejo? Buscó con su mirada de vidrio la voz. Me identifiqué. Y las lágrimas le asomaron al rostro. Rosendo me había visto nacer. Aquellos fueron buenos tiempos. El era maestro de obra. La mano y el estilo de Rosendo están en las principales edificaciones de la provincia desde mucho antes del 1ro. de Enero. Hasta hace unos años estuvo en un contingente, iba escapando. Pero la mala suerte le puso la zancadilla.

"Se me enfermó la vieja. No me dieron el permiso para cuidarla. Dijeron que la licencia en Cuba sólo se le da a las mujeres. ¿Qué querían los cabrones, que yo no estuviera con mi vieja a la hora de írseme para siempre chico? Les dije que yo me quedaba con mi vieja a lo que fuera". Después que murió su esposa, Rosendo fue al contingente a solicitar que lo repusieran en su lugar. Ya le habían dado de baja. Nadie tuvo en cuenta que Rosendo llevaba más de la mitad de sus 74 años en la construcción, ni que sacándolo de su trabajo lo matarían poco a poco, nadie pensó que Rosendo estaba a punto de recibir su merecida jubilación. Lo botaron a la calle y punto.

Rosendo sobrevive ahora con los cigarros que vende al menudeo. Vive solo, no tuvieron hijos. Veo a Rosendo y me parece que está pidiendo a gritos a su difunta esposa que venga a buscarlo. -"Donde quiera que ella esté, debe estar mejor que yo aquí abajo. Mi vieja no puede fallarme, ella vendrá a buscarme. Ya verás."

Me despedí de él. Antes le compré los cigarros que le quedaban. El abandonó la esquina con una pregunta de duda..."¿Desde cuándo fumas m´hijito?, tú nunca fumaste". Entonces le sonreí "Hace un tiempito que fumo, mi viejo". Se despidió de mí como el que sabe que no vuelve, consciente a lo mejor de que no nos veríamos más. Mentí antes y sentí algo de pena. Lo engañé, pero comprar los cigarros sin mentirles hubiera ofendido su orgullo. Rosendo nunca soportó que le tuvieran lástima. Siempre se ganó el sustento con el trabajo y no con la misericordia. Yo no fumo y creo que no lo haré nunca. Cuando vi que iba lejos, sonreí casi con una lágrima y dejé caer los cigarros al borde de una alcantarilla. "Caramba Rosendo, te han dado un golpe bajo", pensé. !A lo mejor más de uno de los que te mandó a la calle vivan ahora en techos levantados por tus laboriosas manos de constructor!

Rafael Contreras, Cuba Free Press.


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