Desde Dentro de Cuba.

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11 de Febrero del 2000

CON CIFRAS, NO SE LLENAN ESTOMAGOS. Por Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.

Pinar del Río.- Algunos aspectos del balance anual para el año 1999 del Ministerio de la Agricultura (Minagri), fueron dados a conocer por el diario Granma el sábado 5 de febrero bajo el título "Cumplir con el Pueblo, un reto permanente de la Agricultura".

Entre otros logros, la información da a conocer el incremento de rendimientos en 16 de los l8 productos más importantes, así como en la producción de huevos, carne de cerdo y miel de abeja. En el caso particular de la producción de viandas y hortalizas, hubo ruptura de los records históricos de producción perteneciendo a las Granjas estatales (UBPC) y a las CTA el 61% de todo lo conseguido.

Más adelante señala también el informe que las ventas en el mercado agropecuario sobrepasaron los 1,700 millones de pesos correspondiendo el 56% de la gestión mercantil al Estado. Por otra parte los precios disminuyeron en un 32% en comparación con el año 98, a criterio de la información del Minagri.

Acerca de la nueva modalidad de "Placitas" que establece precios intermedios entre los de las cuotas racionadas y los del mercado agropecuario indicó el diario que existen 2,300 de su tipo en todo el país. Sobre el acopio de leche a los campesinos, la cifra ascendió a 102 millones de litros. También advirtió que la UBPC no rentables, serán desintegradas.

Como aspecto en su contra, el informe del Minagri reconoce nada más el incumplimiento en los planes de producción de leche, carne y arroz y la existencia aún del descontrol sobre la masa ganadera. Más adelante el artículo cita palabras del vice presidente del comité ejecutivo del Consejo de Ministros, señor Carlos Lage cuando dice que: "Los récords de producción de que se habla pueden ser contradictorios cuando subsisten las necesidades". Y aunque luego plantea el vice presidente que tales récords son indiscutibles, y justifica las contradicciones aparentes con la disminución de las importaciones a que ha sido sometida la economía, no parece que el reflejo de estas estadísticas, se corresponda con la realidad de la nación en que estamos viviendo. El año 99 fue calificado por la opinión popular como uno de los peores del "período especial", considerando algunos que fue más drástico que el 94 con relación a la escasez de alimentos. Aunque habla el informe con sinceridad sobre la disminución en la producción de carne, leche y arroz, sin citar cifras al respecto ni referir consecuencias por tales incumplimientos, debe considerarse con más seriedad este aspecto. El problema es que los incrementos, de ser ciertos, en la producción de viandas y hortalizas no podrán suplir jamás la ausencia de estos alimentos indispensables para la dieta humana que además pertenecen a la cultura alimenticia del cubano. Creo que no es necesario explicar a nadie la necesidad de la carne y la leche para el normal desarrollo de la persona y en particular de los niños. En estos momentos pueden dárselas de privilegiados, quienes consumen una u otra con regularidad.

Por otra parte, el arroz viene a ser el alimento que por excelencia más mitiga el hambre puesto que su volumen se multiplica al cocinarse y acepta con facilidad otro producto cualquiera para hacerle compañía en el plato. En ausencia de otra cosa el cubano se ha acostumbrado a resolver el problema con arroz y frijoles y cuando el primero falta la crisis en el hogar es inmensa.

El artículo del Granma no establece una clara diferencia entre los volúmenes que produjo el sector privado y los que aportaron las formas socialistas de producción, -para darle el mismo nombre con que designa la retórica oficial a las UBPC, la CTA y las Granjas Estatales. Tampoco se refiere a las diferencias de rendimientos por uno y otro sector. En cuanto al 56% del volumen de ventas en los mercados libres por parte de las referidas formas socialistas, se manifiesta una significativa contradicción entre la estadística y las experiencias de quienes concurrimos con frecuencia a estos lugares, ya que la presencia del campesino independiente es abrumadora, mientras que quienes se adjudican el 56% de participación, apenas se dejan ver en estos lugares.

