Desde Dentro de Cuba.

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18 de Febrero del 2000

EL POR QUÉ DE UN !HASTA CUÁNDO! Por Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- "!Hasta cuándo!" es la interrogante más repetida por la gente hoy, en expresión de cansancio por un problema que la propaganda ha llevado de noticia a letanía. Por supuesto que nos estamos refiriendo al litigio en torno al niño Elián González. Las autoridades al parecer han dado la inviolable orientación de que todos los días a partir de las 5 de la tarde se celebre algún evento sobre el tema y que el mismo sea transmitido por todas las emisoras de radio y por ambos canales de televisión. Como si tal cosa no fuera mucho los noticieros y la prensa escrita luego, reiteran lo ocurrido y el canal 6 retransmite a partir de las 9.30 de la noche cada una de las interminables intervenciones.

Consecuencia de esto es que parte de la programación infantil ofrecida por el canal 6 y algunos programas que los adultos prefieren ver en horas de la noche, estén en receso indefinido. Pero aún peor es el estado de ánimo que genera en la gente la reiteración extrema de un mensaje populista manipulado durante métodos ya muy trillados, como es el de empleo de niños en cuyas palabras ponen textos y conclusiones dictadas por adultos, bien impropios de la expresión infantil y hasta necesarios de una mayor reflexión de parte de los mayores a la hora de ser expuestos.

El reforzamiento de la propaganda política por todos los medios de difusión ya se había originado antes aprovechando la titulada "Demanda del pueblo cubano al gobierno de Estados Unidos", la cual dio lugar más tarde al tema que ahora nos ocupa y que debe tener otro asunto ocasional o traído por la solapa para dar garantía a que el actual tenga sucesor y así proseguir con la insoportable majadería.

El problema en sí no es ajeno a la sensibilidad del cubano y desde el primer momento se siguió con interés sincero el caso del niño balsero. Pero, la manipulación del asunto a ambos lados del canal y el marcado interés por la parte de acá en sacarle el máximo jugo político mediante el manido recurso de convertir el asunto en un problema de pueblo, de revolución, de patriotismo, cuando sobre todo es una cuestión de familia, ha originado que cada vez la gente se sitúe más al margen y cada cual se encierre otra vez en el círculo estrecho de la durísima realidad nacional. Tienen demasiados problemas los cubanos para concentrarse en uno que cada vez se aleja más de su verdadera esencia.

Alguien me decía un poco en broma que tiene más lógica "desatar una acción armada contra Miami" o efectuar una "operación comando" para traer al muchacho, que esto, pues en realidad no somos nosotros los culpables del problema y de hecho se nos est a castigando como si lo fuéramos. Por consiguiente cada vez son menos los adeptos a la idea de que debe devolverse al niño y quienes no miran a una posición opuesta, simplemente se dejan llevar al grupo de los que les da lo mismo una cosa que la otra. Molestos con el rumbo indebido de la manipulación y la tergiversación que han tomado los acontecimientos. Mucha gente ya no manifiesta el deseo de que retornen al muchacho porque se cumpla el derecho del padre si no para librarse de la interminable letanía, aunque algunos, más suspicaces, suelen ripostar con el fundamento de que "si lo "liberan", sí nos vamos a chupar los dedos" (o sea, entonces sí vamos a saber lo que son "cajitas de dulce guayaba").

Mientras tanto, parece que los familiares de Miami van ganando terreno. Según la estrategia de prolongar cualquier decisión definitiva luego de haber sometido el caso a la morosidad de la ley norteamericana que será capaz de conclusiones más atrevidas en la medida que el clima real a favor de la devolución continúe el proceso de enfriamiento por el cual transcurre.

Una buena parte de los que reconocen el derecho que asiste al padre de Elián a la tutela de su hijo, no pueden obviar el error que ha cometido este señor al prestarse al juego de intereses políticos, ajenos a los sentimientos de familia, a la hora de diseñar (?) su estrategia para recuperar a su hijo, en vez de haberse dirigido desde el primer momento a la oficina de intereses para exigir una visa y ponerle el pecho al asunto en el mismo Miami a donde su ex esposa deseó y logró llevar a su hijo. (La madre dio la vida en el intento). Al menos así si al niño no lo hubiera recuperado aún, estaría junto a él viéndolo todos los días y de esa manera le sería mucho más difícil a los parientes de allá conseguir la tutela que pretenden, por no decir, imposible. A criterio de algunos el gobierno lo convenció por las buenas para que asumiera la postura actual y así convertir en cero la posibilidad de que se quede en el extranjero. Según la estrategia de este lado, constituiría un golpe demoledor para las autoridades políticas de la Isla. Pero está bien claro que si el señor González hubiera decidido ir y no regresar lo hubiera hecho con todo el derecho del mundo y la pataleta resultante sería la evidencia más clara de la "tajada política" que se pretende sacar del asunto.

Para quienes se adelantan al decir que por acá no lo hubiesen dejado ir cabría explicar la difícil posición en que se colocaría este gobierno si entonces el padre tomara la decisión de formar un escándalo por prohibírsele un derecho que le asiste. (si la prensa extranjera, la Sección de Intereses y los gobiernos extranjeros estuvieran presentes cuando tomara la decisión González, de lo contrario, estaría en las mismas circunstancias de los millares de padres separados de sus hijos por el gobierno cubano y por nadie más). Es poco convincente la expresión del señor González de que "El no tiene nada que ir a buscar allá o que mediante una jugada lo pudiesen encarcelar". Sí tiene algo muy importante que ir a buscar y es su hijo y si fuese real la posibilidad de encarcelamiento el sacrificio del que debe ser capaz y disponerse un padre por si hijo, justifica cualquier peligro.

De todas esas cosas cada vez nos damos más cuenta por acá y nos preguntamos: ¿Entonces cómo intentar resolver un problema con marchas y más marchas y discursos y más discursos, cuando la línea oficial nos presume instrumentos de un fin que sitúa como medio el pugilato por el retorno del niño, cosa que de lograrse sería únicamente, a la larga, por carambola? Viendo las cosas así es bien explicable el "!Hasta cuándo!" que a diario escuchamos.

Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.


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