Desde Dentro de Cuba.

Distribuido por Cuba Free Press, Inc. - http://www.cubafreepress.org

11 de Febrero del 2000

VIAJE AL CENTRO DEL ALBERGUE. Por Armando Añel, Cuba Free Press.

La Habana.- Si usted visita La Habana y, picado de curiosidad, le pide al taxista de turno que lo conduzca a una "comunidad de tránsito", puede ocurrir que el hombre, distraído o despistado, lo deje frente a alguna unidad motorizada de la PNR, especializada en controlar y/o dirigir el tráfico vial. Craso error. En esencia, la burocracia cubana ha dado en llamar "comunidad de tránsito" nada más y nada menos que a los albergues, supongo que par diferenciarlos de aquellos "Albergues INIT" donde los capitalinos solían (y todavía suelen) evacuar sus urgencias carnales. Pero bien, por tratarse de usted y para que no pierda su precioso tiempo a bordo de ciertos vehículos, yo mismo haré de conductor. Definitivamente, nunca está de mas conducir a un turista, sobre todo si ha rentado uno de esos autos nipones cuya principal función en este mundo parece ser la de deslumbrar a nuestras "escurridizas" nativas.

Un giro y ya llegamos. Ante nosotros se alza la estancia de amplio portal, altas columnas y frontispicio desconchado, cuya ubicación en el mismo centro del Vedado (tradicional barrio de clase alta) no la exime de albergar a los pobres de esta tierra, de un tiempo a esta parte, numerosísimos. La puerta principal da acceso a un comedor que nos conduce a través de nueve habitaciones, piezas de aproximadamente 4 metros de largo x 3 de ancho, en las que se hacina una familia cada vez. Algunos de estos cubículos han sido "ampliados" por medio de una especie de piso superior de madera, más conocido en Cuba como barbacoa que enrarece la ventilación y acogota el entendimiento. En las noches los inquilinos de la "planta baja" acostumbran a evadir la arenilla que desprende el constante taconeo de los de arriba. Saben que en caso de derrumbe, lo primero que baje es "el polvito".

Habitar un albergue es como conducir una máquina del tiempo, sólo que con la marcha atrás perennemente presionada. Como es de imaginar, en tales sitios el cuarto de baño es de uso colectivo (acatando aquello de proletarios de todos los núcleos uníos), de manera que a la larga, y como soñara el viejo Marx, las diferencias sociales, que no las fisiológicas, pasan a un segundo plano o se esfuman por completo: En el baño de una "comunidad de Tránsito" de cada cual es la capacidad (de ensuciar) cada cual pasa muchísimo trabajo. Más allá nos aguarda la cocina, también de uso comunitario. La cocina es el Broadway de las cucarachas pequeñas y la super autopista de las grandes. La cocina es el santuario de los déficits presupuestales y la catedral de la disidencia interna (de boca para adentro). En la cocina, alrededor de un destartalado radio receptor ruso, usted lo mismo puede hallar a cuatro cepillándose los dientes que a ocho practicando el deporte nacional por excelencia: El dominó. Así pasamos al patio, el paraíso de las tendederas. De las tendederas suelen desaparecer, a manos de individuos biológicamente desaprensivos, las toallitas de Magdalena la manicura, los calzoncillos de Totico el albañil, los sostenes de Esperanza la Gorda, etc. Pero no obviemos que el patio es el paraíso de muchas cosas. Lo es de las aguas albañales, albergadas sobre un tragante que nunca traga nada, jacuzzi simbiótica de las ratas más asquerosas y mosquitos más lascivos de la barriada. La puerta que desde el patio da a la calle, cede ya bajo el peso de los años, de manera que los albergados han debido amarrarle las hojas con una soga. Se dice que las autoridades enviarán constructores con el objetivo de llevar a cabo una reparación ejemplar. Nunca es tarde cuando la dicha es buena.

Son las 8 de la noche. A toda voz una inquilina le solicita a su vecino papel periódico para uso higiénico. Son las 9; los televisores (y los moradores) del albergue transmiten en cadena, porque es hora de ver la telenovela brasileña. Son las 10. Vilma, la alcohólica, arremete contra su marido y sale al pasillo semi desnuda, blandiendo una botella semi vacía. Son las 11. La "comunidad de tránsito" traquetea incontrolable, a través de paredes de cartón tabla, de pisos de madera, de mil y un intersticio, el albergue hace el amor a toda máquina. Es entonces que usted recuerda que también visitó La Habana para encontrarse con aquella morena a la que sólo conoce por fotos y alguna que otra carta, y siente (mas bien sospecha) que le está subiendo la presión arterial. Es entonces que yo mismo abandono esta crónica, a usted y hasta a Julio Verne, porque por lo visto la chillona de "los altos", no tiene para cuando acabar, y así no hay Dios que pueda concentrarse.

Armando Añel, Cuba Free Press.


CUBA FREE PRESS, INC.
P.O. Box 652035
Miami, FL 33265-2035
Phone: (305)270 8779 -- Fax: (305)595 1883

E-mail: mailbox@cubafreepress.org
Home: http://www.cubafreepress.org
Copyright © 1999 - Cuba Free Press, Inc.