Acerca de la disminución de un 32% de los precios que plantea el informe en estos mercados, también nos ronda la duda. La experiencia demuestra una variación de los precios según el ciclo temporal de producción durante el año y la variación entre uno y otro año, desde este punto de vista, da una tendencia al sostenimiento de los precios y en no pocos casos, al incremento. Así ocurre con ofertas tan importantes como el arroz, los frijoles y la carne de cerdo.

Sobre las Placitas de nuevo tipo concebidas para ofertar productos más baratos que los del mercado libre y de esta manera actuar como inhibidor de los precios, puede decirse que bien poco han cumplido esta función. En la práctica se demuestra que aquí los precios son casi iguales y que el desabasto de las mismas es crónico. A la larga, en esta Placitas el mecanismo de los precios se establece de la misma manera que en el mercado libre, o sea, según la ley de la oferta y la demanda. Y en la práctica como son estos mercados los que ofrecen una oferta mayor y mucho más variada, son ellos los que determinan los precios.

En resumen, el informe queda mutilado al no hacer una seria comparación entre las eficiencias y los volúmenes de producción aportados por el agricultor privado y por los agrupados en las formas socialistas de producción. De hacerse esto con toda sinceridad, quedaría reflejado con claridad la esencia del problema crónico que tienen los cubanos con la alimentación, mientras que las forma de producción socialista tienen en su haber las mejores tierras, tractores y equipos mecánicos de todo tipo, sistemas de riego y productos químicos para las cosechas, el campesino particular se encuentra arrinconado y carente de todas las facilidades mencionadas. No obstante, dígase lo que se diga, es el que más aporta al plato semi vacío del ciudadano cubano.

También obvia el trabajo publicado en Granma, la parte de la producción alimenticia destinada al sector turístico. En un artículo anterior de la misma publicación, se citaban palabras del Ministro de la Agricultura, Alfredo Jordán, quien planteaba la cifra de 200 millones de dólares en ventas al turismo al cambio actual. Esto significa 400 millones de pesos cubanos, o sea, más del doble de las ventas que hiciera, en todo el 99, el mercado libre campesino que es en estos momentos, el que lleva el mayor peso en la dieta exigua del cubano.

De lo anterior se deduce que el turismo se está tragando la tajada mayor en lo que se produce en nuestros campos y como es lógico, también de lo que se importa. Para suministrarle a este sector se ha creado personas jurídicas que se encargan de acopiar, a precios privilegiados, los productos de mayor calidad producidos por el estado y los particulares. De esta manera los agricultores se sienten más estimulados al vender a estas entidades , lo que trae como consecuencia no solamente que fluyan menos productos y de peor calidad a la población, si no que además, los precios permanezcan elevados.

Si bien se comprenden las ventajas económicas que genera el turismo, jamás su desarrollo debe concebirse en detrimento tan riguroso de la alimentación de la gente. Cada día se habla de crecimientos disparados en el número de visitantes a la Isla, mientras que el ritmo de incremento de la producción agropecuaria es sumamente lento. Si se añade a esto la reticencia estatal a importar alimentos, es fácil deducir que cada vez los turistas comerán más y mejor mientras que el pueblo comerá menos y peor.

Desde hace mucho tiempo nuestro hambreado pueblo ha conformado una actitud pesimista hacia las informaciones que reflejan éxitos en la producción de alimentos. Miles de horas de radio y televisión y kilómetros cuadrados de papel periódico han sido destinados a celebrar los avances científicos, los logros y la superioridad de las formas de propiedad socialista en el sector agropecuario durante más de 40 años. Pero la eterna perdurabilidad de la libreta de racionamiento y la escasez crónica de alimentos, ha sido una muestra de toda la presunción y banalidad que han matizado estas informaciones.

La cuestión es bien sencilla y está demostrada: Mientras el estado tenga sus manos metidas en la producción de alimentos a través de sus ineficientes estructuras de producción y distribución, no se saldrá de la crisis. El campesino privado, a pesar de las innumerables restricciones que tiene impuestas, ha demostrado con su eficiencia que es el único con posibilidades reales de atenuar y hacer desaparecer la crisis con los alimentos. Los demás factores que han monopolizado tal aspiración, deben estar bien claros de que, con la euforia de las cifras, no se llenan estómagos.

Orestes Martín Pérez, Cuba Free Press.


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