Desde Dentro de Cuba.

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14 de Febrero del 2000

SAN VALENTIN Y LOS AHOGADOS: Por Rafael Contreras Bueno, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- No pudo besarla. Como un frío incontenible le impedía el roce de sus labios. Pero, los dos sabían que no era frío. Cada 14 de Febrero iban a ese Parque. Pasaban horas sentados. Miraban siempre a la acera de en frente. Allí estaba el viejo teatro donde se conocieron. Ahora parecía un barco triste y a punto de hundirse. Habían llegado dos años atrás las Brigadas de constructores para demolerlo. Que otra vez lo harían nuevo. Ya no sería jamás el mismo. Le habían derrumbado algunas paredes, los jóvenes amantes sabían que con ellas se habían ido sus sueños. Sintieron que de pronto las flores y las hojas esparcían sus recuerdos. Estaban ante otro día terrible. El amor de los dos, era una especie de pacto. Pero ese nombre da pena. A cada sitio donde desearan entrar esa noche de San Valentín les estaba vedado. Ahora estaban reservados para gentes de otras tierras y con otro dinero. Día 14 de Febrero. Fue día de amor cuando apenas eran unos adolescentes, unos niños que se hacían el amor. Los tiempos duros les mataron poco a poco los besos. Quizás él la seguía amando. Tal vez, ella lo seguía queriendo. Un pacto es mucho más que eso. Es lo que está dispuesto a cumplirse al precio de la vida misma. Pero ya no les quedaba vida. Una criatura con el amor truncado no es vivo. Las carreras impuestas les hacían sentirse cadáveres andantes. Era 14 de Febrero, lo sabían. También estaban conscientes los que por allí pasaban. Todo mundo con su figura de fantasma mutilado, todo mundo como un preso gigante. La tierra que los vio nacer había roto todas las flechas. Cada esquina se preñaba con la sombra de un policía, un espía, un delator o un traicionero soñando con ascensos. Febrero llevaba una herida en el costado. Nada podían hacer para salvarlo. Entonces acordaron que saldrían esa madrugada. El mar se sentía suave y cerca. Pudieron saborear la sal, sonrieron como antes, ante la perspectiva. EL reloj no les haría traición. El paso de las horas es irreversible, Puede servir para salvar o para dar muerte, pero es algo absolutamente necesario. La madrugada llegaría cargada de olas y peligros.

Ella lo miró y con los ojos le dio un beso. El entonces sí, pudo besarla. Toda la corriente del miedo le entró por la espalda. Se dio cuenta que esos labios que ahora besaban estarían fríos en unas horas si no llegaban. Sintió ganas de llorar, para a salvar los 14 de Febrero que quedaban era necesario hacerlo. Salir en la embarcación insegura, dejar la tierra de los padres, los amigos, las risas de la infancia. Ella también tenía el llanto regado por los ojos. A Febrero le quedaban nada más unas horas para terminar el 14. La besaba mucho, constantemente la besaba. Como para decirle al mar que era de él y de nadie más, que no se atreviera a tocarla.

A la mañana siguiente, a unas cuantas millas de la arena y del parque en el que habían estado, llegó despacio un guardacostas. Los hombres del servicio de inmigración sacaron dos cuerpos del agua. Hermosamente abrazados. La sal no había podido desatar el beso. Habían muerto felices. Quizás sintiendo algo de lástima por los que se quedaron en la Isla distante. Los conformes que preferían seguir siendo náufragos en tierra.

Rafael Contreras Bueno, Cuba Free Press.


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